Jean de La Taille, Saul le furieux

Saúl el furioso





Texto utilizado para esta edición digital:
La Taille, Jean de. Saúl el furioso [Saul le furieux]. Traducido por Silvia Hueso Fibla para la Biblioteca Digital EMOTHE. Valencia: EMOTHE - Universitat de València, 2025.
Codificación del texto digital para EMOTHE:
  • Hueso Fibla, Silvia

Nota a esta edición digital

Esta publicación es parte del proyecto I+D+i «EMOTHE: Second Phase of Early Modern Spanish and European Theatre: heritage and databases (ASODAT Third Phase)», referencia PID2022-136431NB-C65, financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER Una manera de hacer Europa.


ARGUMENTO

TOMADO DEL PRIMER LIBRO DE LOS REYES

El profeta Samuel mandó un día a Saúl —rey al que Dios había elegido antaño a la demanda del pueblo de Israel— que asolase por entero una ciudad llamada Amalec; que destruyese no sólo las gentes, mas todo cuanto allí respiraba, a causa de una antigua ofensa que la divina Majestad quiso entonces castigar. Mas Saúl, no cumpliendo del todo el mandamiento, y habiendo, por descuido o por algún motivo humano, reservado lo más hermoso del ganado —con intención, según él decía, de ofrecerlo en sacrificio al mismo Dios— y además habiendo dejado con vida, por cierta consideración, a Agag, rey de los amalecitas, cayó desde aquel momento en la desgracia del Altísimo; comenzó su decadencia, a perder poco a poco el seso, él, que había gozado desde el principio de tantos triunfos, bienes y honores. De suerte que al cabo Dios alzó contra él a un poderoso enemigo, Aquis, rey de los filisteos, y acaecieron entonces a Saúl hechos lastimosos, que se comprenderán fácilmente en el transcurso de esta tragedia.


PERSONAJES

PERSONAJES

Saúl, Rey
Jonatán, hijo de Saúl
Abinadab, hijo de Saúl
Melquisúa, hijo de Saúl
El primer escudero, de Saúl
El segundo escudero, de Saúl
La pitonisa, nigromante
El espíritu de Samuel
Un soldado amalecita
Un hombre de armas
David
Coro de sacerdotes levitas, Asamblea de sacerdotes levitas

Acto primero

Saúl, furioso, Jonatán, Abinadab y Melquisúa

SAÚL.
1
¡Ay, Señor! ¡qué visión! ¿Qué veo, mis soldados?
2
¿Qué eclipse repentino entenebrece el cielo?
3
¿Qué noche ya se cierne con lumbres flameantes
4
que arden hacia el mar descendiendo en reflejos?
5
Oh sol, no has completado tu jornada ordinaria:
6
¿por qué, en pleno día tu claridad se extingue?

JONATÁN.
7
Seño, ¿qué pensamiento os turba la cabeza?
8
¿Es acaso el humor de aquel frenesí
9
que a veces os tormenta y ciega vuestra vista?

SAÚL.
10
Ea, mientras reluce la luna en el espacio,
11
carguemos contra nuestros enemigos, a saco,
12
¡hagamos con sus cuerpos una carnicería,
13
que el valle sea inundado con torrentes de sangre!
14
¿No los veo en el aire, volando en derredor?
15
Vamos tras ellos ya, que con mi cimitarra
16
los haré desplomarse quebrados por la tierra.
17
Mas ¿no diviso tres que me miran con saña?
18
¡Venid, que con mi lanza, pues me están acechando,
19
los traspasaré vivos!

JONATÁN.
Mas, ¿qué queréis decir?
20
¿Queréis, en vuestra furia, matar a vuestros hijos,
21
y a vuestro Jonatán? Mirad al insensato,
22
de súbito, a su tienda, lanzándose corriendo,
23
y me habría ultrajado en su furor insano
24
como si ya no fuera el rey Saúl, mi padre.

(Entran Abinadab y Melquisúa)

ABINADAB
25
¡Qué rabia inoportuna le invade en esta hora,
26
cuando la guerra en torno nos asalta sin tregua!
27
¡Oh, si tuviese aquí nuestro David su cítara
28
que ahuyentaba el delirio con sus acordes santos!

MELQUISÚA.
29
Mas David no está aquí, y dicen que ha partido
30
a servir como jefe en el campo enemigo.

JONATÁN.
31
No, no: todo el ejército al fin le ha rechazado,
32
juzgando su confianza y su fe sospechosas.
33
Y marcha ahora a su villa de Siceleg arrasada,
34
por mano amalecita, y si busca venganza
35
no tardará en venir.

ABINADAB
Mas, ¿no escucháis, hermanos,
36
el lamento que tiembla en el eco de los valles,
37
el relincho tremendo que alzan tantos caballos?
38
¿No oís el clamor, el ruido y la borrasca
39
del campo filisteo que contra nos se apresta?
40
¿Hemos de estar dormidos viendo relucir cerca
41
el ejército de Aquis, nuestro fiero enemigo?

MELQUISÚA
42
Ay, ¿qué haremos entonces, si el rey no da gobierno
43
ni atiende al bien común?

JONATÁN
Lo tomamos nosotros,
44
dejando que mi padre divague en su locura,
45
y hablemos ahora de lo que hay que hablar.
46
Pensemos en nosotros, seamos diligentes
47
Pensando en la manera de iniciar la defensa,
48
siendo como el pastor que vigila sus hatos,
49
recorriendo los prados y oteando en las cumbres
50
si del monte desciende el lobo criminal,
51
o si del bosque surge presto para la presa.
52
Si tardamos, la afrenta quedará en nuestros rostros:
53
la ciudad saqueada, deshecha nuestra honra,
54
las mujeres cautivas, los hijos hechos huérfanos
55
ante los propios ojos, presa de filisteos.

ABINADAB.
56
¿Mas quién osará luchar si marchan tan numerosos
57
y nos aventajan con tropas incontables?

JONATÁN.
58
¿No es Dios quien puede, soplando en un instante,
59
deshacer mil escuadras como si nada fuesen?
60
¿Querría consentir que su arca venerable
61
fuese a honrar de Dagón el templo abominable?
62
Iremos a la lid con ayuda de Dios,
63
más firme que la lanza, espada y jabalina.
64
Aunque fueran cien más, si el Señor nos defiende,
65
¿qué resistencia pueden sus contrarios alzar?
66
¿No somos veteranos en capturar naciones?
67
¿No son testigos de ello filisteos y moabitas,
68
y Naas el cruel, y la ciudad de Jabés
69
salvada por nosotros, y Amalec destruido
70
por el enojo fuerte de Dios omnipotente?
71
¿Y los reyes de Soba, y la estirpe idumea,
72
no alabaron con palmas nuestra armada triunfante?
73
Si ya domamos pueblos, ¿qué ha de espantarnos ora?
74
¿No está de nuestra parte la justicia en la lucha?
75
¿Acaso no es razonable defender nuestras vidas?
76
Además, que la tierra donde está el enemigo
77
ya nos fue prometida junto con estos bienes.
78
¿No ocupan los rebeldes nuestra heredad bendita,
79
los campos que destilan la leche y la miel?

ABINADAB.
80
Mas vos sabéis, hermano, cuán incierto es el sino
81
que en toda lid reparte la azarosa fortuna.

JONATÁN.
82
¿Habremos de ceder a infieles obstinados
83
vencidos tantas veces como han sido rebeldes?
84
¿No vimos sus cadáveres infestar los caminos
85
hasta los muros de Ascalón y más allá,
86
cuando David tumbó en el prado verdeante
87
al arrogante tronco del gigante insolente?
88
¿Escapó alguno de sus filas hambrientas
89
cuando en ayuno ardiente les seguimos sin tregua?
90
¿Hemos de palidecer al ver su ejército ahora,
91
si sólo enriquece de gloria nuestra causa?
92
¿No abatió un solo Sansón a mil filisteos
93
armado con la quijada de un asno en sus manos?
94
¿Permitiremos, pues, que en nosotros se marchite
95
la gloria conquistada desde hace tanto tiempo?

MELQUISÚA.
96
¿Y queréis, oh Jonatán, sin prudencia alguna,
97
arriesgar nuestro resto y lanzarnos a la suerte?

JONATÁN.
98
La necesidad urge, y si es forzoso morir,
99
no es mejor morir ahora valientemente
100
que envejecer cobardes consumidos de tedio,
101
enemigos de toda virtud, de vigor y ardor.
102
Que otros alaben la vejez y su consejo;
103
no hay más gloria que el fuego que da la juventud,
104
el oro de la barba antes que cana plata,
105
aunque se prueben riesgos y azares numerosos,
106
se consagra así un nombre a la gloria futura.
107
Corramos a la lucha antes de que el destino
108
nos condene a unas camas de dolencia senil.
109
Gastemos la presente vida mortal y rápida,
110
seguida por la eterna que nos dará reposo.
111
Antes me mataría que arrastrar lento cuerpo
112
apoyado en tres pies por corroídos años,
113
odioso a los hombres, molesto, desabrido,
114
muerto en vida, sin honra ni duelo recibido,
115
y al fin despeñado en los Infiernos oscuros
116
cual rescoldo extinguido y sin brillo de gloria.
117
Para no envejecer, juventud ofrezcamos
118
Y dulce primavera, a la inmortalidad,
119
Con la espada y la lanza, recibiendo mil golpes
120
A la cara, mejor que uno solo a traición.
121
¡Vayamos a morir para el vivir eterno:
122
mejor mil muertes nobles que huir en deshonra!
123
¡Antes morder el campo bañado en nuestra sangre,
124
Que recular un paso nuestra primera línea!

MELQUISÚA.
125
Sí, hermanos, marchemos: que una victoria noble
126
perpetúe la fama de nuestro honrado nombre,
127
o recibamos muerte gloriosa como premio,
128
cuyo lauro celeste no borrarán mil años.
129
Y aun si nuestra sangre se esparce por la tierra,
130
vendrá el pueblo doliente a llorar nuestras frentes,
131
y sobre nuestros cuerpos verterá flores santas.
132
Vamos ya, que es sagrado ceñir la lanza al hombro
133
por la salud gloriosa de la patria nativa.
134
¡Tengamos este día la victoria o la muerte!

