Texto utilizado para esta edición digital:
La Taille, Jean de. Los rivales, comedia. [Les corrivaux, comédie.] Traducido por Silvia Hueso Fibla para la Biblioteca Digital EMOHTE. Valencia: EMOTHE - Universitat de València, 2025.
- Hueso Fibla, Silvia
Nota a esta edición digital
Esta publicación es parte del proyecto I+D+i «EMOTHE: Second Phase of Early Modern Spanish and European Theatre: heritage and databases (ASODAT Third Phase)», referencia PID2022-136431NB-C65, financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER Una manera de hacer Europa.
Prólogo
Parece, señores, al verlos juntos en este lugar que hayan venido a escuchar una comedia. No se verá decepcionada su intención. Ciertamente verán una comedia que no será una farsa ni una moralidad, pues no nos divertimos con algo tan bajo y estúpido y que no muestra más que ignorancia sobre nuestros antepasados franceses. Verán una comedia compuesta según el gusto y la moda de los antiguos griegos, latinos y de algunos nuevos italianos, que antes que nosotros, han enriquecido el magnífico gabinete de su idioma con esta bella joya: una comedia, digo, que les agradará más (si son admiradores al menos, de cosas bellas) que todas (y lo digo libremente) las farsas y moralidades que fueron interpretadas en Francia. También tenemos gran deseo de prohibir en este Reino dichas danzas y sátiras, que como amargas especias no hacen sino corromper el gusto de nuestra lengua y enseñaros para modelo de aquellas el placer y la dulzura de una comedia hecha según el arte, como ésta, y que en nuestra lengua vulgar no tiene menos gracia que las Latinas e Italiana en la suya. También puedo presumir de que nuestra lengua en este momento no es en nada inferior a la suya, tanto para expresar nuestros conceptos como para enriquecer y ornar algo con elocuencia. Sabemos bien que habrá algunos que asintiendo con la cabeza y frunciendo el ceño no harán caso de la comedia por considerarla muy común (según ellos), aunque esté relacionada con el arte de un Terencio, arguyendo que tiene que ver con gente de baja y vil condición hacer juegos para entretener a los demás. A esta gente responderé (si por ventura merecen respuesta) que no saben que se trata de una comedia compuesta según el arte, de las que se interpretan muy pocas en Francia: así como los Plautos, los Terencios y los Ariostos también escasean, lo cuales, siendo grandes personajes no han desdeñado escribirlas. Y si se me alega que se interpretan de forma ordinaria muchas piezas que se llaman Comedias y Tragedias, les diré también que estos bellos títulos no concuerdan bien con tales farsas, que no conservan nada del estilo y las maneras de los Antiguos. De tal modo, nos gustaría que se desacostumbrasen de oír y de hacer tales obras y tales farsas y moralidades disgustosas. Los que opinan como nosotros, y que, no obstante, han tenido la paciencia de oír una comedia entera, natural, compuesta a la antigua, de modo que si hubiéramos sabido cómo era y el recreo que proporciona, estoy seguro de que la habríamos hecho nuestra. Sepan pues, sin embargo, que es de aquellas que hasta los considerados sabios no han escuchado, y la mayoría de los que han opinado no la han practicado y, además, la naturalizamos en nuestra lengua como ya han hecho los italianos. Pues así es como hemos llamado a esta Comedia Los rivales, puesto que en ella hay dos jóvenes enamorados, que pretenden lo mismo. Por lo demás, les mostrará como en un espejo la naturaleza y el modo de actuar de todo el pueblo: de los ancianos, los jóvenes, los criados, las hijas de buena familia y otras. Escuchen, pues, atentamente todo lo que se dirá, pues si hicieran de otro modo dejarían de saber la historia y entonces tendrían un pobre placer y pasatiempo, pero para que no tengan tanto trabajo para entender el discurso que contiene, les voy a presentar el argumento, que así es:
