Alexandre Hardy, Alphée, ou La Justice d'Amour

Alfea, o la justicia de Cupido





Texto utilizado para esta edición digital:
Hardy, Alexandre. Alfea, o la justicia de Cupido. Traducida y anotada por Miguel Ángel García Peinado y Ángeles García Calderón, para la colección EMOTHE. Valencia: ARTELOPE Universitat de València, 2018.
Adaptación digital para EMOTHE:
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ARGUMENTO DE LA PASTORAL

Isandro, viejo pastor, tan reputado entre los habitantes de Arcadia por sus riquezas y honestidad como por la incomparable belleza de su única hija, Alfea, habiendo sabido por el oráculo que el matrimonio de su hija provocaría grandes problemas en su familia, con el fin de evitar los infortunios decide no casarla, teniéndola de hecho recluida en casa y no permitiéndole que frecuente la compañía de nadie. Sin embargo, al llevarla como todos los años a la fiestas en honor de Pales, entre la multitud se pierde de su padre, y se topa fortuitamente con Dafnis, joven pastor ornado de todas las virtudes que la acompaña a casa, trabando por el camino un comienzo de amistad con la bella Ninfa. El padre, en lugar de estarle agradecido por su amabilidad, se lo toma muy mal y encierra a su hija mucho más que antes. Sin embargo Corina, una maga de mediana edad, enamorada más allá de la razón por Dafnis, tras varias negativas por parte de este, descubre su nuevo amor por Alfea, se lo revela al padre y lleva a la joven e inocente pareja de amantes a la desesperación ante las malas perspectivas. Por otra parte, un Sátiro ama a Corina, siendo utilizado por ella como pasatiempo, burlándose y mofándose de él constantemente; este mismo Sátiro es amado por una Dríada, a la que él desprecia, y por medio de una placentera combinación en la propia contradicción la Dríada es amada a su vez por el bello Euríalo, al que ella no hace caso alguno, de manera que lo desmesurado de sus padecimientos saca de sus casillas al joven pastor. Melania, que lo ama apasionadamente, pierde por completo la paciencia al verlo en tal estado, sin que ella pueda aportarle un remedio. No obstante Dafnis, después de eso, ebrio de desesperación y de venganza aborda a Corina y amenaza con estrangularla, si no desmiente su engaño ante Isandro; esta, irritada y utilizando sus hechizos, lo metamorfosea en roca, e Isandro y su hija, que habían acudido al espectáculo, también son transformados: uno en árbol, la otra en fuente. La tragedia de estas tres personas incita a la comunidad de pastores de La Arcadia contra la Maga, y guiados por Euríalo todo un pueblo viene a obligar a Corina a que los devuelva a su anterior aspecto; ella implora el socorro, tanto del Sátiro como de sus Demonios; tiene lugar una furiosa contienda, en la que Cupido haciendo notar su presencia, serena los debates suprime los hechizos y oficia tres matrimonios a la vez: el de Dafnis con su querida Alfea, el de Euríalo con Melania, y el del viejo Isandro con Corina.


PERSONAJES

ALFEA
DAFNIS
ISANDRO
CORINA
SÁTIRO
DRÍADA
MELANIA
EURÍALO
ECO
CORIDÓN
CUPIDO
CORO DE PASTORES
GRUPO DE SÁTIROS

Acto I

ESCENA I

ALFEA, DAFNIS

ALFEA
¡Cuánta desgracia me acompaña, decaída,
dentro del templo atenta a mis deseos,
y a los honores que reunir te han hecho
a todo pastor nuestro, oh Diosa de los trigos!
5
Tú, gran Pales a quien la Arcadia adora,
y de repente una turba atrevida,
a mí y a mi padre separa sin estima,
de un lado y de otro se aparta a mi mirada,
mi voz molesta en vano lo reclama,
10
y para aumentar esta mala fortuna,
entre este número que transcurre infinito,
la noche que desciende ya sobre nuestros ojos,
Ninfa familiar, o vecina encontrada,
ante esta obligación compasiva probada,
15
no se ofrece aquí apta a escoltar de nuevo
mis pasos temblorosos, miedosos por perderse,
¡Dioses! ¿Qué me dirá al regreso mi padre?
¿Cómo seré capaz de apaciguar su cólera?

DAFNIS
Divina Alfea, un esclavo pastor,
20
puede llevarte, si quieres, sin peligro.

ALFEA
¿Quién eres, que me nombras sin esperarlo?

DAFNIS
Dafnis, que al encontrarte gozó de más fortuna
que al tener más de mil lanudos rebaños,
en las verdes colinas del monte Ménalo.

ALFEA
25
¿La coyuntura?

DAFNIS
Tú me preguntas algo,
que de pavor el silencio me impone.

ALFEA
Si tener no estimase que hay en mí algo
que deba o que pueda provocar el temor.

DAFNIS
Tan solo eres amor, dulzura, maravillas.

ALFEA
30
Comienza Alfea, a cerrar los oídos.

DAFNIS
¿Qué maneras son esas de comportarse?

ALFEA
Sigo el juicio paterno en eso.

DAFNIS
¿Qué implica…?

ALFEA
Y pretende que sorda a estos elogios
aptos para otro sitio, alteres tu lenguaje.

DAFNIS
35
Así mi miedo se encamina a ese fin.

ALFEA
¿Quieres forzar a mi padre a un buen acto?

DAFNIS
Con sumo gusto, ordena en su ausencia,
sobre tu siervo tu poder utiliza.

ALFEA
Camina tú primero, y admite en este apuro,
40
que hasta la casa te siga yo de lejos.

DAFNIS
Como apestado, trátame de igual modo,
por el momento ningún veneno porto,
salvo el de amor, que expando (contagioso),
por los ojos me entró una beldad en el alma,
45
beldad que tú en vano llevas disimulada
cruel, después de mí franqueza acelerada.

ALFEA
¿Retener yo algo que te pertenece?
¿Qué mi flirteo de siervo te retuvo?
¿Dónde? ¿Y desde cuándo? ¿El medio? ¿La apariencia?
50
Te equivocas, no tengo la intención,
y menos el deseo de causarte algún daño,
y sin más charla andemos más deprisa.

DAFNIS
Solo conseguirás llegar muy pronto
a la prisión que es tu prueba diaria,
55
en la que te somete un viejo riguroso,
donde tu juventud transcurre desgraciada,
donde el inhumano trata a su descendencia
cual si fuera enemigo de la naturaleza,
de igual modo que harían los leones y los osos,
60
recluidos por el miedo, siempre bajo la vara.
Ya más sufrir no debes tal servidumbre injusta,
propias para la doma de una bestia bravía;
no soportes ya más que tu dulce belleza
de mi vista alejada su crueldad apaciente:
65
me la debes a mí, que soy tu fiel guardián,
que al día cien mil veces muero por tu belleza,
y no la quiero sino cual legítimo esposo,
o bien me extermine el Cielo con su ira.

ALFEA
Pastor, por piedad deja ya de hablar,
70
mis deseos no tienen ponderación alguna:
un padre juicioso con un poder sin límites,
cuando llegue el momento sabrá bien pertrecharme.

DAFNIS
¿No crees, indolente, que ha llegado el momento
en el que amor libre su dulce batallar
75
en este bello seno que debajo del cuello
redondea orgulloso dos montañas de leche?
Tú sientes la agridulce picadura
del Dios que hizo del caos la iniciación,
la sientes o habrías tenido que sentirla,
80
el que aquí te lo calles se llama consentir.

ALFEA
O que ahora a tus pies me desvanezca,
si decir no supiera qué es el amor.

DAFNIS
¿Acaso no has visto (rústico pasatiempo),
besarse a las tórtolas en primavera,
85
a los gorrioncillos, en los frondosos árboles,
volar detrás de sus queridas compañeras?
¿Es que no viste, entonces, a los toros dejar
en los tupidos prados el agua y la comida,
si el natural instinto los enciende e inquieta,
90
encelados y al lado de su querida hembra?
¿No has visto acaso a los melindrosos pardales
volver tras de mil vueltas, nerviosos y agitados.

ALFEA
Oye, pastor, estos ejemplos bastan,
que sin embargo en nada me aleccionan.

DAFNIS
95
Gran sutileza, que no me lo permitas.

ALFEA
Nos acercamos desde ahora a la casa.

DAFNIS
Nos acercamos al eclipse temido
de mi Sol en tu luz replegada.

ALFEA
El pobre pecho me palpita de espanto.

DAFNIS
100
Jurar no debes, pastora, eso creo:
mas si confiarme quieres el peso de tu excusa,
evitaremos el reproche confuso,
de lo que te produce un miedo tan pueril.

ALFEA
Harías entonces mi presagio engañoso.

DAFNIS
105
Sí, no te inquietes, y este mi pequeño servicio
recibe tú mi santa cual primer sacrificio,
y sopesa mejor mis súplicas un día,
superior a los frutos de un conyugal amor.

ESCENA II

ISANDRO, DAFNIS, ALFEA

ISANDRO
Dioses eternos a los que la ignorancia humana
110
a veces su bien funda en cosas vanas,
gran parte acota de su felicidad
en lo que es solo pura adversidad.
Cada uno mide su dicha por los niños,
que hacen resucitar tras de la sepultura,
115
en quienes los ancianos encuentran protección,
¡pero cuántos escollos entre nos y este puerto!
¡Cuántas espinas colman este rosal,
sin que una flor la esperanza argumente!
Viudo, a quien la edad acerca a la tumba,
120
mi morada no tiene antorcha ni sostén,
salvo una chica bonita y muy hermosa,
dado que el oráculo (espantosa noticia)
al requerir su sino me predijo que ella
causaría entre nosotros el revuelo maldito,
125
de una extraña discordia, total e ilimitada
que amortiguará la antorcha nupcial,
yo, que mis días quiero ver pasar en reposo,
urdo que ella huya de este yugo a propósito,
teniéndola en casa casi como cautiva,
130
y siempre con el miedo de que el desastre arribe,
y siempre con el miedo de verlo prevenir
mi fin, que debe estar tan cerca de venir;
no importa luego bajo que predestinación
llegará a cumplirse su futuro himeneo:
135
pero un pensamiento me aflige y acongoja,
el fulgor que más bien se borró de los ojos,
en la prisa y tumulto de hoy, la indiscreta
se escapó de mi vista y mi mano,
si por voluntad propia aún no lo sé,
140
este loco amor tiene tanto y tantos encantos.
Mas, ya está aquí, un pastor me la trae,
despilfarra en exceso con nosotros su esfuerzo.

DAFNIS
Pan te bendiga, incomparable honor
de nuestros pastores, de quien yo tengo esta dicha
145
fiel guía ofrecido a la aventura,
de restituir intacto el milagro a natura,
quien reclamaba el socorro paternal,
quien se imagina un acto criminal,
al haber (coaccionada) mi conducta aceptado;
150
excusa, pues, mi audacia fortuita,
la audacia abordada para acompañártela,
de alguien que quiere su celo demostrarte.