JONATÁN.
135
¿No estamos unidos de común acuerdo?

ABINADAB.
136
¿Qué aguardamos, hermanos? ¿Querríamos acaso
137
que el fiero rey Aquis viniera a sorprendernos?
138
Antes con un asalto mostremos al soberbio
139
que en vano se abalanza contra sus vencedores.

MELQUISÚA.
140
Recorramos el campamento sin demora,
141
vayamos fila a fila y con buenas palabras
142
Que mantengan el orden, para que los soldados
143
Y todas nuestras gentes se apresten al combate,
144
dividamos en partes la armada poderosa,
145
y a lances de batalla probemos la fortuna.

ABINADAB.
146
Yo tomaré los primeros rangos de la contienda.
147
Mas siento que mis pies se aferran a la tierra.

JONATÁN.
148
Y mi ardor ya me arrastra, quisiera yo lanzarme,
149
mas, el pie se me traba y casi me derrumba.

MELQUISÚA.
150
¿No veo en lo alto un rayo de siniestra centella?

JONATÁN.
151
No dejemos de ir: acaso un mal presagio
152
Podría debilitar nuestra alma embravecida?
153
Ea, marchemos todos. ¡Y vos, sagrado Coro,
154
rogad ahora a Dios que Israel sea vencedor!

CORO DE SACERDOTES LEVITAS
155
Ya que por todos oramos,
156
exentos, libres estamos
157
De seguiros a la guerra
158
nosotros, padres levitas.
159
Id pues, príncipes dichosos,
160
salid valientes y heroicos,
161
y por vuestro brazo marcial
162
alejad a los filisteos
163
fuera de nuestras fronteras.
164
Mostrad el ejemplo al ejército,
165
tocad primero las alarmas,
166
pues desde la cuna os llaman
167
valor, sangre y corazón
168
a salvar al pueblo israelita.
169
Mostrad que vuestro nacimiento
170
Corresponde al del gran Rey
171
Que sujetó con su ley
172
El primero, a Judea.
173
Tú, Jonatán sin igual,
174
el más gentil, dulce y bello,
175
Que verá el Sol en el mundo,
176
en quien Dios derrama bienes
177
que reserva a sus escogidos:
178
tú serás, noble príncipe,
179
valiente en la batalla,
180
Nuestro escudo y echarás
181
con tu dura cimitarra,
182
al impío de esta tierra.
183
Como otra vez triunfaste
184
cubriendo el llano de sangre,
185
y de cuerpos enemigos.
186
¡Qué bienaventuranza
187
si viésemos repetida
188
victoria semejante!
189
¿No volverás algún día
190
sobre carro reluciente,
191
coronado en las ciudades,
192
siendo Israel enriquecido
193
con los despojos del rebelde?
194
Todos esperan besarte
195
la diestra poderosa,
196
que habrá destrozado multitudes
197
de pueblos incircuncisos.
198
Y entonces un nuevo salmo
199
Dará las gracias a Dios
200
por tu palma gloriosa.
201
¡Oh, que pronto pudieras,
202
llevando en noble frente
203
la corona de tu padre,
204
regir al pueblo fiel!
205
Mas, sea lo que deba ser,
206
oh Dios, y hágase tu voluntad.


Acto segundo

El Primer Escudero de Saúl
207
solo.
¡Oh Dios mío! ¡Qué furor y qué gran frenesí
208
se han cebado hace poco en el ánimo del Rey!
209
¡Qué lástima tan grave ver a un rey allí dentro,
210
sangriento y furioso, rugiendo fuera de sí,
211
masacrando a su paso a todo hombre viviente!
212
A unos descuartiza, a otros los abate,
213
y hay muchos que escapan del horror de su brazo.
214
Mas yo le dejé allí, recubierto de sangre,
215
caído en su pabellón, rendido al fin del ímpetu,
216
donde el cansancio puso a su furor reposo.
217
Y duerme a pierna suelta: yo escucho su ronquido,
218
y aun en los sueños siento rugir su locura.
219
Ora levanta el brazo, ora los pies sacude,
220
ora suspira en medio de su sueño, iracundo.
221
No hay sosiego en su mente presa del torbellino:
222
gira sobre un costado, cayendo al otro presto,
223
mientras sueño amargo digiere su veneno.
224
Mas como el mar bravío al que azotan los vientos
225
en fuerte tempestad, aunque cese la ráfaga,
226
Sus aguas no aparecen calmadas prontamente;
227
así está su espíritu, trastornado y revuelto,
228
no alcanza a sosegarse ni apagarse en la calma.
229
Pues estando tendido, yaciendo como bestia
230
Se levanta de golpe, moviendo la cabeza
231
Miradlo levantado, mirad cómo fulgura
232
la rabia que aún arde en sus ojos furiosos.

Saúl y el Escudero.

SAÚL.
233
Emerge ya la aurora, tiñe el cielo de púrpura.
234
Ea, traed mi arco, que quiero dispararlo
235
contra monstruos cornudos que desnudos combaten
236
en las mismas alturas de esas nubes errantes.

EL ESCUDERO.
237
¡Qué delirios confusos dominan su cerebro!

SAÚL.
238
Quiero subir al cielo. ¡Presto, uncid mis caballos!
239
Haré como los Gigantes: amontonando montes,
240
derribaré corriendo a ángeles y demonios,
241
y seré rey del cielo, ya que he puesto en fuga
242
a mis grandes contrarios, simiente exterminada.

EL ESCUDERO.
243
¿A qué señala, ay Dios? ¿Qué locura le prende?
244
Le veo tembloroso, abatido y sin dueño.
245
¡Qué rostro inflamado! ¡Señor, apiádate,
246
y que con su descanso se vaya su locura!

SAÚL
247
(volviendo en sí).
¿Qué monte es este, dí? ¿Contemplo yo la aurora
248
o acaso ya declina el curso del gran sol?
249
¿Eres tú mi escudero? ¿Es la tropa levítica?
250
¿Qué hice yo para que todos de mí huyeran?
251
¿Quién ha tiznado mi cuerpo con tanta atención?
252
¿Y estos pabellones? ¿En qué tierra me encuentro?
253
Dímelo pronto tú, mi fiel escudero.

EL ESCUDERO.
254
¿Ya no guardáis memoria, mi señor soberano,
255
que se llama Gelboé el monte en que acampasteis
256
para salir al paso de Aquis y su hueste,
257
erigida tan cerca con fuerzas filisteas
258
para abatir de todo a nuestro pueblo armado?
259
Y ya vuestros tres hijos y numerosas tropas
260
os adelantan ahora para abrir la batalla.
261
Es menester pensar si se acude al combate
262
o si espera Israel ruina y muerte segura.
263
Recobrad vuestra fuerza y vuestro seso entero,
264
para no caer presa de los incircuncisos.
265
Mas os quedáis callado, ahora palidecéis…

SAÚL.
266
¡Ah! Siento dentro de mí, en lo más profundo,
267
remontar el recuerdo de mis flamantes males
268
Que aviva la tristeza en que me veo abocado.
269
Los pensamientos queman la entraña de mi pecho,
270
me hunden en un océano de dolor insondable.
271
Sólo en mi sueño, arrastrado en furor delirante,
272
lograba un breve engaño que velaba mi pena.
273
Pero ahora ¿qué haré, si Dios me desampara,
274
me expulsa y me destierra de su gracia primera?
275
¿Siempre habrá tempestades moviendo mar bravía?
276
¿Siempre reinará el frío? ¿Siempre lloverá el aire?
277
¿No todo tiene fin? ¿Y tú, ira divina,
278
jamás cesarás de pesar sobre mí sin medida?
279
Aborrecido soy de los hombres y de ti,
280
padezco mil cuidados y nadie de mí cuida.
281
Mas dime tú la causa, razón de tanto odio,
282
¿por qué me dejas solo en tormento tan grande?
283
¡Ay Dios! ¿Qué he cometido, qué crimen merecí
284
para que eternamente tu enojo me persiga?

EL ESCUDERO.
285
¿No recordáis ya, oh Sire, que el gran Dios soberano
286
mandó por su profeta que asolaseis Amalec,
287
que os cerró los caminos a la vuelta de Egipto,
288
y que os ordenó arrasarlo sin dejar alma viva?
289
Mas cuando destruisteis su ciudad destinada,
290
conservasteis el ganado más hermoso y lozano,
291
cuando Dios por Samuel os había prevenido
292
que nada se guardase, que todo sucumbiera.
293
Perdonasteis la vida del miserable Agag,
294
antes que ensuciar con sangre vuestras manos.

SAÚL.
295
¡Oh, insondable queda tu providencia augusta!
296
Por ser humano sufro el encono divino,
297
y si cruel me mostrase, quizá fuere benigno.
298
¡Desdichado de mí! ¿Ha de ser vencedor
299
quien use su rigor, olvide la piedad,
300
Degüelle a tantas gentes y no sea consciente
301
De que fortuna tal común les será a todos?
302
¿No vale mucho más salvar el propio honor
303
que ostentar solo fuerza en crudeza sangrienta?