Cuando el rey, para hacer su viaje a Alemania envió a su armada a Lorena, en concreto cerca de Metz, en la villa cercana llamada Toul, hubo algunos ciudadanos que por miedo y por temor huyeron de la villa de Metz, sin saber que nuestras gentes estaban tan cerca. Entre otros, hubo un buen ciudadano viudo, de nombre Don Bernardo, que con gran prisa huyó con su hijo y dejó la casa llena de algunos muebles y de su hija pequeña, a la que no pudo llevar consigo por no haber tenido manera, pues estaba enferma, o por olvidarse, o por otro inconveniente. Pues sólo tenía estos dos hijos, el chico de nombre Filadelfio y la hija Flordelís, la cual tiempo después fue acogida por un gendarme de nombre Fermín de la Compañía del Condestable, cuando éste entró en Metz. Éste se la llevó (porque tuvo compasión), a su tierra de Picardía, donde la alimentó como a su propia hija. Entonces dejó su tierra por las ordinarias guerras que había y se vino a vivir a esta ciudad con su hija putativa para pasar el resto de sus días en paz y tranquilidad. Sin embargo, Bernardo de Metz, que así era su sobrenombre volvió a su casa tras su huida y sabiendo de la pérdida de su hija y sus muebles tuvo miedo de que las continuas guerras no le hiciesen perder aún más cosas, y hasta al único hijo que le quedaba, de modo que lo envió a esta ciudad y lo hizo llegarse a casa de una rica viuda llamada Doña Jacoba, a la que conocía desde tiempo atrás, para después de haber ordenado sus asuntos venirse a vivir con ellos. Mas, su hijo Filadelfio, apenas hubo pisado la casa de su anfitriona, se enamoró perdidamente de su hija Restituta. Y para cortejarla, lo hizo tan bien desde el principio que obtuvo de ella lo que más deseaba, y a partir de entonces aquel amor violento se enfrió; poco a poco fue olvidando a su primera amiga, y conoció a una nueva, poniendo todo su afecto en la otra joven, su vecina, que se decía era hija de un Picardo. No les diré de quién se trata, pues lo sabrán al final de la Comedia. Pero sucede que no solamente la amaba Filadelfio, sino también otro joven lindo y agraciado, al que llamaban Evertón; y como la joven rechazó con varias excusas la propuesta de matrimonio de ambos, éstos decidieron obtenerla por el medio que más fácil les resultara. En ese momento el picardo tenía en su casa una criada de bastante edad que se llamaba Alison y un criado llamado Claudio, al que Filadelfio se ganó, tanto que éste le prometió que tan pronto como su amo se fuera, le haría entrar al lugar en que estuviera la joven a la que amaba y que entonces haría lo que quisiera con ella. Por otro lado, Evertón, con presentes y plegarias se ganó tan bien a la criada, que ella le prometió lo mismo que dijeron a Filadelfio, y además puso a su joven ama en buena disposición hacia él. Pero sepan que ninguno de ellos sabía nada de los manejos de su compañero, y sin sospechar uno de otro, quedaron así esperando que el padre de la joven dejara su morada para salir a algún lado. Sin embargo (y el diablo tiene la culpa) no les puedo contar el resto: aquí viene Restituta, la que tan pródiga fue con Filadelfio, que le acaba de contar algún secreto a su nodriza. Escuchen pues de qué se trata. Adiós a todo el mundo.
Personajes
| Restituta, doncella joven |
| Nodriza, nodriza de Restituta |
| Filadelfio, mancebo galán |
| Evertón, mancebo galán |
| Claudio, criado |
| Felipe, criado |
| Alison, criada vieja |
| Bernardo |
| Gerardo |
| Fremundo, el picardo |
| Jacoba, vieja dama |
| El médico |
| Filandro, capitán de la ronda |
| Gil, criado |
| Félix, criado |
Acto 1
ESCENA PRIMERA
ESCENA II
ESCENA III
ESCENA IV
Acto 2
ESCENA PRIMERA
ESCENA SEGUNDA
ESCENA TERCERA
Acto 3
ESCENA PRIMERA
ESCENA SEGUNDA
ESCENA TERCERA
ESCENA CUARTA
ESCENA QUINTA
ESCENA SEXTA
ESCENA SÉPTIMA
Acto 4
ESCENA PRIMERA
ESCENA SEGUNDA
ESCENA TERCERA
ESCENA CUARTA
ESCENA QUINTA
Acto 5
ESCENA PRIMERA
ESCENA SEGUNDA
ESCENA TERCERA
ESCENA CUARTA
ESCENA QUINTA
ESCENA SEXTA