ISANDRO
Tu cortesía en nada sospechosa,
contra mi voluntad me obliga y subordina,
155
adiós, pastor, le temo al seductor
más de cien veces rechazo al conductor.

DAFNIS
Que mal perezca cualquiera que en su vida
quiera (tentado por un brutal deseo)
a su belleza púdica dirigirse,
160
que es un error ofender la inocencia,
pues es querer cebar su desconfianza,
por el rechazo de una estable alianza.

ISANDRO
Adiós, pastor, en veinte o treinta años
resolverán lo que tu afirmas ahora.

DAFNIS
165
Que el Cielo favorable bien te inspire,
al abreviar mis días, o mi martirio.

ISANDRO
¡Cuántas palabras inútiles perdidas,
sobre trivialidades y extendidas,
acércate, acércate huidiza!
170
Mientras yo creo que obediente siga,
jamás liebre hubo más sutil ni astuta,
que a los galgos rastreadores burló,
¿quién te impulsó? Confiesa, miserable,
o mi furor te urgirá inexorable.

ALFEA
175
Sorprendida, por un tal contratiempo,
gritos y llantos, entre la multitud,
miles podrán decir que con el alma en vilo,
y con vos lejos no mostré ocultamiento.
Pero lo que demuestra que eso no sucedió,
180
es que la noche me cegaba los pasos,
además de que entonces, la prisa que embargábame,
me forzaba impulsándome a dejarme ir.

ISANDRO
No son más que palabras, tu propia voluntad
soportó como guía a un pastor descarado,
185
que me disgusta, y que hipócrita lleva
de tu honor la pérdida escrita en el alma;
no lo verás desde ahora, de cerca ni de lejos,
o de ablandarme no presumas jamás,
tu gloria se establece en vivir solitaria,
190
en bien obedecerme, y aprender a callarte.

ALFEA
Todos mis limitados placeres y deseos,
no competen más que a vuestra voluntad.

ESCENA III

CORINA, SÁTIRO

CORINA
Cruel criatura de una madre benigna,
aplaca Amor, aplaca tu furor,
195
busca a tus dardos siempre victoriosos
algún asunto de renombre glorioso,
doma y sojuzga los ánimos rebeldes,
y aumenta tu imperio con conquistas recientes,
de esas bellezas orgullosas de haber
200
hasta el presente ignorado tu poder;
de esas bellezas a las que la edad favorece,
para ti no es honor desde ahora el atraparme,
no debes lastimar, cobarde vencedor
a quien sin combatir rindiote el corazón,
205
a quien te consagró su mocedad pasada,
¡ah! Que alguien te haga que salgas de mi mente,
deja tranquilos el resto de mis días:
pero ármate mejor y ayúdame,
de este Narciso reprime la insolencia,
210
que de mis fuegos ignora la violencia,
que se cree capaz solo de resistir,
(algo imposible incluso al mismo Júpiter)
vanos lamentos, súplicas superfluas;
desesperanza, ingrato que me matas,
215
¿es que no temes que tu temeridad
sufra el castigo apropiado?
¿Debido a mis palabras? ¡Ah! Sostén del martirio,
ya llega aquí el importuno Sátiro,
que me persigue frenético de amor.

SÁTIRO
220
Mi corazón, mi todo, mi luz, yo te saludo,
¿qué hacías? ¿Qué dices, mi Cárite?

CORINA
Que tu locura un viaje se merece.

SÁTIRO
¿Dónde, mi Diosa?

CORINA
A Antikyra, do van
aquellos que se hacen de eléboro purgar.

SÁTIRO
225
Siempre eres burlona, pero no importa;
recibe estos frutos y flores que te traigo
en esta cesta de mimbre con cariño.

CORINA
Me maravillas por la perfección
de tus palabras, cornudas como el dueño,
230
vamos, vamos, veamos qué puede ser.

SÁTIRO
Admira entre las flores estos hermosos lirios,
cogidos en el valle donde tengo mi gruta,
hunde tu mano en estos capullos almizclados,
de un oro reluciente por el medio marcados,
235
hurga atrevidas aún más adelante,
y me confesarás no haberlos visto igual.

CORINA
¡Oh Dioses, Dioses! Una abeja irritada
me deja en el dedo su aguijón clavado,
¿ella cae muerta, y tú te atreverías
240
a negar traidor, que no sabías nada?
Da tus regalos a otras en mala hora.

SÁTIRO
Si en fraude alguno pensara, ¡que me muera!

CORINA
Huye, antes que estas manos no te maten a golpes.

SÁTIRO
Antes prefiero huir, que incrementar tus iras.

CORINA
245
Monstruo inhumano horrible a la natura,
que pudiste en parecida aventura
hacer que Amor a modo de abejón
picase a aquel que concibió a Aquilón,
al bello Dafnis, carcelero de mi alma,
250
¡ay de mí! Mi herida se inflama,
sobre eso hay que decir algún hechizo,
y su dolor profundo conjurar,
te heriré, viejo macho cabrío, te lo advierto,
si me sigues por más tiempo importunando.

ESCENA IV

SÁTIRO, DRÍADA

SÁTIRO
255
Alguien más infeliz no respira el día,
en el que todo triunfa contrario a mi amor,
el envidioso Cielo su rencor no podía
mejor enfrentar a mi buena fortuna,
que en mi mejor trabajo perder fruta madura;
260
llegué a la hora apropiada, ella de buen humor,
la veía reírse con ganas,
y quedarse prendada en los rayos de mi llama;
la veía encantada con el regalo,
y mostrando su gracia en el momento justo;
265
si una Erinia anida en este ser astuto,
y emboscada en los pliegues de una rosa,
la ocasión no hubiera mis deseos satisfecho,
para dejarse agarrar sus cabellos:
¡Ah, pobre Sátiro! ¡Cuán este acceso de ira,
270
golpe imprevisto, te diluye el ánimo!
Desesperado, abstruso, con la mente confusa,
nunca desgracia tal me había sorprendido.

DRÍADA
Un contratiempo de desgracia amorosa
te hace gemir y se lee en tu rostro;
275
por eso estás a solas sentado en este prado,
cuéntame qué es lo que te preocupa.

SÁTIRO
Sigue tu senda Dríada, o sin nada decir
cava una tumba a este Sátiro moribundo.
DRÍADAEn verdad tu color en sumo palidece,
280
mejor es que elijas mi roble como apoyo;
no, mejor nos echamos junto bajo la sombra,
en la hierba relata cuál es tu contratiempo.

SÁTIRO
Una hembra homicida, una ingrata belleza,
de su servicio excluye mi lealtad;
285
¡Ay, Corina!

DRÍADA
¿Qué mosca le ha picado?

SÁTIRO
Ninfa, hablas con espíritu profético,
solo una le picó, en flores que le ofrendé,
su furia no me suscita espanto.

DRÍADA
Historia grata, concluida.

SÁTIRO
Por azar
290
ha sentido una ligera picadura,
al tocar las desleales flores,
que me han producido esta inmensa desdicha.

DRÍADA
¿Así pues, has hecho de Corina tu deidad,
si el corazón acompaña a la palabra?

SÁTIRO
295
El dulce amante de sus perfecciones,
una excelencia en las menores acciones
arrastra mi alma en triunfo cautiva,
la amo, y quiero amarla mientras viva.

DRÍADA
Ya por su edad, debería sin embargo,
300
no conservar ni expresar tanto orgullo.

SÁTIRO
Cien mil encantos que posee su gracia.

DRÍADA
El número desborda, y mi reclamo excede.

SÁTIRO
Reparen bien de juventud la pérdida,
que la dejó no hace mucho tiempo.

DRÍADA
305
Resumiendo, tu mente se la imagina bella.

SÁTIRO
Y que mis fuegos hielan a esta rebelde.

DRÍADA
Cambia y prueba, busca fortuna en otro sitio,
encontrarás partidos superiores.

SÁTIRO
Es el único ente alojado en mi alma,
310
no podrá ninguna otra suplantarla en su llama.

DRÍADA
Tu deseo se sustenta en débiles impulsos,
al ver tu frente que se arruga en surcos.

SÁTIRO
Más cortés me parece que la hostilidad.

DRÍADA
Un cegador encanto se instala en tus sentidos.

SÁTIRO
315
Ya sea encanto, o no, quien contentar se sabe
con poco, nunca debe tratar de obtener más.

DRÍADA
Sí, pero este poco supera tu poder,
ya que a ti la ingrata no te hace ningún caso,
a ti, que debiste de joven ser hermoso,
320
mantenerte feliz entre la certidumbre,
a ti, que eres la gloria de los Sátiros.

SÁTIRO
Por más que yo le diga, no quiere ella creer nada.

DRÍADA
Dispuesto, vivo, avispado, valiente,
apto para la lucha, la danza y los juegos,
325
a quien teme la tropa infernal, gobernada
por los secretos de tu gran magia negra.

SÁTIRO
Corina sobresale en el mismo saber,
que en mitigar mis males no tiene potestad.

DRÍADA
Curarás, aunque más enfermo estuvieras,
330
toma el consejo que da una Dríada.

SÁTIRO
¿Cuál?

DRÍADA
Que tus deseos estén a otra parte ligados,
la tengas en el rango de los viejos pecados,
te prometo entonces una amante;
¡Oh pobre Ninfa, a ti misma traidora,
335
supera tu pudor los lindes del deber,
adiós Sátiro, adiós hasta más ver.

SÁTIRO
(hablando para sí)
La verdad se le ha escapado de la boca,
y dentro de mis redes envuelta se revela,
mi temple ciertamente despierta su interés,
340
aunque no sea de tez tan delicado,
sin falsedad me quieren, y no obstante Corina
ahora me reprocha una barba de chivo,
y que esta marcial frente, a veces da sustento
a dos pequeños cuernos, tal que un joven creciendo.
345
Cuida que al final soberbia, rigurosa,
tu rechazo provoque otra vida dichosa,
que impaciente por las afrentas soportadas,
cautiva quede del tesoro que tu pierdes;
no vayas a temer mi fervor obstinado,
350
en lo que a ti respecta termina con mi hado;
así, para gustarle, y parecer más bello,
volvamos a lavarnos en el cercano arroyo.


Acto II

ESCENA I

MELANIA, EURÍALO, DRÍADA

MELANIA
Mis ojos ya han visto tu justicia infinita,
Aljabero, venga a Melania;
355
tu poder brilla en este arranque maravilloso
y temible respecto de un ser orgulloso,
un Euríalo ingrato exageradamente,
ante mi insistencia, ante mi amistad pura,
he aquí que enamorado (extraña afección)
360
de una Dríada ha hecho elección,
el que no desmiente su natural salvaje;
el que unido a otro sitio en la peor servidumbre,
y luego la esperanza le hizo perder la mente,
pérdida, de la que aún se ríe la implacable,
365
pérdida, de la que aún yo lloro en suaves lágrimas,
¡Dios, helo aquí!