EL ESCUDERO.
304
Guardad vuestras palabras, no os despeñéis, oh Rey,
305
blasfemando del alto destino del Señor.
306
No provoquéis su cólera con imprudencia vana,
307
reconoced humilde su justicia divina.
308
¿Es que no os acordáis del campo en que nacisteis,
309
simple hijo de Cis, un campesino pobre,
310
linaje de Benjamín, el menor de Israel,
311
la estirpe más postrera y abatida del pueblo?
312
Pensad pues en el tiempo en el que un rebaño
313
Se perdió por los campos y en que él os mandó
314
partir hasta encontrarlo. Pensad cuánto errasteis
315
por montes y por bosques, sin poder encontrar
316
al rebaño perdido y al final ocurrió
317
la aventura fatal que os llevó a alcanzar
318
la dignidad real: puesto que el gran Samuel,
319
profeta de alta fama y caudillo de Israel,
320
a quien ordenó el cielo espiarte en las sendas
321
para daros noticia de las bestias perdidas,
322
os ungió rey primero sobre la grey hebrea,
323
el primero y más grande que ella jamás tuviera.
324
Pensad en las victorias que el Altísimo os diera
325
en todos los lugares do llevasteis la guerra.
326
Pensad primeramente que desde el primer año
327
Entró en vuestro país un terrible tirano,
328
Éste fue el cruel Naas, rey de los amonitas,
329
Que saqueaba con soberbia las villas israelitas.
330
Era tan fiero y cruel que el ojo diestro vaciaba
331
A todo aquel hebreo que ante él se presentara.
332
Sin el diestro no podían servir más para la guerra.
333
Pensad que vino a asediar la ciudad de Jabés-Galaad
334
Y que amenazó a sus gentes con rendirse siervas
335
Y perder un ojo o esperar saqueo y muerte dolorosa.
336
Y así atemorizados os pidieron socorro
337
Y siete días de tregua gracias a vos tuvieron.
338
Y fuisteis vos, Saúl, quien, por Dios inspirado,
339
levantó una armada y libertó la plaza,
340
Del asedio, saqueo y de la gran crueldad.
341
Sorprendisteis a Naas, arrasando sus huestes,
342
ganando vuestro nombre gloria por estas tierras.
343
Pensad entonces cómo los mismos filisteos
344
Contra vos armaron una extrema potencia
345
Cuyo número iguala las arenas del mar,
346
Y que con gran malicia, nos dejaron sin armas
347
Y hasta sin armadores, para que no pudiéramos
348
Ofrecer resistencia, sin espadas ni lanzas.
349
Pensad que aquella vez, con sola compañía
350
De un campo desarmado y un pueblo asustado,
351
fue Jonatán vuestro hijo, con solo su coraje,
352
quien logró liberaros de aquel peligro enorme.
353
Con un solo escudero, enfrentó al enemigo,
354
Mató a veinte enemigos que dormían indefensos,
355
y del pánico huyeron y cayeron en matanza,
356
pues les perseguisteis, aumentando el desorden
357
Y con sus propias armas, carroña les hicisteis.
358
Mas, en vez de premiar el valor de Jonatán
359
Casi le disteis muerte por probar de esa miel,
360
Que un vuestro edicto ordena, tomar sólo en la noche.
361
En fin, pensad también en las demás victorias
362
que Dios os permitió y que son muy notorias.
363
Dad gracias al Señor por tan grandes honores,
364
y no lo injuriéis por tan poquita cosa,
365
pues Él con su bondad os concedió la gracias
366
de cetros que otros logran con guerras y con fuego.

SAÚL.
367
Bien sé que nadie apela contra el alto dictamen
368
del tribunal eterno, irrevocable al hombre.
369
Mas hoy la Palestina se levanta encendida
370
para cumplir sentencia de mi total ruina.
371
Pues saciaré su enojo y dispuesto me hallo
372
a morir ahora mismo, pues mi muerte le place.

EL ESCUDERO.
373
No os desesperéis, mas, con fe y esperanza,
374
soportad vuestros males aguardando su gracia.
375
Pensad cómo es injusto el odio que sentís
376
contra el joven David, por haber dado muerte
377
al profeta Ajimelec y a todo su linaje,
378
solo porque David se refugió en su casa.
379
Y también sentís pena, por el afecto fiel
380
De David y Jonatán.

SAÚL.
¿No debería mi hijo
381
odiar al que sospecho que habrá de arrebatarle
382
un día la corona, con toda la razón?

EL ESCUDERO.
383
No encubramos los yerros que habéis cometido,
384
rogad que Dios por bondad, los pecados perdone
385
invocadle contrito, pues cuando el hombre ruega
386
halla el Señor benigno, mas, si se le provoca
387
Siendo presuntuoso para justificarse,
388
sólo aguza la pena y castigo venidero.

SAÚL.
389
¡Ah, no me hables más! Locura sería esperar
390
que el Señor me defienda, que se digne a ayudar
391
Viendo que hoy me aborrece; pues si aún me estimara
392
como antes lo hacía, me habría revelado
393
el camino a seguir: pero ni por los sabios
394
mensajes de los ángeles, ni por los avisos
395
de sueños o visiones que la noche me muestra,
396
respuesta no me ha dado, ni tampoco consejo.
397
¡oh Samuel, oh Samuel verdadero profeta,
398
ya no estás en vida, cuánto anhelo tu voz,
399
pues bien tú me dirías lo que ahora debo hacer!
400
Pero tú, Señor, responde desde el cielo:
401
¿Debo ir contra Aquís? ¿Tomar las armas ya?
402
¿Lo venceré o no? ¿Debo rendirme ahora?
403
Por favor, que tu voz me diga qué hacer.
404
Mas, como tu silencio no muestra una respuesta,
405
sólo puedo esperar la victoria segura
406
de tantos enemigos, y mi propia vergüenza.
407
Me pierdo en el temor de verles poderosos
408
y no poder evitar el mal de cien mil muertes.
409
¡Ay!, desde que tomé esta real corona,
410
cuarenta vueltas dio el sol sobre mi pena,
411
¿y debo desde ahora hundirme en los cuidados
412
de una horrorosa guerra, en la edad en que más
413
la paz mi alma espera?

EL ESCUDERO.
Dejad esas palabras,
414
Que abatirán el ánimo del ejército nuestro.

SAÚL.
415
Confuso estoy de horror, de terror y de dudas,
416
ningún consejo firme arraiga en mi cabeza.
417
Por eso quiero indagar con afán diligente
418
el desenlace oculto de esta guerra fatal,
419
para intentar salvarnos, o por acuerdo honrado,
420
o por muerte violenta, o por un gran esfuerzo.

EL ESCUDERO
421
¿Queréis entonces saber los que os depara el futuro?
422
Mas gran yerro es saber lo que os trae el porvenir.

SAÚL
423
Sabiéndolo, se puede obrar con seso firme.

EL ESCUDERO.
424
¿Pensáis mudar destino sólo por conocerlo?

SAÚL.
425
El sabio huye a tiempo del golpe que se anuncia.

EL ESCUDERO.
426
Nadie huye jamás del dictamen del cielo.

SAÚL.
427
Más hiere la desgracia al ser desconocida.

EL ESCUDERO.
428
Más abrasa el tormento previsto de antemano.

SAÚL.
429
En fin, sabré mi suerte con arte nigromante.

EL ESCUDERO.
430
Mas Dios lo ha prohibido: ¿no recordáis acaso
431
que mandasteis dar muerte a todos esos brujos?

SAÚL.
432
Ayer ya despaché un fiel escudero
433
a buscar quedaba alguno en un villorrio.
434
Mas helo aquí que vuelve trayendo su mensaje.

(Entra el Segundo Escudero)

EL SEGUNDO ESCUDERO.
435
Señor, me han advertido de que hay cerca de aquí
436
una dama hechicera en la villa de Endor,
437
que sabe transformar su forma en mil figuras,
438
y hacer bajar los olmos más altos de los montes,
439
detiene los planetas en su giro celeste,
440
hace vagar las almas por fuera de sus tumbas,
441
sabe extraer la espuma de la brillante luna,
442
sabe trocar la luz del sol brillante en sombra
443
E incluso su luz nubla murmurando sus versos.
444
En suma, si lo quiere, hace temblar al mundo.

SAÚL.
445
Iremos los tres juntos a buscar su morada,
446
necesario es cumplir esta empresa funesta;
447
Pues he de conocer por su arte la verdad,
448
Con disfraz ocultemos mi real semblante.

El Coro de Levitas.
449
¡Oh Dios, que nos libraste
450
del yugo de Egipto,
451
que antaño en desiertos
452
nos serviste de guía
453
ahogando al tirano
454
y a su armada en el agua.
455
De los incircuncisos
456
Libra ahora a tu gente:
457
Han alzado sus tiendas
458
Para darnos cruel muerte
459
Y será gran vergüenza
460
Si su fuerza nos vence.
461
Dirán por todas partes
462
Que tu fuerza es pequeña
463
si no puedes rescatar
464
a tu pueblo israelita.
465
y de dicha victoria
466
presumirán altivos.
467
Pero nuestro castigo
468
Posterga a otros tiempos,
469
Pues grande es la miseria
470
A que estamos sujetos
471
Con un príncipe loco
472
Que nos gobierna mal.
473
¡Israel está cansado
474
De tus viejas demandas
475
Pues eres insensato
476
Buscando en las tinieblas
477
De las mágicas artes!
478
¡Maldito el inventor
479
De la primera magia,
480
maldito sea el hombre
481
que primero abrió
482
los cerrojos secretos
483
que el Señor tenía ocultos!
484
Tan nociva es la ciencia
485
para el hombre curioso,
486
como el fruto maldito
487
del manzano prohibido.
488
¡Guárdate, Rey funesto,
489
de consumar tal crimen!
490
¡Malditos nigromantes
491
y malditas las brujas
492
que despiertan las sombras
493
de tumbas silenciosas,
494
violando el campo santo
495
para sus malos fines!
496
¡Que su curiosidad
497
Sea por siempre maldita,
498
Pues imita contra haciendo
499
La dignidad del profeta,
500
Engañando almas cándidas
501
Con sus locas vanidades!
502
Ya adivinen por el aire,
503
por fuego, tierra o por humo,
504
por el agua cristalina,
505
por el reflejo del vidrio,
506
por las líneas de las manos,
507
o mil otras fantasías.
508
Tales los encantadores
509
Que a todo Egipto cautivan,
510
los vanos imitadores
511
De lo que Moisés hacía.
512
Blasfemando con sus artes
513
Imitaban sus milagros.
514
Tales, a los que Saúl
515
Mandó al fin decapitar,
516
Y que ninguno escapó
517
Sin ver su testa tronchada.
518
Mas el mismo, ¡oh gran locura!
519
En la magia cree ahora.


Acto tercero

520Un soldado amalecita y los levitas.

EL SOLDADO.
520
¿En qué peligro atroz, rayano a la muerte
521
me vi en el día de hoy? ¿Quién lo hubiera creído?

LOS LEVITAS.
522
¿De dónde huye este hombre? ¿Y por qué tal espanto?
523
¿Por qué mira sin cesar tras de sí, desvelado?

EL SOLDADO
524
¿Estoy aquí seguro de los filos de acero,
525
cuyo furor apenas he logrado esquivar?
526
Oh, David, dichoso hoy al sorprender a quienes
527
lograron sorprenderte.

LOS LEVITAS
Hemos de hablar con él.
528
Dinos, ¿quién eres tú y de dónde vienes?
529
¿Surge alguna alarma en nuestras propias filas?

EL SOLDADO.
530
Yo soy amalecita, y no vengo ahora mismo
531
del campamento hebreo, que aún no sufre ruina;
532
vengo, ay, de un lugar que ya no es campamento,
533
sino despojo que hizo David sobre Amalec.

LOS LEVITAS.
534
¿Cómo? ¿No está David con el ejército contrario,
535
donde lo hicieron jefe?

EL SOLDADO
Por fin lo apartaron.
536
Cierto es que, por la ira de Saúl y su rencor,
537
sirvió entre los de Aquís, sumido en el temor
538
- así suelen hacer los caídos en desgracia -
539
pero los cabecillas no quisieron buscar
540
ayuda en el que otrora fuera su enemigo;
541
aunque lo recibieron y aunque Aquís le dio
542
el pueblo de Siceleg, que está en aquellas tierras,
543
no se podían fiar de personaje tal,
544
pues sólo serviría al rey en detrimento
545
de sus propios jefes. Sabiéndolo allí,
546
los hombres de Amalec saqueamos Siceleg,
547
y casi hecho cenizas lo halló cuando volvió.
548
Mas no sé cómo pudo entonces sorprendernos,
549
pues cuando con ganado, con mujeres y niños
550
marchábamos gloriosos hacia nuestra región,
551
David y sus soldados nos sorprenden de lejos,
552
en medio de la cena, los unos embriagados,
553
otros extenuados, en sueños los demás…
554
deshizo nuestras filas, haciéndonos pedazos.
555
Recuperó el botín; apenas cuatrocientos
556
huyeron como yo sobre bestias cansadas.

LOS LEVITAS
557
Merecido tenéis lo que habéis contado.

EL SOLDADO
558
Así es como logré escapar del degüello.

LOS LEVITAS
559
¿A dónde quieres ir, soldado, en esta hora?

EL SOLDADO
560
A buscar con vosotros fortuna más propicia.

LOS LEVITAS
561
Marcha, pues, en buen hora, las armadas se aprestan
562
para entrar en combate y están aquí cerca.
563
Y llega con el rey, vestido extrañamente,
564
la dama Pitonisa. ¡Empresa condenada!

LA PITONISA, SAÚL, PRIMER Y SEGUNDO ESCUDERO

LA PITONISA
565
Quienquiera que tú seas, señor, que, como dices,
566
vienes a buscar mi arte desde tierras extrañas,
567
¿qué mal te habré hecho para que así le tiendas
568
Esta trampa a mi vida y todo por sorpresa?
569
¿Vienes acaso a saber los castigos crueles
570
que infringió el rey Saúl a nuestros nigromantes?

SAÚL
571
Nada temáis, señora: yo ahora testifico
572
por el Dios de allá arriba y la celeste bóveda,
573
que guardaré el secreto de tal manera que el rey
574
nunca por mí se entere y nunca te haga daño,
575
Mas te conceda honores y todo el bien posible.

LA PITONISA
576
No pido otro pago que el silencio absoluto.
577
¿De qué modo deseas utilizar mi ciencia?

SAÚL
578
Sabes de mi infortunio, sabes de mi dolor,
579
y si ahora deseas prestarme tu auxilio:
580
haz venir hasta aquí, por conjuros y versos,
581
el alma de Samuel desde el profundo Abismo,
582
para que en esta urgencia y grave situación
583
me otorgue consejo sobre lo que he de hacer.

LA PITONISA
584
No es la primera vez que mi arte prodigioso
585
ha despertado a alguien del sueño de la muerte,
586
y aunque el sol veinte vueltas haya girado ya
587
desde que ese profeta se cuenta entre los muertos,
588
yo no dejaré hoy de obligar a su espíritu
589
a venir hasta aquí, pese a su voluntad;
590
gracias a mis demonios, esclavos de mis versos,
591
que siempre obedecen a todo lo que mando.
592
Habiendo terminado con las invocaciones
593
iré a retirarme para hacer los conjuros.
594
¡Oh, demonios sabios, dispersos so la luna!
595
¡Si alguna vez recibí de vosotros favor,
596
si siempre os he honrado como os corresponde,
597
si nunca os encerré en círculo ninguno,
598
venid a obedecer el mando de mi voz;
599
y vosotros que estáis en mi anillo sagrado
600
como almas esclavas, si aprendí de vosotros
601
todo cuanto quise, venid aquí a servirme;
602
y vosotros, diablos, que al primer hombre hicisteis
603
gustar fatal manzana, para perjudicarle;
604
gloria de los infiernos, Satán y Belcebú,
605
que al hombre obligáis a cometer abusos;
606
y tú, Leviatán, Belial, Belfegor,
607
a todos os invoco!; y a vosotros, ángeles,
608
a quienes la soberbia lanzó con Lucifer
609
desde el alto Olimpo hasta el profundo infierno;
610
si os he consagrado mi alma desde la cuna,
611
si solo de vosotros depende mi destino,
612
venid y haced prodigio: haced volver aquí
613
el alma de aquel que nunca os hizo caso;
614
mostrad vuestro poder al humano linaje,
615
mostrad que nuestra magia no es una cosa vana,
616
trayéndolo a la fuerza, aun contra su Dios
617
también contra los ángeles, hasta este lugar;
618
mostrad cómo podéis retorcer la natura,
619
y si cada elemento cede a vuestro murmullo,
620
mostrad cómo podéis ensangrentar los cielos,
621
encantar a los astros, a Febo y a la luna.
622
Venid pues a ayudarme; y que la grande luz
623
no ilumine jamás la última jornada,
624
en la cual aquí bajo no viva nadie más,
625
Dios condene a los malos, salve a los elegidos;
626
y no nazca jamás el mesías prometido
627
con que se os amenaza en tantas profecías.
628
Espíritu de Samuel, ¿qué haces ahí abajo?
629
¿No haces caso a mi arte, mis versos, a mi enojo?
630
¿Me desprecias acaso? ¿No sientes mi poder?
631
Mas si nuestro furor intentas encender,
632
juro por el Gran Dios que no osaré nombrar,
633
que tú vendrás al fin, porque la prisa me urge.
634
¿Soy una encantadora loca, inútil y vana?
635
¿Acaso he olvidado saberes que tenía?
636
A todo el que te invoca con acento tesalio
637
siempre obedeces presto, ¿y ríes de mi poder?
638
Vosotros, mis demonios, tan tardos que me ofendo
639
y puedo castigaros, si encendiendo mi ira,
640
se inflama mi rabia; ayudadme, o si no...

LOS LEVITAS
641
¿Dónde va, sin el rey,
642
esa bruja maldita
643
que murmura entre dientes
644
versos furiosos sin fin,
645
y con cabello suelto
646
vaga tan confundida?

SAÚL
647
¡Ay, menudo espanto! Se me eriza el cabello
648
ante los alaridos que lanza Pitonisa,
649
que en secreto ejecuta sus oscuros conjuros.
650
¿Qué piensas, escudero? ¿Qué habremos de hacer?
651
Oyéndola aquí, siento un temor extraño
652
errando en mi pecho que ahora me presagia
653
no sé qué infortunio. ¡Ay, apartad de aquí
654
rayos y tempestades, que ya se está acercando…!

PRIMER ESCUDERO
655
Señor, ¿en qué pensáis? ¿Queréis continuar
656
lo que sabéis muy bien que desagrada a Dios?

LA PITONISA
657
Tú me has engañado, oh miserable rey,
658
que con falso disfraz ocultarte has logrado,
659
pero al fin he sabido todas tus artimañas.

SAÚL
660
Soy como dices, pero no temas mi presencia.
661
¿Dime qué has visto?

LA PITONISA
Un espíritu divino.
662
¡Oh, la gran majestad que reluce en su forma!

SAÚL
663
¿Cómo es?

LA PITONISA
Anciano, de porte venerable,
664
delgado, y vestido con sagrado ropaje.

SAÚL
665
Ve, haz venir a aquel al que has mencionadoe:
666
seguro que es Samuel, que me ha reconocido.
667
Estoy más agitado que el mar cuando lo azotan
668
los vientos, las tormentas, tempestad y granizo.
669
¡Pero qué terror siento, pensando que mis hijos
670
del combate que enfrentan no regresen triunfantes!

PRIMER ESCUDERO
671
¡Pobre de mí! ¿qué veo? ¡Señor, qué maravilla!
672
¿Qué fantasma es ése? ¿Es un sueño o vigilia?
673
¿Acaso no es Samuel, pálido y reluciente,
674
al que trae la bruja? ¡Oh, Qué espanto más grande!

LOS LEVITAS
675
¿Permitís esto, Dios, oh alto Cielo, oh Tierra?

LA PITONISA
676
Señor, sólo me queda preguntaros ahora
677
lo que quiere saber, pues voy a repetir
678
todos mis conjuros para forzarle a hablar.

LOS LEVITAS
679
Mírala cómo sigue murmurando al oído
680
de ese doliente espíritu que aún no despierta,
681
con sus vanas palabras; ¡oh, sol, y no ocultaste
682
tus poderosos rayos al ver todo este horror!
683
¡Cuánto le hacen sufrir! Pero el Señor celeste,
684
que tal arte contrario a su poder detesta,
685
no puede consentir.

LA PITONISA
Ven aquí de nuevo,
686
y sin hacer aquí señas de tu poder,
687
háblanos claramente sobre el Rey y su suerte,
688
y si sus tres hijos saldrán vencedores del combate
689
o si serán vencidos.