EURÍALO
(furioso)
¡Pastores, a las armas,
vamos rápido niños, que a fuerza de pedradas,
de pernos y de dardos, me alejen a estos lobos!
Ánimo, uno tropieza contra el suelo;
370
¡Oh, qué horrible estruendo de trueno!
Huyamos pastores, cae el Cielo impactante;
mas, ¿no es esa la Ninfa que me espera,
no veo a mi preciosa Dríada?

MELANIA
¡Triste espectáculo, espantosa locura,
375
que me atenaza de miedo y de piedad!

EURÍALO
Tu ya no puedes evitar mi amistad,
por más que violes su justa recompensa.

MELANIA
La conclusión me tiene el alma en vilo,
ya sea por responder, u ocultarme a su vista,
380
pues, ¿qué encubriría hacerme la furiosa?

EURÍALO
Habla, malvada, y aviva mi fiebre
con dulce beso robado de tus labios.

MELANIA
Te confundes pastor, no soy yo.

EURÍALO
No, desgraciado habré errado mis pasos.

MELANIA
385
¿Acaso me conoces?

EURÍALO
¡Ah! Querida Melania.

MELANIA
Tu boca dice lo que el efecto niega.

EURÍALO
Alza la voz, pues algo de sordera
me mantiene hace tiempo bastante incómodo.

MELANIA
Sí, y que casi la sufres por tu gusto.

EURÍALO
390
Ni más ni menos que un preso a su cadena.

MELANIA
El viejo dicho te lo resolverá:
“Cual desigual, ama a quien te amará”.

EURÍALO
Pero no dices que cuando el poder falta,
no hay ley alguna que obligue a la obediencia.

MELANIA
395
Tu no percibes, distraído con tu idea,
que tu abatimiento empieza a cansarte.

EURÍALO
Pero lo inhumano vuelve más codicioso,
vamos, vamos, persigue a tu Dríada homicida,
muere, o doblega, su valor para amar;
400
ella parece la aurora de mi día,
no lo dudes más, aquí está mirando,
y se prepara a huir a la carrera,
pero mi ardor su huida evitará,
y la alcanzará, más ligera que el viento.

MELANIA
405
Una vorágine no iguala en rapidez
a este loco que corre hacia su fatal pérdida,
que no quiere volver a la razón,
gozar del tiempo de su anhelada paz.
¡Dioses! Qué gozo, nunca hubo una cierva
410
que mejor perseguida fuera por la jauría,
que la ágil Dríada escabulléndose,
pues más ligera, tomó la delantera.

DRÍADA
No tienes nada, tu frívola batida
a muchos vientos frenaría la huida,
415
añade que acuciada, y aunque lo consiguieras,
un grito, el acento de mi voz,
y Faunos y Silvanos, Oreadas y Napeas,
repentina milicia, tus celadas sorteadas;
pobre insensato, busca tu cura en otra parte,
420
hay otro que tiene mi franquicia atrapada,
un desdeñoso, un feroz Sátiro,
con quien doliente ahora me retiro,
a quien amor furioso me ha reducido,
a degradar un sonrojo que daña.

ESCENA II

DAFNIS, CORINA

DAFNIS
425
Se dice en vano que el tiempo desarraiga
nuestros mayores males (salubre medicina),
mi pasión crece según pasan los días,
y de un instante a otro sigue aumentando.
El precioso retrato de Alfea, inseparable,
430
le priva a mis ojos del sueño deseable;
y si la mente cae ante la intensa cuita,
siento hablar a la bella diciéndome en sueños,
(sueño que está basado en bastante apariencia)
“Ven, Pastor mío, ven, mi única esperanza,
435
ven, pero mejor ven, hoy antes que mañana,
para romper los cepos de este padre inhumano;
cepos que, en cuanto a ti, refuerza ese bárbaro,
aunque la ausencia no separe nuestras almas,
aunque la vergüenza mi deseo impidiera
440
de expresarme, no encontrando el momento,
ya viste tú, Pastor, luego en mi pensamiento,
en que oscuro dédalo me has abandonado”.
Semejantes discursos sobre su beldad dichos,
a esa necesidad someten mi lealtad
445
de volverla a ver, de intentar la fortuna;
Corina llega, encuentro inoportuno,
si es que ella ha advertido el secreto,
se frustrarán tus planes todos, por indiscreto.

CORINA
¿Qué hace tan pensativo el pastor al que adoro?

DAFNIS
450
Vendrás a asesinarme de nuevo.

CORINA
Cuán cruel eres: a quien se te pareciera,
no me opondría para que desapareciera.

DAFNIS
Cuán de mal suena esta expresión en tu boca,
palabras de amor en una vieja rancia.

CORINA
455
Llámame joven.

DAFNIS
No te creerían.

CORINA
Ni decrépita, ansiando la muerte,
un ardor me mantiene entre las dos edades,
capaz aún de someter vigores.

DAFNIS
No tiene el inframundo diablo tan desdichado
460
que quisiera arrullarte enamorado.

CORINA
Burlón, burlón, aunque tengas mi anuencia,
no debes abusar de tu poder.

DAFNIS
Tú me sometes, contra mi voluntad,
además del ingenio, a parecer audaz.

CORINA
465
¡Ay! ¿Por qué? piensa que Arcadia,
no el universo, en su masa abombada,
no tuvieron, ni tienen, y no pueden tener
al que sobre mi alma logre el mismo poder.

DAFNIS
Piensa que Amor los deseos no empareja,
470
allí donde la edad tan desigual varía.

CORINA
A treinta y ocho acotan como mucho la mía.

DAFNIS
Buenos amigos te guardan el sobrante.

CORINA
¿Me amarás, en caso de que encuentre,
que respecto a este tema demuestro que es verdad?

DAFNIS
475
¿Quieres creerme y obligarme también?
Déjame solo que me proteja aquí.

CORINA
Tú te refugias en la incertidumbre,
y en lo seguro se halla la beatitud.

DAFNIS
Nombra el objeto de mis pensamientos, después
480
honraré tu arte con un bello ciprés.

CORINA
Si yo fuera la única que persigue tu gracia,
no serías de hielo como eres ahora.

DAFNIS
Inmenso abuso fuera, acabaría el mundo,
si de nosotros dos sacara sus recursos.

CORINA
485
¿Qué error he cometido para que así me odies,
corazón de peñasco, alma toda inhumana?

DAFNIS
“Se debe odiar tan solo al propio acto del vicio;
y por amor al hombre, nunca en los que este anida”.

CORINA
De mí aprende, rudo y simple novicio,
490
que la naturaleza es contraria al vicio,
no los conoce cuando un par de enamorados
a sus placeres se lanzan vigorosos.

DAFNIS
De mí aprende, que el verdadero afecto
nunca en el corazón solo una herida imprime,
495
que servir no se puede a dos al mismo tiempo,
y además que no hay fuego si no hay madera joven.

CORINA
Tienes razón, la antorcha nupcial
desea enteramente una amistad leal,
debes unirte a una joven beldad,
500
que en tus deseos tenga la preeminencia,
mas al no prevenir la hora de este cautiverio,
el himen con frecuencia es peor que la viudez;
espera al menos hasta la fiesta de la siega,
y hasta ese momento, no dejes de amarme.

DAFNIS
505
Supón, en caso de que ocurra este prodigio,
que tu plegaria no obtenga gracia alguna,
que veas a los peces pastar en nuestros prados,
que veas de Occidente salir al rubio Febo,
que veas a los corderos hacer huir a los lobos.
510
¿No te sonrojas, mil veces rechazada,
por reintentar el rubor de un rechazo
del que su autor se aterra, confundido?

CORINA
Cuida de que el castigo de tu altiva traición
no te lleve al final al arrepentimiento.

DAFNIS
515
Cuida de que al final, al redoblar mi ira,
Seas tú el oprobio y hazmerreír de todos.

CORINA
Cuando te llegue el mal, di que te lo mereces,
¿qué quieres tú si no ?, ni lágrimas hipócritas
podrán ablandar el justo rencor;
520
pero, corazón mío, no lleguemos a eso,
me enseño Amor lecciones en la adolescencia
que bien valen para que un pastor me acaricie.

DAFNIS
Ve a mostrales a los nocturnos espíritus,
vieja furia, infernal Cipris,
525
sacia con ellos tu impúdica rabia,
que otra santa atrae mi energía,
recibe mi adhesión y mi preocupación,
más loco estoy aún por detenerme aquí.

CORINA
(hablando sola)
Si para huir cogieras de mi odio colérico
530
los alerones de los hijos de Bóreas,
o bien que consiguieras los caballos de Tracia,
corriendo por las aguas, y con el pelo al viento,
escapar no podrías a mi venganza,
siguiéndote de cerca (increíble alivio);
535
tú no podrías, tigre de rostro humano,
parar los golpes de mi funesta mano;
¿enfrentarte conmigo, gusano temerario?
¿Conmigo que a la Luna la pongo oscura y clara?
¿Qué puedo transportar de un campo las cosechas?
540
¿Transfigurar el cuerpo de diversas maneras?
¿Hacer estremecerse con mi palabra al Érebo?
Vamos pues, y reprime una loca arrogancia,
marcha invisible ahora sobre sus pasos,
allí donde el amor le siembre otro señuelo,
545
donde el enceguecido sus esperanzas funde,
que una angustia imprevista lo confunda;
obra sin terminar, vale tanto como hecha,
de la cual el proyecto cuesta más que el efecto.

ESCENA III

ALFEA, DAFNIS, CORINA

ALFEA
Frágil Alfea, estás cogida en este asunto,
550
la llama crece en tus venas enamorada,
ciega llama, extraña pasión,
que de un pastor sustenta la impresión,
que ya este Dafnis, la gloria de su edad,
había predicho en tu justo valor;
555
tu ya no vives si no es pensando en eso,
debió mil veces ofenderse mi padre,
yo amo a Dafnis, lo deseo como esposo,
esposo en el que Momo nada que decir tiene,
de buenos padres, cabal de mente y cuerpo,
560
logró el laurel entre los más atentos
extraoficiales, y que la voz común,
afirma que merece alguna gran fortuna.
Mi padre, erróneamente, presiente que es un pícaro,
que ofrezca matrimonio es aval de su miedo,
565
que ofrezca matrimonio, honestamente,
es matar el gusano de la desconfianza;
pero el receloso, rebelde a la razón,
confinar quiere mi juventud en prisión.
¡AY, cruel padre, ay, deplorable Alfea!
570
¿Por qué no me ahogaste al nacer?
¡Pero no has advertido, pastor mío,
como la introspección me hace cambiar,
como con sus suspiros te implora una cautiva!
¡Dioses! El deseo de juicio me priva
575
o este Sol por mí brilla en el momento justo,
él mismo llega traído por la dicha,
simula un poco la alegría desmedida,
que te haría mucho menos deseada,
y no mostrando percibirlo tan cerca,
580
sepa si viene adrede por tu asunto.