LOS LEVITAS
Ay, un frío temor
690
cierra tan fuerte el alma, la voz del rey
691
que ya no sabe cómo iniciar su demanda;
692
pero arrodillado inclina la cabeza
693
ante la majestad de ese anciano santo,
694
que, rompe el silencio en palabras forzadas
695
moviendo la cabeza.

EL ESPÍRITU DE SAMUEL
¡Oh, maldita hechicera!
696
¿Por qué me haces ver dos veces esta luz?
697
Oh, falsa hechicera, que con versos nefastos
698
atormentas sin fin a las almas difuntas;
699
que con negros conjuros secas siempre los vientres
700
De las vacas y bueyes de toda la región;
701
que asustas a las madres con tus encantamientos
702
Que pronostican siempre la muerte de sus hijos;
703
¿pretendes con tu magia amenazarme ahora?
704
Y tú, el rey más maldito, ¿cómo tienes la audacia
705
de inquietar el reposo dado a los espíritus,
706
tras haber recibido mi perdón hace tiempo?

SAÚL
707
Perdóname otra vez, profeta venerable,
708
si la necesidad y ruina miserable
709
me incitan a romper tu sempiterno sueño;
710
pues ora necesito de tu sabio consejo.
711
Cerca de aquí se agrupan hordas de filisteos
712
armados fieramente para aplastar mi testa;
713
los profetas y Dios, la tierra, el cielo, el aire
714
contra mí se conjuran; por eso te llamé.

SAMUEL
715
Si Dios, la tierra, el aire conspiran contra ti,
716
Pues ¿para qué me buscas? ¿Qué esperas alcanzar,
717
si con tu insistencia ya no puedes cambiar
718
los males que por mí te fueron revelados?
719
Aun así, quieres que yo, sumando ultraje a ultraje,
720
pronuncie todavía tu sentencia final.
721
Debes saber que Dios ha resuelto hace tiempo
722
entregar tus dominios a otro rey elegido;
723
es David, al cual tú, por tu malsana envidia,
724
muchas veces trataste de arrebatar la vida.
725
Pero esta vez tus hechos recaerán sobre ti,
726
pues tu reinado y vida juntos acabarán.
727
Pronto a ti y a tu gente os veré en el infierno
728
puesto que Aquís sin duda os va a mostrar la ruta.
729
Así, por tus locuras, tus hijos y sus gentes
730
serán arruinados, vencidos y deshechos.
731
Y después de tu muerte, tu estirpe toda entera
732
dará cuenta al Señor por tu vida sangrienta,
733
y tus hijos, sobrinos y toda tu familia
734
verán el día fatal, llenos de mil desgracias.
735
Por traición morirán unos de horrible muerte,
736
los demás morirán sobre cruz vergonzosa,
737
porque no obedeciste a la divina voz,
738
como así tú debías, ni ejerciste venganza
739
que yo te mandé contra el amalecita.

LOS LEVITAS
740
De Samuel el espíritu
741
tras sus ojos cerrar,
742
ha desaparecido
743
en el sueño perpetuo.

SAÚL
744
¡Oh, consuelo funesto que agrava mi dolor!
745
¡Qué desesperación! Sostenedme, yo, yo…

LOS LEVITAS
746
¡Ahora el Rey está
747
sumido en confusión,
748
y yace sin sentido
749
por cuanto ha escuchado!

LA PITONISA
750
Mi triste corazón hieres con gran dolor
751
¡oh, Rey más desdichado que la propia miseria!
752
Vuelve en ti, con valor, muéstrate a todo el mundo
753
no mujer, sino hombre; no hombre, sino rey.
754
El grito, el llanto ocioso y el vano lamento
755
no harán sino aumentan nuestra gran pesadumbre.

SAÚL
756
¡Oh, grandeza funesta, en qué abismo maldito
757
me lanzas desde ahora, oh, falso trono real!
758
Mas, ¿a quién ofendí cuando desde mi choza
759
me sacaste, oh Dios celoso de mi suerte,
760
cuando vivía feliz sin maldición alguna,
761
sin rencor ni envidia, sin odio, ni ambición?
762
¡Para hacerme caer desde mayor altura
763
de entrada tú me hiciste el joven favorito!
764
¡Vaya linda manera de ir a buscar a un hombre
765
para después hacerlos caer desde lo alto!
766
Me atrajiste con honras, me elevaste a la gloria,
767
me hiciste triunfante, me diste la victoria
768
me moldeaste a tu gusto y como tú quisiste
769
transformaste mi alma: tú mismo me escogiste.
770
Sobre el pueblo quisiste situarme tan alto
771
como los grandes pinos sobre todo un paisaje,
772
me ungiste como Rey, me alzaste ex profeso
773
para después hundirme en un mar de desgracias.
774
¿Quieres pues, inconstante destruir míseramente
775
al primer rey del mundo que tú mismo elegiste?

LA PITONISA
776
No pierdas la esperanza: tu dolor, qua a compasión
777
movería a una roca, a un tigre, a un león,
778
tal vez conmueva a Dios, que es muy piadoso.

SAÚL
779
¡Cuán funesta me fue, Señor, aquella hora
780
en que desde mi choza salí a por el ganado!
781
Allí empezó el mal que ahora lamento,
782
que me hace añorar aquella antigua suerte.
783
Mas ¿por qué fue trocado mi antiguo cayado
784
en un cetro engañoso, tan falso y tan traidor?

LA PITONISA
785
Señor, señor, olvida tu llanto al escucharme:
786
bien sabes que he sido tu humilde servidora,
787
a tus mandatos siempre me he mostrado obediente.
788
sabes que yo por ti puse en riesgo mi vida
789
y puse a tu servicio mi arte y mi labor.
790
Si en todo obedecí presta a tu palabra
791
no me niegues ahora una petición sola:
792
concédeme el favor de entrar en mi casa,
793
de reforzar tu cuerpo tomando algo de vino,
794
pues el sol ya te encuentra exhausto y en ayunas.

SAÚL
795
¿Comer para vivir, si Dios quiere que muera?
796
¡Yo le complaceré!

LA PITONISA
Desafía al destino
797
come para vivir, pues él quiere tu muerte.

SAÚL
798
Mas por el hambre al menos, acabarán por fin
799
mis terribles dolores y mis años sombríos.

LA PITONISA
800
Vosotros, servidores, intentad persuadirle
801
para hacer que en mi casa venga a alimentarse.

SAÚL
802
El que ama la muerte nada debe comer.
803
Mas, ¿a dónde me llevan contra mi voluntad?

LOS LEVITAS
804
¡Ay, Rey! ¿de qué te sirvió
805
Contra el designio de Dios,
806
Que perturbaras el sueño
807
De la muerte del profeta
808
Para escuchar su consejo?
809
El hambre, el largo ayuno
810
Y el pavor de tu muerte
811
Tanto te han debilitado
812
que te arrastran como muerto.
813
¡Qué dolor! ¡Ay, Qué tristeza!
814
Dios, que su lenta angustia,
815
su miseria y su pasión
816
nos muevan a compasión.
817
Nos conmueve cómo ahoga
818
tantos suspiros ardientes
819
que se guarda en su interior.
820
¡Dura es la sentencia cruel
821
pronunciada por Samuel!
822
Para él y para sus hijos
823
un triste fin está escrito.
824
¿Existe peor tormento
825
que conocer día y hora
826
de la muerte que acecha
827
sin poder huir de ella?
828
¿Qué hará ahora el Rey
829
en tal confusión y miedo?
830
¿Qué remedio encontraría
831
para burlar a la muerte?
832
Sea cual fuere su final,
833
de ejemplo debe servir:
834
no hay que practicar tal arte
835
por tal precio y tal peligro.
836
¿No sabía acaso que Dios,
837
por la boca de Moisés,
838
lo había al pueblo hebreo prohibido?
839
¡Ay, pobre Rey! ¿qué pensabas?
840
¿Ignorabas tú la suerte
841
de aquel que, en su camino,
842
fue con riesgo detenido
843
por celeste mensajero?
844
Mas como no mueres solo,
845
no hay por qué tanto llorar,
846
cuando hoy también tu pueblo
847
debe morir, desgraciado.
848
¿Oh, Dios mío, qué pecados,
849
qué crímenes cometimos
850
por los que sufrir ahora
851
un castigo tan terrible?
852
¿Debe ser tu pueblo amigo
853
víctima del enemigo
854
y su cuerpo devorado
855
por lobos y hambrientos perros?
856
¿Lo haces para probar
857
si estamos en días de invierno
858
tan alegres y contentos
859
como en días de primavera?
860
Si así es, no murmuramos,
861
mas sufrimos con paciencia
862
lo que venga de tu mano,
863
sea riguroso o suave.
864
El Rey es entonces causa
865
de esta cruel maldición,
866
y del desastre total
867
que ha caído sobre Israel.
868
¡Ay, Rey! ¿de qué te sirvió
869
Contra el designio de Dios,
870
Que perturbaras el sueño
871
De la muerte del profeta
872
Para escuchar su consejo?


Acto cuarto

Saúl, un hombre de armas huyendo de la batalla, el Primer y Segundo Escudero.

SAÚL
873
¿Tú me has dejado, Señor, tú me has olvidado,
874
y sellaste tu odio con diamantino sello?
875
Ya no me amas más, eliges otros reyes,
876
poniendo tu favor en manos enemigas.
877
Pues quiérelos, Señor, y favorécelos:
878
yo iré a acabar mi vida en medio del combate,
879
rematando con ella tus iras y mis males.
880
Mas ¿qué quiere ese hombre que viene jadeante?

EL HOMBRE DE ARMAS
881
Señor, todo el ejército sucumbió en la liza:
882
Israel fue deshecho por los filisteos,
883
yacen tus tres hijos tendidos y sin vida.

SAÚL
884
¡Oh hijos exterminados! ¡Qué nueva tan atroz!
885
¡En tan breves palabras hallo gran desventura!
886
¡Cierto es lo que anunció el severo Samuel!
887
¡Dios, si puedo decirlo, cuánto me eres cruel!
888
Mis hijos y mis gentes, todos están muertos.
889
Mas dime, por consuelo, narra cómo ha pasado.