DAFNIS
Madre de amor, para tu beneficio,
mi corazón devoto promete un sacrificio,
ya que un rayo de este bello Oriente
se digna en mí esparcir sonriente;
585
ya que mi pena feliz, sobradamente,
recoge ahora esta grata fatiga,
mas tú podrías de allí arriba mi zozobra,
para charlar descender hasta aquí.

ALFEA
No es posible, Pastor, mi desgracia me obliga
590
a estar siempre a la vista del celo de mi padre;
desde ahí donde estás rápidamente vuelve,
gustosamente yo misma te enseñaría.

CORINA
Empezaremos a poner en marcha el plan
que causará su vergonzosa ruina.

DAFNIS
595
¡Oh, dulce oráculo, para mí más valioso,
para mí más querido que si fuera del Cielo,
llevado a cabo me inundas de gloria!

CORINA
Antes de combatir ya canta la victoria.

DAFNIS
Otro que Dios no fuera flaquearía en su deseo,
600
que ya llevado a cabo placer no me produce,
el redoblar la amorosa súplica.

CORINA
Mantén la atención, la primera y la última.

DAFNIS
Su gracia abierta a mi fidelidad
no es más importante que un anciano irritado

CORINA
605
Más que jamás; su cólera enfrentada
tales propósitos convirtió en bufonadas.

DAFNIS
A esta señal que transmite del amo,
corre a liberarte de duda y de desgracia.

ALFEA
(dándole un huso)
Recibe Dafnis esta prenda que te da
610
todo lo que hacer puede una voluntad buena;
encontrarás leyéndolo apartado,
por qué tan pronto esquivo tu mirada
y otra cosa; adiós, no insistas más,
restringe los anzuelos que por ti lloro.

DAFNIS
615
Adiós vida mía, adiós casta beldad,
cree que en poco tiempo mi firme lealtad
liberará a su cautiva Andrómeda;
salvo la muerte todo tiene remedio.
Nunca ha durado la injusta tiranía,
620
basta que sea cierta tu valentía,
con tal declaración mi muy osada diestra
vencería a toda la Arcadia:
ya no tiene quien apoye sus golpes.
Pero ahora humíllate y sométete,
625
con mil besos ilustra esa prueba,
sírvelo, devota, con el debido homenaje;
de este huso pende la dicha de tu sino,
la bella Parca a quien tú perteneces,
(huso obtenido de los astros celestes)
630
por ti me restituye sus deseos manifiestos;
leamos, pero ¡ay!, con trabajo mis ojos
soportar pueden su objeto radiante,
leamos, en silencio, pues la importancia extrema
de similar secreto ni a mí mismo fío,
635
releamos, ¡buenos Dioses! Mi confianza vacila,
en esta dicha que me fascina allí arriba;
retírate, que la alegría excesiva,
en lugar de ser tuya encelara a tu presa,
y que una Eurídice ante un regreso próximo
640
me hundiera de nuevo en la triste morada.

CORINA
Nunca pájaro alguno cogido en la gran red,
pudo proporcionarme victoria más completa;
su imprudencia es escudo de tu ira,
más peligroso de lo que es un león rojo,
645
cruel mortal, que sabe a la hora de aparecer,
deshacer su pareja antes que converger;
halla al padre y le habla, del modo más exacto,
de sus amantes el plan tan mal urdido;
no escatima ninguna artimaña o engaño,
650
que pueda envenenar su germen de rencor;
vierte aceite en este fuego ya avivado,
deja que un vanidoso maldiga su desprecio,
a causa del secreto que el huso te oculta,
preciso es que ningún demonio lo perciba,
655
o se lo digan antes que a este corazón raudo,
nada así se opondrá a mi venganza luego.


Acto III

ESCENA I

ISANDRO, ALFEA

ISANDRO
Víbora incorregible y execrable,
que matarás y destruirás a tu padre,
hija rebelde a mi autoridad,
660
que tras lo que refleja este hipócrita rostro,
esconde una lujuria en el alma enraizada,
una pasión lasciva desenfrenada,
¿qué puedes, culpable, replicar?
¿Y qué imprevista mentira fabricar,
665
sobre la obscena entrevista permitida,
a ese pastor que se burla de la travesura?
No, poco falta para que con mis propias manos,
no te ahogue, oprobio de los humanos.

ALFEA
Mi inocencia creo yo es sin razón inculpada:
670
estaba en la ventana mi labor acabando,
cuando Dafnis pasaba; en eso, saludome
sin que yo no pudiera dejar de saludarlo,
y toda nuestra charla se ciñó a tres palabras;
o bien son necesarios ídolos insensibles,
675
tener completamente perdido el sentimiento,
o no quedarse atrás y devolver el cumplido.

ISANDRO
¿Y el huso que tú ibas a enseñarle?

ALFEA
Estoy avergonzada ¡Ay, no sé qué decir!

ISANDRO
Habla, contesta a lo fundamental,
680
esta excusa en nada te protege.

ALFEA
El miedo a vos, a quién más que al trueno temo,
que se me cayera hizo de los dedos al suelo.

ISANDRO
¡Qué desvergüenza! ¿Qué crueldad!
Eso que dices prueba tu falsedad,
685
¿acaso no le hiciste creer a ese pastor,
que el huso que le dabas en su suave exterior
le mostraría la hora de vuestra cita?
No atices más el fuego de mi ira,
ni aun todo el Océano podría bien lavar,
690
la gran enormidad de un crimen tan brutal.

ALFEA
Os suplico que no os irritéis aún más,
y más bien con paciencia mi demanda escuchad.

ISANDRO
Demanda que pretende que el fraude me confunda.

ALFEA
No, sino por saber qué persona me acusa.

ISANDRO
695
Dafnis por todas partes con razón lo divulga,
ya que en su lugar, ¿qué burlón no lo haría?

ALFEA
Que me maten en caso de que en mi vida,
este maldiciente me provoque el deseo
de volverlo a ver, y de favorecerlo
700
con alguna mirada, si no es por despreciarlo.

ISANDRO
En verdad he aquí lo que un buen genio inspira,
y que para tu bien mi voluntad conjura;
piensa que así estarás tú mucho más segura,
honrándome tan solo con la misma dulzura.

ALFEA
705
(hablando para sí)
Equitativos Dioses, rivales del perjurio,
¿cómo habéis podido permitir tal injuria?
¿Habéis permitido, equitativos Dioses,
que un hombre miserable los ojos confundiéndome,
con su palabra perdiera la memoria?
710
¡Desdichada, ay de mí! ¿A quién debo creer?
Dafnis embaucador y pérfido, no creas,
que en el universo las hay más confiadas;
Dafnis embaucador, hombre de este mundo,
no me apasionará ya una segunda llama;
715
¡tal sombrío auspicio, en su feliz desgracia,
sofoca en mí cualquier deseo amoroso!
Pero ¿y el modo de que su lengua indiscreta
hablase tan temprano de algo tan secreto?
Los signos verdaderos sobre esta cuestión dados,
720
y que no se derivan de testigos dudosos,
prueban el execrable fraude elaborado,
a quien de ti conserva un muy buen concepto.
Lo pagarás bien pronto o bien tarde, imprudente,
manteniendo mi honor a salvo del naufragio.

ESCENA II

DRÍADA, SÁTIRO

DRÍADA
725
¡Cansada de estropear una indolente pena,
casi sin voz, sin fuerza, y también sin aliento,
y viendo que un sudor recorre todo el cuerpo,
que el bosque no es sinuoso, sin grutas, ni maleza,
no hay veneros, barrancos, ni cavernas con musgo,
730
frescas sombras, paseos, ni desembocaduras,
en suma, sitio alguno donde buscar ya más
al Astro hermoso de mi querido Sátiro!
¿Quién sabe, ay, si Diana enamorada
no lo ha encantado con sus besos dichosa?
735
¿Recluido está como un nuevo Endimión,
dentro de algún antro en igual situación?
Recuerdo que en el bosque de sauces más cercano
a veces se entretiene con el arco ensayando;
después de ejercitarse, deseando descansar,
740
con las flores de almohada un sueño descabeza;
un buen amor me inspira un buen augurio,
y entreveo su celeste figura
a la que Morfeo tiene echada en el sombreado,
pareciendo estar mi llegada esperando;
745
¡Vamos pues, ojos míos, admiremos a gusto
a tantas hermosuras que me llenan de ardor!
¡Vamos pues, ojos míos, haced buen alimento
de estas hermosuras, vuestro mortal encanto!
Esta sanguínea frente bajo su color rojo
750
muestra a un amante de enérgico carácter;
y esta cabellera tiene entre su espesor
un no sé qué de brillante negror,
que más me gusta que esos rubios bucles
configurados de artificio y afeites;
755
y después la aguileña nariz también me gusta,
nariz de alguien propenso e inclinado al gozo;
su boca mucho más que la rosa bermeja
me provoca en el alma un ardor sin igual:
besarla ávidamente no era nada más,
760
que un sueño cercano que se debe apresar.

SÁTIRO
(hablando en sueños)
Fatua Corina abraza y besa a tu Sátiro.

DRÍADA
Sueña mientras que duerme, y suscita mi risa;
ahora puedes servirte de un ardid:
¡cíñele por completo la cabeza de flores,
765
mudo indicio que cautiva su gracia,
que te derretirá ese ánimo de hielo!

SÁTIRO
Solo podrías rechazar siendo injusta
en mis quehaceres la gracia de un beso.

DRÍADA
Sea cual sea la ilusión placentera,
770
una bella fealdad la representa,
Corina anciana creyendo abrazarlo,
en su ilusión aún la sigue conservando.

SÁTIRO
No lograrás triunfar en una empresa
con respecto al pastor que tu amor desprecia.

DRÍADA
775
Cuando el cuerpo, huésped del espíritu al sueño
se entrega, este último siempre está en vigilia;
pero acabemos la guirlanda empezada
en un torzal de hiedra entrelazada,
propio ornamento sobre la testa del invicto,
780
que lleva esclavo en triunfo tu corazón.

SÁTIRO
¿Quieres venir a mi gruta adornada,
ya preparada a recibir tus gracias?
donde hallarás el brío de fruta y leche frescas,
que desdeñosa así me contrarías.

DRÍADA
785
Obrar así es acorde con mi imaginación,
proveniente de cada flor que tiene olor;
toma de nuevo primero su tamaño,
y sus dos puntas luego une a la vez.

SÁTIRO
Noto aquí alguna mosca inoportuna.

DRÍADA
790
Al despertarla has corrido el riesgo;
ese trance evitado, todo va bien
si mi tarea bendices, Pafiano,
sin a él casi tocarlo, si te es posible;
vamos, ponlo ahí, de modo imperceptible;
795
ciertamente es este el retrato de un Adonis,
lo que vale cien besos de recompensa;
tanto atesora, tanta es su donosura,
con estas flores que sombrean sus facciones;
tranquila, en silencio, espera el despertar
800
de este Fénix en beldad sin igual.

SÁTIRO
¿Quieres huir de mí? ¡Oh, sueño agradable
en el que mi amor recluso se sumerge,
Corina había puesto sus brazos en los míos,
feliz ardid, eh! ¿Es que no vuelves?
805
Ya que el efecto verdadero no llega,
que al menos una sombra la esperanza alimente,
espectáculo extraño, y lleno de frescura,
¿de dónde me procede esta dulce belleza?
¿De dónde esta corona que rodea mi cabeza,
810
estambre de flores que nos da la Primavera?
Gentil Ninfa, así pues menos a ti
que a tu holganza debo mi corona.

DRÍADA
Tan solo se la debes a tus méritos raros,
dentro de los que Venus ha albergado sus Cárites,
815
Sátiro amable de buena condición,
ya sea por la forma, o la disposición.

SÁTIRO
Pocos me ganan en la carrera,
justo ayer luchaba contra una osa
que sucumbió.

DRÍADA
Nada imperfecto tienes.

SÁTIRO
820
Tu elogio me llena de orgullo.

DRÍADA
Si no me crees, ven, mírate en la fuente,
que sin pagar, y con muy poco esfuerzo
restituirá tu imagen más bella que el pastor
de aquellas tres bellezas que lo eligieron de árbitro.

SÁTIRO
825
A falta de otras ninguna aceptable.

DRÍADA
Tu moreno color es menos pasajero.

SÁTIRO
Tras verme en el agua, siguiendo tu opinión,
quiero dirigirme al lugar asignado.

DRÍADA
Quien busca lejos aumentar su fortuna,
830
luego se aflige y a veces lo deplora.

SÁTIRO
Cuanto más veo mi imagen en el agua
de flores ataviada, más hermoso me veo;
une a eso que esta hiedra a Baco rememora,
después de conquistar los pueblos de la Aurora;
835
cara Dríada, tras una corta vuelta
cerca de aquí, ya me ves de regreso.

DRÍADA
La verdad puede nacer de la mentira,
la verdad brilla a través de este sueño,
y en mi cerebro se graba una inquietud;
840
siguiendo estos pasos, veamos si es así
el conseguir que me quiera mi amada,
esta Corina, una antigua lamia;
luego más perderá quien más haya apostado,
cada uno por su parte, tan amigos quedamos.

ESCENA III

DAFNIS, ALFEA

DAFNIS
845
Feliz pastor, tu amada cautiva
te acusará de pereza en adelante,
llegado el tiempo en que ella llama a verla,
tiempo precioso, te conmina el deber,
traslada el cuerpo do te precede el alma,
850
donde el mérito a la constancia cede,
do peregrino, ya tu viaje expirado,
ofrecerá tus ansias en el templo deseado;
ni mucho menos, esta primera ofrenda
muestra, sin más, a la Diosa adecuada,
855
y la esperanza de su gracia futura
debe acabar del todo mis labores,
retrasar debe su siega con usura
próxima al sitio, pronto no te aventures,
que el viejo, su Argus receloso,
860
no vaya a arruinar el plan al espiar;
cuidadnos buenos Dioses de tal escándalo;
lo veo tan cansado de esperar,
que me mira con un risa amarga,
culparás, corazón mío, a la pereza.

ALFEA
865
De frente doble, igual que de coraje,
malvado, lleno de engañosa rabia,
¿te atreves a venir de nuevo ante mí
tras un perjurio de fe ingrato?
Después de haber (perfidia cruel)
870
puesto mi honor como blanco de la Arcadia?
¿Después de haber, temerario indiscreto,
a todo el mundo aireado mi secreto?

DAFNIS
¿Te burlas, mi casta Citerea?
Sí, querrás hacerte la colérica
875
para ver si mi fidelidad
sigue teniendo la misma intensidad.

ALFEA
¡Desfachatez! ¡Astucia insolente,
alégrate, que una vez enemistada,
en adelante me seas más odioso,
880
tú que jamás fuiste agradable a mi vista!

DAFNIS
El criminal no soporta su suplicio
hasta después del fallo del juicio;
cruel Alfea, al menos me dirás,
qué falsedad ausente me ha combatido.

ALFEA
885
Mi padre sabe el rumor que corre por el pueblo,
la ambición de una empresa vana,
conoce el aviso y las declaraciones
que ha habido entre nosotros dos,
vete, y pregunta aún más todavía,
890
con un rasgo burlón agrava este ultraje.

DAFNIS
Cualquier otra mujer no osaría mantener
este pérfido engaño, que en absoluto es mío:
si tu secreto se escapó de mi boca,
que Júpiter me deposite muerto a tus pies.

ALFEA
895
Demasiado lo sabes, secuaz de los amantes,
reír allá arriba de falsos juramentos,
adiós voluble, adiós, no espero que tu cambies
sobre mi amor, ni provecho ni elogio.

DAFNIS
Cruel escucha, no sufras un error,
900
al ejercer en el inocente tu furor.

ALFEA
En vano quieres con una nueva nube
ocultar la verdad conocida.

DAFNIS
Nombra a alguno de este mundo, que diga
que Dafnis es autor del maldito perjurio;
905
sin pasión, y estudiando el asunto,
encontrarás al único que me acusa,
juez y parte, despiadado, haber
sabido el secreto de quien no lo ha podido ver.

ALFEA
Farsante, en absoluto, la ausencia paterna
910
te juzga a ti culpable, o a mí criminal.

DAFNIS
¡Oh Cielos! El hechizo tercia en esta desgracia.

ALFEA
¡Aún peor!

DAFNIS
(hablando para sí, y dirigiéndose a Corina)
Y mi justo dolor
te va a obligar, execrable hechicera,
antes de que huyas a la luz celestial
915
a confesarte autora de la maldad;
nadie, sino tus celos tiene la culpa.

ALFEA
Dafnis, el desespero de él se apodera,
él que en la frente lleva de su inocencia el signo,
vuelve pastor, te juzgué erróneamente,
920
mi padre habrá tramado esta desavenencia,
Corina y él, tú me la has recordado:
¡aún ayer estuvieron deliberando,
la miserable, su ciencia aprovechando
fue a descubrir nuestro secreto al viejo!
925
¡Muchacha ingenua, crédula insensata,
en tus palabras te has ido de ligero,
llevando al pastor de lleno al desespero,
y reduciéndolo a un arranque homicida!
Lo perderás, indigna de su gracia;
930
vamos pues lágrimas, afluid sobre mi rostro,
vamos, que recluida a fuerza de llorar
pueda en mis quejas el alma vomitar.

ESCENA IV

CORINA, SÁTIRO, DRÍADA

CORINA
La impaciencia agita mi pensamiento
como una nave movida por las olas,
935
como una caña, movida de un lado a otro,
que sólo para cuando el viento amaina;
así yo espero el final peligroso
de una discordia urdida a estos amantes,
de un engaño, si no de una traición,
940
que mi venganza expolia la razón:
¿Te arrepientes? No, quienquiera que me irrite
desea su ruina, la merece en justicia,
y haber humillado a este presuntuoso,
y a este tirano al que tengo atrapado,
945
¡todos sus planes convertidos en humo,
te hará ser temida, a la vez que afamada!
Nunca, nunca jamás te vengues sólo a medias,
porque siempre será tu rival capital;
¿por qué? La traición practicada en secreto,
950
solo al discreto padre comunicada,
quedará en secreto entre nosotros dos;
y el placer de este horrible viejo macho cabrío
que viene hacia mí, la testa coronada
a reanudar de nuevo su búsqueda obstinada.

SÁTIRO
955
¿Qué piensas, bella mía, por verme otra vez
y poder disfrutar de un adorno tal?

CORINA
Un adorno señal de tu locura.

SÁTIRO
Sí, sí, adorno de una bonita Ninfa.

DRÍADA
Puedes divulgarlo, una vez ya pasado.

CORINA
960
¿Y quién querría hasta ahora olvidarse?

SÁTIRO
Como tú lo haces, nadie me desprecia,
una Dríada, y este nombre te basta.

CORINA
La miserable tiene el gusto pervertido.

SÁTIRO
Sus bellas manos halagadoras me han lavado.

CORINA
965
Tienes, no obstante más de un dedo de mugre
sobre la piel de tu deforme cara.

SÁTIRO
Quieres creerme, que bromas aparte,
en un prado dormitando apartado,
esta aduladora locamente prendada,
970
después (Dios sabe) de hacer un gran esfuerzo,
para mezclar y combinar estas flores
con un precioso brillo variado de colores,
vino a envolverme la cabeza,
esperando a que me despertara.

DRÍADA
975
¡Qué desvergüenza, y qué temeridad!

CORINA
Bien te habrías merecido lo cuernos
al no agarrar la oportunidad a tiempo.

SÁTIRO
Contigo espero la mejor de mis suertes.

CORINA
Frívola espera, espera de la nada,
980
abres la boca para este trozo en vano.
DRÍADA Como el mastín que ladra en el agua
quiere coger la sombra, y deja ir a su presa.

SÁTIRO
No me fatigues más con lenguaje burlón,
¿no soy acaso hermoso, corazón?

CORINA
985
Mucho, y esa cabeza que la Luna gobierna,
es muy propia para colocar un pendón.

DRÍADA
Ese y no otro es el modo de reírse del necio.

CORINA
Ya sabes cómo es eso, pronto gana la cima.

SÁTIRO
Mas después de besar a la enamorada.

CORINA
990
Otras preocupaciones mi pensamiento ocupan,
retírate antes de que mi ira
haga que estalle un diluvio de golpes.

SÁTIRO
Ante este rechazo que impertinente me persigue,
una más joven tu sitio aceptará.

CORINA
995
Vete, que el Cielo pueda en el futuro
confundirte en el caso de que quieras volver.

DRÍADA
No tienes nada, ya que mal elegiste,
anteponiendo a mí a una bruja malvada,
a quien sirves tratándote de bufón, despreciándote;
1000
pronto te saldrá caro, mi plan no comprendiste,
traidor, jactancioso, monstruo y desecho,
encarnas la fealdad, y la propia lujuria,
aún apenas puedo creer lo que mis ojos ven
de este prodigio que acaeció para bien,
1005
sí, verdadero prodigio en quien se representa,
el motivo agradable de un amor así,
y que este loco de ajetreo imprevisible,
en su locura en sabia me convierte.