EL HOMBRE DE ARMAS
890
Vos sabéis, Sire, bien, que el soberbio Aquís
891
asentó campamento junto al monte Gelboé,
892
y vuestros hijos junto al pueblo israelita,
893
quedaron acampados en llano de Jezrael.
894
En la escaramuza primera se encontraron,
895
Vuestros hijos con furia atacando al contrario
896
y pronto la refriega se tornó gran batalla:
897
sólo se oían gritos, relincho de caballos,
898
y el río cercano de sangre colorearse
899
el caer de los muertos y las voces de alarma
900
un caos de soldados caídos y de gentes de armas.
901
Cada cual se defiende a su modo y fortuna:
902
Uno gana, otro pierde, aquel sale triunfante.
903
La Fortuna un tiempo, su balanza iguala
904
mas luego, ¡ay, desventura! Por la ira fatal del cielo
905
que causa desventura, o por no ser nosotros
906
tantos como el contrario, se inclinó la balanza
907
E hicimos retirada poco a poco en el campo.
908
Mas pronto vuestros hijos con exhortos y ruegos
909
nos alzaron el ánimo, incitando al valor
910
para ocupar las líneas con el primer vigor;
911
y así, para animarnos a más fuerza y coraje
912
van partiendo la escuadra contraria valerosos
913
con su arrojado brazo. Mas al cabo la suerte
914
se inclinó contra ellos, cediendo al destino.
915
Que ya de vuestros hijos solo quedaba entonces
916
Jonatán, quien sintiendo numerosas heridas,
917
sin querer retirarse, sangrando generoso,
918
Sintiendo no el coraje sino la fuerza huir,
919
Rindió su alma al Cielo con sus gestas heroicas
920
Entre espadas desnudas, entre miles de lanzas.
921
En su mano aún tenía la espada reluciente,
922
con ceño levantado cayó muerto en el sitio,
923
que antes había sembrado de cuerpos enemigos.

SAÚL
924
¡Hijos de mis entrañas! ¡Oh, padre desdichado!
925
¿Tiene que recaer sobre todos vosotros
926
el peso del castigo de mis propios pecados?

EL HOMBRE DE ARMAS
927
Viendo que está muerto, nos lanzamos en fuga,
928
pues ¿quién podía resistir muchedumbres tan fieras?
929
Unos fueron cercados, otros hechos cautivos,
930
y pocos escaparon: los demás, destrozados.
931
Llegan los enemigos, me pisan tras los talones,
932
si llegan hasta vos, os darán muerte cierta.
933
Yo buscaré resguardo, salvando mi cabeza.

SAÚL
934
¿He de huir yo también? ¿Seré cobarde y vil?
935
¡No, venid, enemigos, dadme presto la muerte!
936
Que el hierro que mató a mis hijos inocentes
937
culmine de una vez mis días desgraciados.
938
¿Cómo, después de mis hijos, viviré criminal?
939
¿No debiera seguirlos más bien hasta el combate?
940
¿Para qué vivir más, detestado de Dios,
941
cercado de miserias, hundido en mil dolores?
942
¡Muramos y que cumpla Samuel su profecía,
943
que anunció mi caída dictada por el cielo!
944
¡Muera yo, muera presto! Y tú, fiel escudero,
945
que en penas y en ventura me has acompañado,
946
te ruego, por la lealtad que en ti reconocí,
947
cumple ahora conmigo el último servicio:
948
Mátame por piedad, libérame del yugo
949
que atormenta mi vida con mal insoportable.
950
He aquí mi blanco pecho, mi cuello o donde quieras:
951
estoy presto a sufrir el golpe de tu brazo.

EL PRIMER ESCUDERO
952
Mas, ¿qué pedís, Señor? ¡Qué dicha para Aquis,
953
al saber que mi mano, de forma tan cruel
954
Os habría quitado la vida que defiende
955
Y le impide triunfar sobre los israelitas!
956
Él sabe que jamás obtendrá la victoria
957
Sin vuestra propia muerte y también es consciente
958
De que vos bien podéis volver a darnos fuerzas.
959
Pero si vos morís, todo estará perdido,
960
Sin esperanza alguna, esclavos del filisteo.
961
¡Vivid, pues no por vos, mas, por el bien común!
962
Vos podéis otra vez reanudar las batallas;
963
mas, si el hilo se corta, no se puede anudar.
964
El sabio no desea su propia destrucción.
965
Que no sería bueno que fueran a mataros
966
Y que vuestro cadáver, al escarnio sujeto,
967
Sirviera de alimento a las bestias y canes,
968
Y que vuestros despojos encontrados aquí
969
Honrasen a Astarté, la diosa sanguinaria.

SAÚL
970
Mis hijos en mi nombre murieron en combate,
971
¿y no he yo de seguirlos pereciendo también?
972
¿He de buscar pomposa sepultura real
973
y dejar a mis hijos en poder de las fieras?
974
Quizá habrá quien se digne juntarnos en la tumba,
975
y si los enemigos les ultrajan en muerte,
976
yo seré compañero fiel de su ignominia.
977
¿No debo yo al menos sufrir su misma suerte?
978
Así pues, te suplico procedas a matarme.

EL PRIMER ESCUDERO
979
No conviene que caiga vuestra virtud primera
980
ni que el primer embate de Fortuna la quiebre.
981
Si no sois vencedor del enemigo en batalla,
982
con corazón valiente, sedlo de la Fortuna.

SAÚL
983
¡Oh, cuán feliz sería si no hubiera gustado
984
el amargo veneno de las glorias reales!
985
Si quedara en la casa paterna sin peligros
986
viviera sosegado entre callados campos.
987
Mas ya deshecho estoy, desprecio la grandeza;
988
devuelvo a tus manos esta corona infame,
989
con la que tú me honraste de forma miserable
990
Sin haberla pedido, Señor como bien sabes.
991
¡Dichosa y más dichosa es la humilde choza
992
que nunca está sujeta a los vientos y al rayo!

EL PRIMER ESCUDERO
993
Yo estimo más dichoso aquel hombre escogido,
994
que huye de la oscura y sorda multitud,
995
y que se ha liberado de la insensata turba,
996
para eterno renombre de virtud verdadera,
997
como vos, que huyendo de la oscura ignorancia,
998
haréis brillar un nombre los siglos venideros,
999
y ganaréis con hechos una gloria eterna,
1000
que nunca olvidará el siglo por venir.

SAÚL
1001
Yo que fui sin defecto, el cielo me alzó alto
1002
para después hundirme desde mayor altura.
1003
Y nadie hay en el mundo que pruebe más que yo
1004
cuán falsa es Fortuna con sus mudanzas súbitas.

EL PRIMER ESCUDERO
1005
Mas Dios, aunque castiga, no siempre es enemigo:
1006
también prueba a los buenos, sin dejar de quererlos.

SAÚL
1007
¿Querría Dios, por tanto, a los suyos dañar?

EL PRIMER ESCUDERO
1008
Solamente lo haría para sondar su alma:
1009
Así tentó a Abraham entregando a su hijo,
1010
así a nuestro ancestro, que feliz encontró
1011
A José con honores; mas, en la incertidumbre,
1012
mientras sobrevivían bajo la dura angustia,
1013
Ante la adversidad, más duros que la roca
1014
Contra el viento y los mares se mostraban al fin.
1015
No os dejéis abatir por golpes de fortuna
1016
Esperad, porque siempre llega la hora oportuna
1017
Controlando constante la inconstancia del hado
1018
Mostrad que realmente, vuestra alma es bien fuerte.
1019
Dios, quizás, si os viera con una fuerte constancia
1020
Os haría llegar al fin de los trabajos.
1021
¡Atrás, esperanza! Sólo una muerte pronta
1022
Podrá poner el término a mis profundas penas.

EL PRIMER ESCUDERO
1023
Pues si la sabéis cierta, huid la hora fatal.

SAÚL
1024
Cual un varón magnánimo la quiero enfrentar.

EL PRIMER ESCUDERO
1025
¿Por qué pues despreciáis aliento de esperanza?

SAÚL
1026
Porque ya no la puedo en mi alma hospedar.

EL PRIMER ESCUDERO
1027
Quizá otra vez Fortuna os sea más favorable.

SAÚL
1028
Desgraciado es quien funda su fe en la Fortuna.
1029
Te ruego, pues, de nuevo que agarres tu espada
1030
Y que hagas de mi cuerpo saltar esta cabeza.
1031
Así no te podrá atormentar este duelo
1032
Pues mejor soberano vendrá después de mi.
1033
Témome que los viles incircuncisos tengan
1034
con risa vergonzosa la gloria de matarme.

EL PRIMER ESCUDERO.
1035
Prefiero que el gran Dios me hienda la cabeza
1036
con su brillante rayo, antes que yo atreverme
1037
a tocar esta cabeza ungida, que Dios mismo estimó
1038
y que ni el enemigo osó jamás tocar.

SAÚL.
1039
¿Eres escrupuloso? ¿Qué temes si me niegas
1040
compasión verdadera con falsa compasión?
1041
Pues bien, como no quieres herirme con tus manos
1042
Usaré contra Aquís y contra mí las mías:
1043
levantaré a mi pueblo y le daré coraje
1044
lanzaré aún mi carga, contra el pueblo enemigo.
1045
No quiero, rebajando mi alta majestad,
1046
evitar el destino que ya está prefijado.
1047
Quiero valientemente morir por esta patria,
1048
quiero ganarme gloria vendiendo cara el alma.
1049
Que si mi acero abate multitud de enemigos,
1050
mis manos, no pies pies – si me hicieran cautivo-
1051
Cumplirán su deber.

EL PRIMER ESCUDERO.
¡Ay, qué temblor me entra!
1052
¿Queréis vos daros muerte?

SAÚL.
Escucho yo a mis hijos
1053
que ya desde lo alto me llaman con sus voces.
1054
¡Oh, hijos, voy con vos!