Acto IV

ESCENA I

DAFNIS, CORINA, MELANIA

DAFNIS
¡Huye de mí la celosa diablesa,
1010
que empujando a la ruina se inmiscuye
en un virtuoso y legítimo amor,
a la que haré desgraciada a su vez,
ningún demonio, personaje o hechizo,
sumisión, ruego, simulación ni lágrimas,
1015
impedirán que este brazo irritado
la constriña a decir la verdad,
la constriña a quitarte el escrúpulo,
fatua belleza, atrapada y muy crédula,
beldad cautiva, a quien su traición
1020
reduce al recinto de una dura prisión,
en la que yo contento consolaré mi alma,
en el momento en que purgado de esta culpa,
para ese fin, vana sombra en el infierno,
un padre al menos te afloja tus cadenas,
1025
con el fin de que puedas creerme,
por bien haberte amado tras de la negra tumba!
Vamos pues, continúa furioso indagando,
¡Ah! Este viejo espectro se presenta a mi vista;
Corina una palabra, una palabra a cambio,
1030
huir no pienses haciendo oídos sordos.

CORINA
¿Huir de la claridad de mi bello Oriente?
sólo podrías decirlo en un tono de broma.

DAFNIS
Mis bromas pasadas hallan su sepultura,
en tus celos, y tu maligna impostura.

CORINA
1035
Me malinterpretas, considerando mi franqueza.

DAFNIS
No sigas enojando a un amante irritado.

CORINA
La situación me sigue siendo desconocida.

DAFNIS
Sabes muy bien quien causa mi venida.

CORINA
No lo sé realmente, a no ser el pesar
1040
de darme cada día mil muertes.

DAFNIS
Deja la falsedad, alma encurtida en fraude,
mejor es que te calles a que sigas mintiendo,
por lo demás resuelve mi defensa,
en un caso que no puedes negar.

CORINA
1045
¿Cuál, mi preocupación?

DAFNIS
Ven, traidora, al instante,
a aclarar ante mi crédula amada,
que sólo tu deseo ha descubierto
nuestro secreto, por hechizos sabido,
solo encendió la antorcha de la discordia,
1050
que te hace merecer una horca vergonzosa,
que te extinguirá la luz del día
si no vienes a apagarla diligente.

CORINA
Habla con corrección, y el alma sosegada,
¿quién sabía que tenías una amante?
1055
¿Quién me acusa de haber (acto indiscreto)
para traicionarte espiado tu secreto?
La pasión lastra mi inocencia
de un crimen del que ella no tiene conciencia;
la pasión te hace imaginar
1060
que habría podido tu plan adivinar,
algo por sí ridículo, que sobrepasa
con exceso tu loca amenaza.

DAFNIS
Tu pestilente y reprobable saber,
que debió recibir el ardor del premio,
1065
ha propiciado en Isandro una alarma
que de mi dicha cercenando el destino,
tiene, a hija y padre, dispuestos a mi ruina,
hechizados por este infiel testimonio,
no perdamos el tiempo en palabras inútiles,
1070
ni argumentes con frívolas réplicas;
ahora vendrás a retractarte,
en este asunto nada sirve de excusa.

CORINA
Engreído, aprende que la atención me hace ceder,
al que me cree aplastada, lo humillo.

DAFNIS
1075
Si no quieres seguirme voluntariamente,
te haré venir por el pelo arrastrada.

CORINA
¿Estás de broma?

DAFNIS
Bruja execrable,
sentirás mi dolor verdadero.

CORINA
¡Vaya: te vas a buscar la ruina!
(Transformación de Dafnis en roca)
1080
¡Vamos, que este cuerpo se convierta en roca,
que el suplicio imite a la natura
con alguien, que atestigüe a la raza futura,
hasta donde se extiende el sublime poder
de nuestro oculto y más que humano saber:
1085
la obra perfecta, alégrate alma mía,
sólo pienses estar de tu ardor liberado,
y en someterte a este pueblo del boscaje,
por miedo a peligro semejante!

ESCENA II

MELANIA (sola)
¡Dioses! ¿Qué prodigio me llega de imprevisto?
1090
de horror impresionada, y más muerta que viva,
cuidando mis corderos en esta colina,
estaba observando a Dafnis y Corina,
mas de su discusión no he podido enterarme,
salvo que ella viene por la hija de Isandro;
1095
y que este pastor enfadado en extremo,
acusaba a Corina de cierto falso testimonio
y la quería, (¡ay, supremo descaro!)
arrastrar por la fuerza al mismo sitio,
para que Alfea, inocente notoria,
1100
viese (decía él) un fraude al descubierto;
Corina entonces con su sola palabra,
de ese cuerpo hizo un ídolo de piedra;
ese cuerpo, que fue tan caro para el grupo,
lleva cambiado la forma de una roca.
1105
Metamorfosis rara, que me asombra,
que su noticia me propicia traértela,
amiga Alfea, ¡Cielos, que este momento
te haga perder un amante inusual y agradable!

ESCENA III

SÁTIRO, DRÍADA

SÁTIRO
Nunca muy pronto llegamos a ser sabios,
1110
como al contrario en arriesgados pasos,
nunca muy pronto pueden emanciparse;
ya no esperando doblegar a una ingrata,
una belleza cuya edad ya ha pasado,
cambiante encuentra un destino mejor,
1115
esta Dríada tiene otros encantos,
sin que se pierda el tiempo en ruegos o adelantos:
joven, apuesta, alegre y vigorosa,
con mi presencia se muestra ella dichosa,
mi solo cuerpo la enamora:
1120
va a cambiar las tinieblas en día,
un duro invierno en una primavera,
extrae de su seno el agua que te sacia,
seno encubridor de mil Cupidos,
que finaliza en dos pequeñas llamas.
1125
Bello seno, en el que sin pena recolecto,
donde no temeré a nadie de rival,
donde mi mérito obtiene una palma de premio;
en ese instante se produce su encuentro,
ella prevé mi rigor suavizado;
1130
bella Dríada, de mí, no te preocupes:
gozarás, pero goza de tus deseos
que, si tu quieres, no tendrán más obstáculos.

DRÍADA
De su estado contenta de mi suerte,
no espera en el futuro más.

SÁTIRO
1135
Salvo en un punto, que concierne a mi bien,
imperfecto, mi fortuna nada es.

DRÍADA
La excepción imaginada te engaña,
pues mi mente no la concibe adivinada.

SÁTIRO
Como tú sabes el arte de ocultar
1140
es resistencia que cuece a fuego lento.

DRÍADA
No el tuyo, del que es dueña Corina.

SÁTIRO
Al igual que una zarza no cede a la rosa,
al igual que una estrella a la nocturna antorcha,
el menor atractivo de tu precioso rostro,
1145
prevalece sin límites sobre Corina,
de ella, entre nosotros el recuerdo está muerto.

DRÍADA
Algún rechazo causa esta alteración.

SÁTIRO
En vez de amor, llamo irritación
al cariño que me inclinaba hacia ella.

DRÍADA
1150
Descubrirás que mi error es recíproco.

SÁTIRO
¿Qué quieres decir?

DRÍADA
Eso no se dice.

SÁTIRO
Vamos Ninfa mía, vayamos al grano.

DRÍADA
¿Y, a qué te refieres con ir al grano?
Cada uno, Sátiro, con lo que tiene se gobierna.

SÁTIRO
1155
Acepto la propuesta, acepto el deber
de alguien que está muy feliz de tenerte.

DRÍADA
Sólo me tendrás según lo habitual.

SÁTIRO
¿Desmentir tú, tu humor bonachón?
¿Negarme a mí un recíproco amor?
1160
¡Jamás harías esa cobarde jugarreta!

DRÍADA
La ocasión (dice cierta sentencia)
requiere cumplimiento, no sea que te arrepientas.

SÁTIRO
Eso no nos afecta, porque en el futuro
a gusto hacer podemos que regrese otra vez.

DRÍADA
1165
Sátiro, así no tendrás a tu anfitrión.

SÁTIRO
Ningún retroceso de tu favor me quita valor.

DRÍADA
Allí no fuiste nunca, sino a la ligera.

SÁTIRO
¿No me amas? Habla sinceramente.

DRÍADA
Sí, como amigo, con displicencia.

SÁTIRO
1170
En vez de ser en tus deseos errática
permitirás nuestra dulce unión.

DRÍADA
Te equivocas al creer que es sólo una opinión;
adiós, repudio de una vieja diablesa,
estás más loco que yo ligera soy.

SÁTIRO
1175
¿Huir de mí, tras implorarte ayuda?
¿Rechazarme, y haberme adorado?
eso sólo presagia la ilusión pura
de un sueño que transcurre en la noche oscura;
eso no presagia ninguna ilusión,
1180
sino que bien me muestra que vale la ocasión,
y que abandonada ya no se recupera;
así, enamorado persigue tu empresa,
desesperado, que ella pensar no pueda,
al haber prometido, que perdería mis huellas.

ESCENA IV

ISANDRO, ALFEA, MELANIA

ISANDRO
1185
¿Por qué lloras? Esas lágrimas vertidas
demuestran la pasión de tu llama escondida,
además de un complot de ilícita amistad,
que aumenta tu vergüenza en similar piedad;
para bien complacerme, y por tu nombradía,
1190
resuelve que este duelo como humo se disipe.

ALFEA
Este luto ya nunca mi pecho dejará,
ninguna prohibición, o inicuo rencor,
ni incluso la muerte, borrarán el recuerdo
de este pastor de hermosas cejas,
1195
de este pastor de fe inalterable,
de este pastor que vivía sólo en mí,
de este pastor, que perdió la inocencia;
obedeceros excede mi poder,
una desesperanza me prepara a la muerte,
1200
si no soportáis que (débil bienestar)
vaya a derramar lágrimas vehementes,
sobre esta roca que ya no puede oírme,
sobre esta roca libre de todo sentimiento,
y que vuestras sospechas ya no avivará,
1205
sobre esta roca, que acepta mi suplicio,
habría debido, ¡ay!, fui muy crédula y dura,
su sitio mantener férreamente:
¿mas, quién habría podido prevenir el futuro?

ISANDRO
No hubieses creído, pastora Melania,
1210
hasta donde se extiende la manía amorosa:
por ella mi hija pierde el rubor y el respeto,
no queriendo que yo tenga sospecha alguna
del autor del perjuicio, el que ella confiesa
amar, y ello a pesar de mi condena expresa,
1215
¡Ay, miserable! ¡Ay, miserable niña,
osar desear lo que un padre prohíbe!

MELANIA
Encontraríamos en la extraña natura,
entre los animales la opuesta mixtura:
el ciervo por amor se une a la leona,
1220
pero su dolor no me asombra nada,
la elección de Dafnis acreditaba,
una amistad con valor cultivada;
no podía esta pareja mejor complementarse,
perdonadme si no puedo mentir,
1225
Dafnis el excelente, y su excelente Alfea,
iguala en la victoria su trofeo;
la voz común así lo dice al menos,
y mi aquiescencia ella también la obtiene.

ISANDRO
Cada uno juzga al prójimo hasta donde la vista alcanza,
1230
la prevención del cariño familiar
no me ha permitido elegir a este yerno,
reprobada elección por astros enemigos,
desdichada elección, incompatible en suma,
ya que este Dafnis nunca fue el hombre que yo deseara.