EL PRIMER ESCUDERO
¿Dónde vais? ¡Ay, Señor!
1055
Ora quiera morir, ora quiera vivir
1056
O irse a los infiernos, siempre le seguiré.
1057
¿Querrá pues combatir para después morir?
1058
Tras vos caminaré, no os dejaré jamás.

EL SEGUNDO ESCUDERO
1059
¡Oh, Rey, bien manifiestas heroico corazón,
1060
pues no huyes de la muerte por el bien de tu pueblo!
1061
¡Oh príncipe valiente, que vas a la batalla
1062
Donde espera tu muerte! Los que van a la guerra
1063
En pos de la victoria menos honor merecen
1064
Que él, cuya muerte sabe le espera en la pelea
1065
Contra el Palestino, a la que va resuelto.
1066
Vos, reyes ambiciosos, mirad en este ejemplo
1067
cuánta fuerza requiere dar la vida a la patria
1068
despreciando el peligro y la muerte segura.
1069
Por mí no me detengo: lo sigo paso a paso,
1070
y si muero con él, será gloria segura.

Coro de los Levitas.
1071
¡Oh rey desgraciado!
1072
¿Eres tan riguroso
1073
Y tan rebelde eres
1074
Para alzar tu mano
1075
Contra tu propio ser
1076
Torciendo tu destino?
1077
¿Tan cobarde es tu alma
1078
Que no sabe aguantar
1079
Las desgracias comunes?
1080
¿Quieres pues, por despecho
1081
Desaliento o manía
1082
Romper la harmonía
1083
Que Dios en ti ha formado,
1084
No habiendo obra más contraria
1085
A las leyes de Natura
1086
Que atentar contra uno mismo?
1087
Sin el permiso de Dios
1088
No debe el alma del cuerpo
1089
Separarse: así, el soldado
1090
Nunca parte de la guerra
1091
Sin orden del capitán.
1092
¡Pero huyamos de aquí,
1093
que es tierra detestable,
1094
para siempre execrable!
1095
¡Este lugar miserable
1096
en el que hoy yacen muertas
1097
Gentes fuertes y valientes!
1098
¿Qué galardón tendrán
1099
los hombres de Israel,
1100
muertos en esta guerra,
1101
sino luto, sollozo,
1102
suspiros y querellas,
1103
como de esos padres tristes
1104
sobre hijos moribundos?
1105
Oh valerosos soldados
1106
caídos en las alarmas,
1107
puesto que más no podemos
1108
ofreceros como pago,
1109
recibid de nuestra parte
1110
estas quejas y suspiros
1111
estas lágrimas sagradas,
1112
como las de aquellos padres
1113
sobre el muriente heredero.


Acto quinto

Un soldado amalecita, solo.

EL SOLDADO
1114
{v} ¡Qué lástima mirar la nación devastada,
1115
¡Qué lástima da ver al pueblo fugitivo!
1116
Los perros que se cebaban devorando los cuerpos,
1117
y los campos sembrados de cadáveres fríos,
1118
otros aún gimiendo con el aliento roto,
1119
como en el campo aquel de donde ahora vengo,
1120
y de donde he sacado este botín precioso,
1121
pues corrí hacia allí con tales intenciones.
1122
Qué pena contemplar la gloria enloquecida
1123
de los que hoy triunfaron al filo de la espada,
1124
y ver allí en el medio al propio rey Aquís
1125
Blasfemar – desdichado- contra Dios y Saúl;
1126
Y ver el grito, el ruido, la alegría y el canto
1127
Que en torno a las hogueras entonan festejando,
1128
clamando que es hoy día vencedor de Saúl
1129
A pesar de su Dios y del propio Saúl.
1130
Que inútilmente Dios en el cielo reside,
1131
pues ni guardó a su pueblo ni a su propio ungido.
1132
Él dice que no es más que simple ídolo vano
1133
como el dios Astarté, y que en su falso altar
1134
colocará las armas y cabeza del rey.
1135
Pero ¿qué veo aquí? Es David, el hebreo,
1136
que viene victorioso del burgo de Siceleg
1137
Del que antes escapé, donde arrasó a mis hermanos.
1138
Callándome esto, me acerco a presentarle
1139
lo que a Saúl acabo de quitarle a toda prisa
1140
Para dones recibir o ganarme su gracia.
1141
Viene al punto, le diré con mentirosa voz
1142
Que yo fui el propio autor del asesinato real.

David y el soldado amalecita.

DAVID
1143
¡Por fin la raza vil de Amalec ha caído,
1144
sintiendo en carne propia la fuerza de mi brazo!
1145
Así perezcan todos los ladrones infames.
1146
Mas ¿quién podría darte gracias que sean tan dignas
1147
Como los altos bienes que sobre ti sostienes?
1148
Mas ¿quién eres tú, que vienes hacia mí?

EL SOLDADO
1149
Soy, Señor, un soldado de las huestes de Amalec,
1150
y vengo ahora mismo del campo israelita
1151
para entregarte, postrado, la corona de su Rey.

DAVID
1152
¿De qué rey me hablas?

EL SOLDADO
De Saúl, vuestro suegro,
1153
Tan odiado por vos, que acaba de morir
1154
En el mismo combate en el que el día de hoy
1155
ha muerto con él todo el pueblo de Israel.
1156
Al hallarse cercado, herido de mil llagas,
1157
intentó darse muerte cayendo en su espada,
1158
mas no tuvo vigor para hundirla en su seno.
1159
Al verme tan cercano, conociendo mi origen,
1160
me rogó que ayudara a cumplir su deseo:
1161
«No permitas —me dijo— que incircuncisos viles
1162
tomen con vida mi cuerpo y me ultrajen con crueldad.»
1163
Entonces compadecido, viendo su mal estado,
1164
viendo también la angustia que estaba soportando
1165
al ver que el enemigo le perseguía con saña,
1166
yo lo maté y lo hice desplomarse al punto
1167
sobre el cadáver aún sangrante de Jonatán.

DAVID
1168
¿Saúl, muerto? ¿puede ser tal noticia posible?
1169
¡oh, desgracia fatal!, ¡Oh, fortuna cruel!
1170
No quiero yo vivir tras mi señor Saúl,
1171
de quien recibí bienes, favores y honores.

EL SOLDADO
1172
Mas, Señor, ¿por qué rasgáis vuestras ropas de tal modo?
1173
¿No tomó muchas veces las armas contra vos?

DAVID
1174
Fue espíritu maligno quien turbara su seso,
1175
mas de naturaleza fue siempre hombre piadoso.
1176
Jamás reinó en la tierra monarca tan benigno.

EL SOLDADO
1177
Mas él era, en verdad, enemigo mortal.

DAVID
1178
Nunca jamás lo tuve yo por tal enemigo.
1179
Mas tú, cruel deslamado, ¿no temiste tu mano
1180
alzar sobre el ungido con óleo celestial?
1181
¿No respetaste al hombre que Dios nos entregó?
1182
Yo mismo, aunque acosado, nunca osé herirle.
1183
Y tú, extranjero vil, amalecita impuro,
1184
te jactas de su muerte, ¡blasfemia abominable!

EL SOLDADO
1185
Señor él se encontraba de filisteos cercado,
1186
Con una angustia tal de verse capturado
1187
Por el pueblo enemigo, o aún asesinado,
1188
Que se iba a matar con sus propias manos
1189
para ponerle fin a sus penas extremas.
1190
Yo evité, piadoso, que él se diera muerte.

DAVID
1191
¡Calla ya, servidores, prendedle y matadlo!
1192
¡Que muera sin demora quien osó tal delito!

EL SOLDADO
1193
¡Ay, Señor, qué delito cometí yo tan grave?

DAVID
1194
El haberte manchado con la sangre de Cristo.

EL SOLDADO
1195
¿Y debo yo sufrir la muerte más cruel
1196
Pour el dolor causado al dar una noticia?
1197
No hubo rencor en mí al dar fin a su vida,
1198
sino deseo de serle en su dolor benéfico,
1199
y quizá de ganarme siquiera vuestra gracia.

DAVID
1200
Tu lengua en vano clama.

EL SOLDADO
Piedad, Señor, te ruego
1201
por el Dios de los Cielos, padre del Universo,
1202
pido perdón y espero que todos os estimen
1203
y también que el Señor en todo os favorezca;
1204
que el cetro en vuestras manos al pueblo haga presto
1205
someterse a las leyes que vos le dictaréis.
1206
¡No he sido yo – os lo juro- quien le causó herida!
1207
¡Él se mató, él mismo se manchó con su sangre
1208
Que yo no lo maté!

DAVID
Infame desgraciado
1209
Con otras mentiras excusas tus mentiras.

EL SOLDADO
1210
Mis mentiras no causan ningún daño.

DAVID
1211
No hay nada peor que las falsas mentiras.

EL SOLDADO
1212
Bien, me equivoqué; pero no hay en la tierra
1213
Nadie que al menos en una ocasión yerra.

DAVID
1214
Debes abandonar esas palabras vanas.

EL SOLDADO
1215
No os ofendí en nada y si encontráis ofensa
1216
Sed conmigo paciente y otorgadme la gracia.

DAVID
1217
Hablas tú sin razón.

EL SOLDADO
Aunque de nada sirva
1218
No moriré aquí con mi lengua servil.
1219
Hombre cruel, incivil, riguroso e injusto
1220
Que en el horror de un antro tenebroso
1221
Junto a la blanca leche mamaste negra rabia
1222
de una fiera leona. Malvado y perverso
1223
no eres el hombre cortés del que tanto se habla
1224
mas, guardo la esperanza de que tu tiranía
1225
jamás quede impune. Y le ruego a Dios
1226
el que todo lo observa, que tu orgullo ataque
1227
y si un día eres rey por destino celeste
1228
que el hambre y que la peste así como la guerra
1229
infecten tu país y que tus propios hijos
1230
contra ti se levanten.

DAVID
Anda, hombre perverso
1231
Despídete del mundo que ésta es tu última luz.
1232
¡y vosotros, amigos, con puñal afilado
1233
Enviadlo con saña a ladrar a otra parte!
1234
Caiga sobre tu testa la sangre y el ultraje
1235
Por haber levantado contra ti testimonio.

David y el Segundo Escudero

EL SEGUNDO ESCUDERO
1236
¡Oh pérdida fatal, oh reino de Israel
1237
Hoy pierdes a tu príncipe, lleno de desconsuelo!
1238
¡Fortuna mutable, traidora y lisonjera,
1239
bien claro nos demuestras que tu rueda es variable!
1240
Puesto que el hombre aquél al que tanto alzaste
1241
Ha sido rebajado por ti hasta los infiernos:
1242
Hablo de Saúl, al cual de la nada hiciste rey,
1243
Y casi un dios terrestre rozando las estrellas.
1244
Ahora lo has hundido y el mismo se destruye
1245
Viendo cómo su imperio tanto como él mismo
1246
En un día se extinguen disueltos en la nada.
1247
¡Oh, pobre rey, que das un ejemplo excelente
1248
De que un rey no es nada, ni un reino tampoco!
1249
Que uno no debe alzar su voz contra el poder
1250
Ni mendigar honores a impía tiranía,
1251
Ya que eso mismo ha hecho que tú pierdas la vida.
1252
¿Mas no es David acaso aquel que ven mis ojos
1253
blandiendo la corona del ya difunto rey?
1254
¡Cómo la está observando!

DAVID
¡Corona fastuosa!
1255
¡Corona que resultas más bella que dichosa!
1256
Quien conociera el mal que sufren los que, fieles,
1257
te portan en su testa, no querría por nada
1258
tu porte ni tu gloria como hacen ahora:
1259
Antes bien, si te hallara orgullosa en mi camino,
1260
no querría alzarte ni honrar tu destino.
1261
Mas llega ya un criado del antiguo monarca;
1262
quizá sabe del rey, de su suerte y desgracia.
1263
Veamos si conoce la ruina del poder.
1264
¡Oh triste amigo mío! ¿De dónde vienes tú?
(Entra el Segundo Escudero del rey Saúl, superviviente del combate.)
1265
EL SEGUNDO ESCUDERO Del campo de batalla.
DAVID Y bien, ¿qué nuevas traes?

EL SEGUNDO ESCUDERO
1266
Muerto cayó Saúl, de muerte miserable;
1267
pues no pudo encontrar un brazo que, asesino,
1268
Diese fin a sus días, así como a sus males
1269
No tuvo más remedio que con su propia mano
1270
Darle fin a sus días, oficio lamentable.

DAVID
1271
¿Se dio muerte por sí? ¡Qué lástima tan grande!
1272
Cuéntame, buen amigo, cómo fue su desgracia.

EL SEGUNDO ESCUDERO
1273
Perdida la batalla, viendo a sus hijos muertos,
1274
decidió con grandeza dejar al enemigo
1275
una victoria amarga, con sus grandes hazañas.
1276
Se lanzó el rey entonces, furioso en la refriega,
1277
y golpeó al enemigo con todo su valor.
1278
Como un león colérico que asola el hato,
1279
Cuando éste, tranquilo, pace en las altas hierbas,
1280
así vi yo a Saúl, que en su cólera viva
1281
hiere, destroza y siembra la muerte en el campo,
1282
y nadie en su furor encuentra compasión.
1283
Mas pronto contra él se juntaron arqueros,
1284
que, llenos de vergüenza, lo hirieron de frente
1285
hasta que combatiendo, fue gravemente herido,
1286
y hubo de retirarse en medio del combate.
1287
Volviendo vio los cuerpos sangrientos de sus hijos,
1288
y lloró abrazándolos mientras le perseguían.
1289
Entonces, viendo que iba a caer prisionero
1290
en mano enemiga, miró a Jonatán y lloró:
1291
«¿Es este el reposo que dabais a mi vejez,
1292
mis hijos, el premio que prometía vuestra fuerza?
1293
¿Así heredas el cetro, Jonatán de mi vida,
1294
que fuiste un día mi gloria y ahora desventura?
1295
Ya es tiempo, hijos míos, de que este padre os siga
1296
en la muerte y destino que ha de juntarnos hoy.»
1297
Se lamentó sobre ellos, errante y desolado,
1298
y se arrojó, sin dudar, sobre la fiera daga,
1299
hasta que al fin murió.

DAVID
¡Ay, desgraciado rey!

EL SEGUNDO ESCUDERO
1300
Lo que más estremece mi pecho temeroso
1301
Es que tan pronto vio esa herida mortal
1302
su escudero fiel – al que el rey pidió en vano
1303
asestara el golpe que su vida hendiría-
1304
cayó de golpe al suelo, se arrancó los cabellos,
1305
arañándose el pecho con desesperación
1306
golpeando su frente y rasgando sus ropas;
1307
Grita, aúlla, llamando a su señor querido.
1308
Pero al ver que la muerte sus ojos para siempre
1309
Había clausurado y de nada servían
1310
Sus gritos y lamentos, pues su vida era ida:
1311
«Lo seguiré —se dijo— pues su muerte me incita,
1312
a despreciar esta vida que resulta maldita.
1313
Muramos y gocemos del honor y la gloria
1314
De haberlo acompañado en penas y venturas.»
1315
Dicho lo cual, se arroja sobre su luenga espada,
1316
y así apaga su vida junto a la de su rey;
1317
jamás abandonó al rey en el dolor,
1318
como nunca lo había dejado en la dicha,
1319
terminando sus días con la misma espada,
1320
que aún estaba manchada con la sangre del amo.
1321
Realmente es digno del más grande honor:
1322
caer a los pies del rey y guardar firme fe,
1323
ya no como un bárbaro, mas como amigo fiel,
1324
pues lealtad tan firme es rara y miserable.

DAVID
1325
¡Seas tú de Dios, oh palestino maldito,
1326
pues has exterminado al pueblo de Israel!

SEGUNDO ESCUDERO
1327
Todavía después de tan horrible muerte,
1328
el orgulloso Achis no se muestra pacífico,
1329
no deja que los huesos del exánime rey
1330
reposen en su tierra, sino que los arranca,
1331
y —¡qué cruel ejemplo!— los lleva a su templo,
1332
de modo que los dioses nunca honrados en vida
1333
ahora sean honrados tras su terrible muerte.

DAVID
1334
Oh Palestino hinchada de una soberbia vana,
1335
guárdate del orgullo y de sus malas artes,
1336
pues la Suerte podría volverse contra ti
1337
y mostrar su ira en futura desdicha.
1338
¡Gelboé, que tu cima no reciba la lluvia
1339
ni el rocío, y tus campos permanezcan resecos,
1340
pues sobre ti cayendo han muerto tantos hombres,
1341
pues sobre ti —montaña de malditas entrañas—
1342
ha sido asesinada la flor de Israel!
1343
Hijas de Israel, que antes por mí cantasteis,
1344
llorad ahora la muerte de este rey valeroso,
1345
quien os embellecía con ropas exquisitas,
1346
y os vestía de púrpura y de oro de Tiro.
1347
¡Los campos se han teñido con su sangre encarnada,
1348
como si nunca hubiera recibido óleo santo!
1349
¡Ha muerto Saúl, y también Jonatán!
1350
¡Jonatán, mi consuelo y mi preocupación!
1351
¡Desgraciado! ¿Por qué no habré muerto contigo?
1352
Habría sido feliz y ahora lloro mil muertes;
1353
¡Muy grande es el tormento al recordar tu muerte!
1354
Y ahora, ¿Dónde está ese cuerpo amado
1355
Y ese rostro que a todos resultaba agradable?
1356
Querido Jonatán, mi amigo más leal,
1357
Cuyo amor más dulce era y más querido era
1358
Que la ardiente llama al amar a una dama.
1359
¡Pobre de mí! Jamás seré capaz de olvidar
1360
Tus últimas palabras, pues un ingrato soy:
1361
“Oh David al quien amo más que a mi propia vida
1362
Voy a morir, mas sé que Dios te ha destinado
1363
Este reino hebreo; mas si muero te ruego
1364
Que recuerdes después a mi raza y linaje”.
1365
Siempre, siempre, ese día en exceso dichoso,
1366
en que un amor recíproco nos unió para siempre,
1367
Quedará firmemente en mi alma grabado
1368
Y nunca olvidaré tus bondades sin número:
1369
a menudo con dulces palabras mitigaste
1370
la ira de mi padre, y en mi vagar errante
1371
tú me diste consejo, esperanza y coraje,
1372
hiciste enfadar por mi culpa a tu padre.
1373
¡Oh Jonatán, sería más bárbaro y cruel
1374
que un escita o un tártaro si alguna vez,
1375
llegara yo a olvidarme de cuidar a los tuyos
1376
Como a mis propios hijos, si llegara a reinar!
1377
Mas, ¿qué placer tendré al reinar si no estás,
1378
y este duelo me sigue allá por donde vaya?
1379
¿Y por qué llorar solo? Que llore todo el mundo
1380
Que el dolor es común, pues -pueblo de Israel-
1381
Tu escudo y tu fuerza estás perdiendo ahora.
1382
¿Cuánto aumentará la fuerza enemiga
1383
con su muerte, cuán grande será ahora su poder?
1384
Así, amigo, has muerto en una tierra extraña,
1385
y en tu juventud caíste sin sepultura;
1386
¡qué crueldad del cielo! Pero un bien te queda:
1387
haber muerto en mitad del combate y la fama,
1388
la gloria de tu nombre al morir por tu pueblo.
1389
Al menos, te digo adiós, querido amigo,
1390
guarda nuestra amistad, que no muere al morir tú,
1391
vivirá para siempre mientras vivan mis versos
1392
y tu triste epitafio en todo el universo.
1393
Escucha, Saúl, mi llanto y mi triste lamento:
1394
quieres acompañar a tu hijo en la muerte
1395
Para no separaros ni muertos ni vivientes.
1396
¡Muchos envidiarán el valeroso término
1397
de tu vida, pues logras con tu muerte un honor
1398
que hará inmortal tu nombre! Pues podemos decir:
1399
Que caídos en tierra, ambos extinguisteis
1400
el trueno de la guerra, y que fuiste tan fuertes
1401
que nadie sino tú pudo darte la muerte.