ALFEA
1235
Hasta el más felón lamenta tras la muerte
haber odiado por error a los que eran inocuos;
tratad a este pastor humanamente,
no impidiéndome que a algo ya muerto
lleve a cabo este juicio piadoso,
1240
juicio sobre un amor resuelto honestamente.

ISANDRO
Ninguno excepto yo decide en este asunto,
no vas a enamorarte inconvenientemente:
de un pequeño mal se deriva otro peor
que dejar no podría luego de suceder.

MELANIA
1245
Sed menos riguroso, acceded a su ruego,
que luego con las lágrimas la tristeza se alarga;
que después del aspecto de una roca inerte,
ya no tiene ella donde anudar la esperanza:
que si este torrente de angustiosa amargura,
1250
ya liberado cede, y se disipa en espuma,
lo que será juicioso prevenir,
además del reproche un desastre por llegar.

ISANDRO
Te creeré, llévanos juntos pues
al instante al sitio, si es que bien te parece.

MELANIA
1255
Con gusto, vamos a ver una roca
que es de nuestros pastores la maravilla oculta.

ESCENA V

CORINA, ALFEA, ECO, MELANIA, ISANDRO

CORINA
Ante esta obligación que te fuerza a ti mismo,
constreñido a Érebo, y su pálida cohorte,
a revelar si concediéndole el día,
1260
ablandarías a este cruel al amor;
vamos a realizar este misterio mágico,
añade a tu pentáculo otro símbolo más,
perfúmalo con verbena e incienso,
pronuncia luego tres palabras que sean poderosas,
1265
traidores demonios, ¿qué pasa? ¿Es que ningún auspicio
a mis deseos responde propicio?
¡Echemos de nuevo laurel al fuego,
no se oyen gritos favorables,
todos estos espíritus retenidos en el cerebro,
1270
a darte no se atreven una triste noticia!
¡Huid tramposos, de mi ira repentina!
¡Oh loca espera! ¡Oh arte en vano reprobable!
Ya no esperes tu mágica impostura,
poder sacar esta roca de su natura,
1275
una influencia ecuánime ha permitido
que a su crueldad el hombre ha renunciado,
que él no será lo que debía ser;
¡y así es como tu venganza se nutre,
esta es, esta es, la que te robó su corazón,
1280
quien lo volvió burlón altivamente!
Prudentemente oculta, esperando que llegue,
presto el esfuerzo en el momento justo,
lo que le hará reprimir imprudente,
su osada lengua quejándose de mí.

MELANIA
1285
Un espanto me deja helado el pecho,
desde este cerro divisé a Corina
transformarlo como ahora lo ves,
paralizado al momento, de voz y de intelecto;
no lo dudes, esta roca sin alma
1290
cubre el objeto de tu púdica flama,
Dafnis ya es sólo esta pesada carga
que inmóvil yace sobre la tierra.

ALFEA
Pobre pastor, si de tu forma cambiada
la humanidad del todo no te ha privado,
1295
si pudieras en ella retener
alguna compasión debida a mi recuerdo,
recibe estas lágrimas, que te laven mi crimen,
y estos besos que estampo en tu boca:
recibe, pastor, una ofrenda de rodillas,
1300
de quien en otro tiempo te eligiera de esposo,
sin el furor de un implacable padre:
¡ay! Tu infortunio ahora me desespera.

ECO
Espera.

ALFEA
¡Oh dulce voz, oh sonido agradable,
que te retiene vivo de algún modo!
1305
¿Supones que después de la vida
pueda oh, Eco, vivir infortunada?

ECO
Afortunada.

ALFEA
¿Yo afortunada? No me desilusiones,
toda mi dicha se basa en la agonía.

ECO
Quía.

ALFEA
¡Quía, ajá! Si a Dafnis puedes devolverle la vida
1310
podrías distraer mi subsistencia.

ECO
Existencia.

ALFEA
Me equivoco en mi gran desconcierto
por informarte de tal acaecimiento.

ECO
No miento.

ALFEA
¡Oh Cielos! Entre el dolor que me agravia,
este fúnebre oráculo me da ánimos.

ECO
Ánimo.

ALFEA
1315
Lo entendería, segura que el regreso
de este pastor debiera ser algo inestable.

ECO
Estable.

ALFEA
Hablas demasiado: la despiadada bruja
no ha eclipsado su luz para ahora retornarlo,
no habría tan pronto del corazón mostrado
1320
un execrable y celoso rencor.

CORINA
Razón tienes para creerlo, descarada,
pues más que nunca dura mi odio ardiente.
(Transformción de Alfea en fontana)
Fontana, al lado de tu amada roca
puedes tranquilamente lágrimas derramar.

MELANIA
1325
Huye Melania, y no esperes que su ira
te reduzca a la suerte de estos dos amantes.

ISANDRO
¡Ay, mi pobre hija! No volverás a ver
tu cuerpo, que ha pasado a ser húmedo flujo,
tan sólo eres agua, que lava la raíz
1330
de esta roca; cruel Corina,
desleal, repara tu error
y sólo sobre mí descarga tu furor.

(Transformación de Isandro en árbol)

CORINA
Árbol, quiero que sigas los pasos
de mi Narciso, así cual de tu raza,
1335
que, triple ejemplo a la posteridad,
bajo mi terrible y airado conocimiento,
todos se estremecen, estúpida canalla,
que no tiene en cuenta que el grupo prevalezca:
Corina puede un mundo exterminar
1340
si alguien se obstina en querer ser rival.


Acto V

ESCENA I

EURÍALO, CORO DE PASTORES, CORIDÓN, MELANIA

EURÍALO
Pensad, amigos, que una desgracia tal
afecta a la derrota, a la gloria común,
pues soportar conducirse impunemente
la afrenta cometida en su locura,
1345
la crueldad de una hechicera infame
que largo tiempo debió expiar la pasión,
lleva a que en pocos días se quede el lugar solo,
hombres, rebaños a la Parca entregados,
y todos reducidos bajo su tiranía:
1350
hallemos solución a una tal manía,
de los males del prójimo hagámonos más sabios,
ya advertidos, no nos dejemos oprimir;
Corina teme a aquel que la desprecia,
y para que la teman la Circe tiraniza;
1355
mas no debemos vencer tan sólo a medias,
sino aplastar del todo a esta Hidra infernal,
sino a obligar que vuelvan a natura
estos cuerpos privados de la humana figura;
salir después, por su muerte, del peligro
1360
de otra ver vernos cambiar en nuestras formas,
actuemos de inmediato, no tiene el Cielo sacrificio
más aceptable para su alta justicia
que el de este monstruo rival de los humanos,
transformando en sangre su valor, y sus manos
1365
doctas para dar forma a mil venenos funestos,
que nos llenan de tumbas, y de pestes,
que cesarían, si ella por siempre se extinguiera,
hora es ya de que nos pongamos en marcha.

CORO
Ella sin duda es cruel en exceso,
1370
con todos cometió la irremisible injuria:
a aquellos ofendidos que fueron de la Arcadia
la alegría, y su máximo honor;
pero irritar a una avispa tan fiera,
creer ganarle si no es por los ruegos,
1375
una ruina termina de provocar,
un mal sobre otro de imprudentes es incitar,
ya es más que suficiente lo que enseña la experiencia,
del todo domeñado temiendo mucho su ciencia,
segunda Hécate, ella obtiene un poder
1380
fatal a quien su ira osa sublevar,
no aventuremos la fuerza temeraria,
que un arrepentimiento acosa de ordinario.

CORIDÓN
¡Oh humilde tropa, y digna de que siempre
el mismo azote persiga vuestros días!
1385
Puestos en lo peor, que sin más Euríalo,
me ayude asistido por su diestra leal,
y luego ya calmado no susurre algún verso,
ni lance miradas con ojeriza,
que no impedirán que ella restituya
1390
el alma a este cuerpo, o que no la maten;
Dafnis lo desea, un pastor muy buen hombre,
Que con su gloria nuestro bosque ha llenado,
al que ama el Cielo, y al que honra la Tierra,
aunque yaciendo en insensible piedra.

MELANIA
1395
Y su Alfea, inocente belleza,
Ninfa a quien debe Venus la preeminencia,
Ninfa y honor de las delicias del mundo,
que veis que ahora mismo sólo es una onda.

CORIDÓN
El viejo Isandro, hombre de buena vida,
1400
recto sendero de la virtud conforme,
padre común, refugio de los ruines,
de nuestras riñas juez solo equitativo,
merece más, mucha más compasión,
al no poder dominar su pasión.

EURÍALO
1405
Ya que cada uno participa en la acción
bajo mi liderazgo, y unidos por valor,
venid a Corine desafiada a cercar,
de nuestras manos no se debe escapar,
que un final rápido por hechizo no imponga,
1410
a estos cuerpos sacad de su metamorfosis:
que ella abjure de un saber condenable
o si se niega, que no vea a Orco.

CORO
Lo deseamos, y no obstante moderemos
antes que nada la cólera excesiva:
1415
“lo que se puede obtener con suavidad
es más estable que logrado con fuerza”.

ESCENA II

CORINA, GRUPO DE SÁTIROS, EURÍALO, CORIDÓN, CORO

CORINA
Como un león, que de alegría y furia
ruge el instante en que a su presa otea,
las crines erizadas, los ojos chispeantes,
1420
crece su fuerza en las bramantes manadas;
de igual ardor es Corina airada;
una ingrata canalla conjurada,
un vil montón del pueblo de los bosques,
que se encamina y cree asaltarme,
1425
designio mal trazado, loco plan que revela
a alguno que mantiene mi salvación en mente,
a veces el primero de los deseos
nacidos desde el interior de su boca;
prepárate Corina para la victoria,
1430
borra de ellos hasta la memoria,
corta sin miramientos a quien pretenda tu muerte,
¡Ah, ya diviso las tropas de refuerzo
que el Sátiro acarrea en mi ayuda,
corriendo, de cariño, sin aliento!

SÁTIRO
1435
Tu voz Corina, una flor luchadora
que sin discurso, sólo es puro valor,
estos tres y yo no tememos a un ejército;
entre nuestros idénticos ricos en nombradía,
siempre en llegar primeros, y en combate los últimos,
1440
a quienes el peligro sólo de diversión sirve;
Pan, nos retiene usualmente a su custodia,
Pan, por nosotros de seguro se arriesga,
¿deseas alguna de las hazañas marciales,
que en el Cielo resuenan de estos bosques?
1445
No una, sino miles haremos al momento,
te garantizan una victoria segura;
¿mas, qué necesidad hay de emplear este brazo
contra el esfuerzo de tus pastores ingratos?

CORINA
¡La voluntad más que el efecto me obliga,
1450
ya que en este caso nada más me aflige
salvo poseer un objeto glorioso,
propia para que afluya mi cólera furiosa!
Cólera que bien puede, con pólvora menuda
desparramada al viento, hacer polvo las nubes,
1455
hacer que las tinieblas en pleno día aparezcan
y en mi ayuda los elementos me sostengan;
ahora en este momento, tus cuernos afilados,
enfrentados a tales enemigos van a vencerlos,
no necesitamos otras armas contra ellos,
1460
contra el impulso de estas liebres miedosas.

SÁTIRO
Esa es siempre tu costumbre burlona,
ya que te gusta presumir de nuestras fuerzas,
la experiencia es fe en la necesidad,
pues el oficio sabemos, ellos y yo.

CORINA
1465
¿Acaso en huir piensas?

SÁTIRO
Vencer y derrotar
a cualquier temerario que ose desafiarte.

CORINA
Por los talones sumamente dispuestos,
la apariencia se adapta a tu intención.

SÁTIRO
Vamos, vamos, hagamos una tregua en la burla,
1470
oigo caminar a una turba enfurecida
que te busca, viene recta a nosotros.

CORINA
Y yo no quiero armas, salvo mi ira,
no moveos, que al momento una tormenta
perder les hará la palabra y el coraje;
1475
como vagabundos dispersados,
los perseguiréis azotándolos hasta cansaros;
silencio, oigamos de nuevo que querrá decir
esta chusma, indigna de nuestra ira.

ESCENA III y última

EURÍALO, CORINA, CORIDÓN, SÁTIRO, CORO DE PASTORES, CUPIDO, ISANDRO, DAFNIS, ALFEA, MELANIA

EURÍALO
Embajador del pueblo que me sigue,
1480
a quienes tus hechizos han reducido a la desesperación,
devuelve, en prueba de amistad, a su forma primera
a esos tres que son la luz de nuestros bosques;
suprime el hechizo, que tiene dañados
a estos tres Soles a nuestra vista ocultos;
1485
o no podré retrasar, inhumana,
el justo efecto de un odio colectivo,
maldecirás, a quien te metió en la cabeza
la crueldad de un designio tal.

CORINA
Mi paciencia disculpa tu locura,
1490
que una amenaza indiscreta divulga;
retiraos, este complot imprudente,
va a perder a los ejecutores que se obstinen,
no he hecho ahora nada, que antes yo no hiciera
y que no fuera lo suyo de mi oficio.

CORIDÓN
1495
Piensa que su castigo ya igualó a su crimen,
todo lo que se hizo en el pasado fue legítimo,
que tu poder limite nuestra vida,
y al no estar saciado tu rencor,
destina el crimen al público inocente,
1500
dirigiendo su súplica a tu piedad;
en el momento de la tumba irritas a la Arcadia,
a causa de una queja en absoluto osada,
no das respuesta alguna, y harás que se convierta
una amenaza así en pesar vergonzoso.

CORINA
1505
Pues no, con una mano su petición presentan,
y con la otra demuestran ya la fuerza dispuesta,
eso se llama agriar un ánimo irritado;
los hay que en el peor de los casos se merecen
su dolor por querer empezar la pelea;
1510
¿cómo es posible que vengan a reprender nuestras acciones?
Retiraos más rápido que a paso normal,
o mi furor no tendrá contención.

EURÍALO
Carguemos, amigos, contra esta banda cornuda,
que viene en su ayuda, desgraciada venida,
1515
todo consiste en verla venir de cerca,
para vencerla fácilmente después.

CORIDÓN
Yo te seguiré, actúa valiente Euríalo,
moja en su sangre tu diestra marcial.

CORINA
Huéspedes del aire, favorables demonios,
1520
por el poder de la Diva de los tres nombres,
con relámpagos, truenos y granizo,
devastad a esta tropa rebelde.

SÁTIRO
Queridos compañeros, Sátiros valerosos,
continuad el ejemplo de un amoroso Alcides,
1525
el Cielo, conmovido, la victoria nos abre.

(Se desata un gran ruido detrás de la escena)

CORO
Corina, ¡ay! Haz cesar este azote.

EURÍALO
Firmes, pastores, este hechizo pasará
y su ruina infalible será;
está perdida, no tiene más recursos,
1530
pero ¿qué fuego se va expandiendo?
¿De dónde estos rayos, que siguen a este niño pequeño,
que en este combate sigue defendiéndonos?
Con esa cinta, esa aljaba y esas alas
(signos eternos de un inmortal),
1535
Amor se ha tomado la molestia de venir,
(postrémonos), va a acabar el tumulto.

CUPIDO
Maestro de los Dioses, al que Olimpo venera,
al que Pafos adora, Amate y Citerea,
a quien el universo teme, ya que sabe
1540
que todos, impotentes, sucumben a sus dardos;
quiero pastores, que entre vosotros mi justicia
cual una tempestad, convierta en calma;
árbitro único de la antigua discordia,
quiero igual devolver a cada uno lo suyo;
1545
para ello usaré esta verga que llevo,
sacada de un hechizo en el lecho nupcial
de la mejor pareja que habita en estos bosques;
anciano, recupera tu figura y tu voz;
vamos, devuelve a cada uno su confianza,
1550
que todos de mí tengan la entereza y paciencia.

ISANDRO
(restituido a su primera forma)
¡Oh bello Sol, oh clara luz del día!
¿Mi casa es la elegida para tu buen regreso?
Te presento a mi hija, al menos eso creo,
y a este Dafnis, resucitados juntos;
1555
¿qué quiere esta caterva de gente confundida?
¡Nunca de esta manera me vi tan sorprendido!

DAFNIS
(vuelto a su forma)
¿De dónde me retorna la luz etérea?
¿De dónde la belleza de mi adorada alma?
Sea lo que sea, su dulce ilusión
1560
halaga mis sentidos con tal visión;
celestial Alfea avanza una palabra
si es que no eres un ídolo engañoso,
con una maravilla aclárame la mente,
que se halla ahora sorprendida hondamente.

ALFEA
1565
(vuelta a su figura)
No te quedes aquí, ay, mi fiel Dafnis,
de este espanto aléjate, que me hace jadear,
¿Vives, alma mía? ¿Y puedo tocarte?
¿Hombre que es ahora una roca insensible?
Sí, algún Dios sensible a mis lágrimas,
1570
fuerza a Corina, y anula sus hechizos,
Percibo a este vencedor de los humanos
y la obra maestra pertenece a sus manos.

CORINA
Primero de los Dioses que nos dio apertura
en este mestizaje, do vivía la natura,
1575
indulgente, perdona el error del pasado,
atrapado en tus fuegos en un asunto helado
que me han convertido en celosa y cruel
respecto de su amor mutuo castamente;
¡Perdona, ay!, pues todo mi saber
1580
para a ti resistirte, no tiene poder;
pues tu ley, que es de autoridad suprema,
por ser tuya desvíanos hasta a nosotros mismos;
y ya que ya al final de mis días,
te complaciste en vencer mi razón,
1585
cura el furioso mal que me irrita,
o que el infierno me abra su negra puerta;
circunscribe mi vida, o el tormento amargo
que me da este pastor por amarlo.

CUPIDO
Ve, y consigue tu justa súplica,
1590
recibe en el lecho a un marido más conveniente:
el viejo Isandro que aún de vigor goza,
de esta unión yo la dicha presagio;
ahora tú, Dafnis disfruta de tu Alfea,
una vez ya pasado el rencor a Corina;
1595
en cuanto a Euríalo, remito a su buen juicio,
ya excluido el amor de una Dríada,
quiero que sea de Melania el cónyuge,
que sus deseos formen un todo armónico;
resumiendo, a porfía, y ya todos contentos
1600
sentíos como Dioses en vuestro casamiento.

SÁTIRO
¿Qué ordenas para el cruel martirio
de tu más humilde y más devoto Sátiro?

CUPIDO
Que estos pastores puedan molerte a golpes
si tu locura aumenta su cólera,
1605
si tu brutal furor no te busca
entre los bosques una amante igual.

SÁTIRO
Dura sentencia, no me reprimas más,
regula entre ellos tan sólo lo demás.

CUPIDO
Vamos pastores, en recuerdo del beneficio,
1610
a iniciar el anual sacrificio
de dos palomas, a mi madre y a mí;
vamos, coged por la ley nupcial
una buena cosecha de los placeres del himeneo,
marcad de blanco esta feliz jornada,
1615
sin temor ya a los deseos contrarios
abandonaos a los juegos y placeres,
donde mi presencia imperceptible garantizada
confirmará esta dicha duradera,
a la que mi placer me obliga a asistir,
1620
dispuesto a castigar a quien quisiera resistir.

ISANDRO
Aunque resuelto a acabar en viudez
lo que quedaba del curso de la vida,
siguiendo tu deseo el mío cambia, con tal
que yo sea aceptado por Corina,
1625
dado que a mi anhelo no le contraría el suyo;
que el ánimo unido nos empareje,
aunque algo canoso, el valor sin embargo
no me abandona en las hazañas ciprianas.

CORINA
Ahora que un Dios me ha curado su herida,
1630
tienes mi promesa, inviolable y cierta,
de obedecerte, y amarte para siempre;
esta feliz pareja olvidando desde ahora
los reveses sufridos por una ira celosa,
que dominó mi ánimo obstinado.

DAFNIS
1635
El oráculo adrede, de este modo uniéndonos,
te debe hacer que olvides este desvelo frívolo:
Alfea y yo haremos de ti madre común,
Alfea, que me ha tocado en suerte, por fortuna;
de los males sufridos el gozoso recuerdo
1640
tan sólo servirá para que de él hablemos,
¿Alfea? ¡Oh, Cielos! Apenas quiero creer
que mi dicha pudiera alcanzar tanta gloria.

ALFEA
La gloria y la dicha se me muestran, pastor,
menos no habrías podido hacer para cambiar,
1645
ni yo haber elegido en la redonda máquina
ningún otro pastor que iguale tus virtudes.

EURÍALO
Ne quieras Ninfa sufrir las consecuencias
de mi purgado error de un arrepentimiento;
perdona, hermosa y casta Melania,
1650
por mi larga y dura tiranía,
perdóname si, perdida la razón
prefiriera, aunque no había comparación,
a esta Dríada, una ingrata bravía,
cuyo nombre tenía siempre en la boca,
1655
el perpetrado mal hará que en adelante
mi celo hacia ti sea más ferviente y constante.

MELANIA
Me basta que el reconocimiento
de un merecido mirto corone la inocencia,
me basta con que tu afecto
1660
conduzca mis deseos hasta que sean perfectos.

ISANDRO
Todos contentos, ya tan sólo nos queda
cumplir con la gracia celestial,
la víctima ofrecida es sincera, y sin parcialidad,
que Cupido comparte con su madre Cipris;
1665
los Dioses sufren poco nuestro valor,
y no aprueban que se les haga regalos,
hacen sufrir a los perjuros ingratos
el peso fatal de su brazo:
vamos amigos, su voluntad cumplida,
1670
libres de inquietudes, rencores y enojos,
a quien mejor celebre esta hermosa jornada,
que nos haga brotar un milagro de amor.

F I N