, Les amours tragiques de Pyrame et Thisbé

Los amores trágicos de Píramo y Tisbe





Edición filológica utilizada:
Viau, Théophile de. Los amores trágicos de Píramo y Tisbe. Traducido por Evelio Miñano Martínez, para la colección EMOTHE. Valencia: ARTELOPE Universitat de València, 2018.
Procedencia:
Edición digital a cargo de:
  • Durá Celma, Rosa

Otro tipo


Elenco

Tisbe
Píramo
Bersiana
Narbal
Lidias
El Rey
Sílar
Disarco
Deuxis
La Madre de Tisbe y su Confidente
[El Mensajero]

[El Mensajero]. Solo figura en 1626S, para corregir la errónea atribución de dos intervenciones a Sílar en el acto III, escena II.


Acto I

Tisbe, Bersiana, Narbal, Lidias, el Rey, Sílar

Escena 1

Tisbe, Bersiana

Tisbe
Separada por fin del ruido y los molestos,
mi fantasía a solas conmigo retirada,
ya puedo abrir mi alma a la luz de los cielos,
libre ahora mi voz, libres también mis ojos:
5
me es permitido aquí decir tu nombre, Píramo,
me es permitido aquí llamarte alma mía.
Alma mía, ¿qué dije? Esto es mal discurrir,
que el alma nos da vida y tú me haces morir.
Verdad es que la muerte que tu amor me procura
10
es la única cosa que yo llamo vivir:
lento y adormecido sin amor, nuestro espíritu [N]
X
Nota del traductor
espíritu

Según Michèle Rosellini (2012a: 39), el autor se refiere al espíritu vital de la medicina galénica.

como en un sueño pasa nuestros jóvenes años;
antes de haber amado no se conoce el uso
que albergan los sentidos y los rasgos del rostro;
15
faltos de esa pasión, el animal más torpe
sabría el bien y el mal aún mejor que nosotros,
sería nuestro sino igual que el de los árboles
y en nosotros serían las bellezas cual mármoles
donde al grabar la imagen de lo humano, el Obrero
20
no sabría hacer que ojos y manos se movieran.
El ojo cuyo brillo solo luce a ventura
es como el sol oculto por la naturaleza,
antes que hubiera entrado en sus casas del cielo
y mirado lo bellas que son las estaciones.
25
Mas yo creo que solo desde la hora primera
en que amor me tocó, conseguí ver la luz,
y que mi corazón no comenzó a vivir
sino cuando se puso a suspirar de amor;
y a pesar de que el cielo haga fluir mi vida
30
en esta pasión con un poco de envidia,
que mil impedimentos combatan mis deseos,
que amenace un funesto final nuestros placeres,
que las tercas discordias de un odio inveterado
aún dividan la casa de Píramo y la mía,
35
que todo, hombres y cielo, arruine mi designio,
yo, aun así, no podría, de este pecho arrancármela;
y si pudiera hacerlo, mucho me apenaría
que mi alma se curara de tan dulce tormento.
Una salud como esa me daría la muerte;
40
solamente pensarlo me enoja y hace daño.

Bersiana
¡Cómo os habéis podido alejar de nosotros!
¿Os atrevéis a ir sin compañía alguna?
Todos están en casa preocupados por vos,
y aún más vuestra madre, que está muy irritada.

Tisbe
45
Y eso, ¿por qué? Mi vida, ¿tan sospechosa es?

Bersiana
¡No!, mas los viejos siempre quieren que los respeten.
Deberíais, al menos, habernos avisado,
mostrando de algún modo que ibais a salir.

Tisbe
¿No sabes que me gusta soñar, estar callada,
50
que, por mi natural, soy algo solitaria,
que intento muchas veces alejarme del ruido?
Siento, a decir verdad, odio por quien me sigue;
a veces, mi tristeza hallaría molesto
incluso conversar con la buena fortuna
55
y me disgustaría la visita de un dios;
hasta un rayo del sol me enojaría a veces.

Bersiana
¿Una hoja que cae, un céfiro, un átomo?

Tisbe
Imagina el efecto que tendría un fantasma
y cómo me vería yo misma castigada
60
si un infernal espíritu viniera a hablar conmigo.

Bersiana
Según eso, ya formo parte yo de ese número.

Tisbe
Nunca algo vivo más se pareció a una sombra.

Bersiana
¿Y por qué esos desdenes?

Tisbe
Viejo espectro de huesos,
¡vaya ganas que tengo de que tú me entretengas!

Bersiana
65
Advierto claramente que murmura de mí.
Concluyo, pues, que soy esa infernal figura.

Tisbé
No es eso lo que digo, más te imaginarás…

Bersiana
Que conversar conmigo es algo prescindible.

Tisbe
Justamente.

Bersiana
Comprendo, si no me falta seso.…

Tisbe
70
Que otra cosa que tú tengo en el pensamiento.

Bersiana
Tenían sus motivos, Tisbe, nuestra sospechas
cuando todos los días tanta advertencia os dábamos;
no yerra vuestra madre poniendo ojos y oídos
en lo que estáis haciendo.

Tisbe
No importa que vigile.
75
Yo nunca nada hice para temer testigos,
mi inocencia se burla de vuestras inquietudes,
me turban todas ellas lo que el ruido de una hoja,
pues vivo sin reproche.

Bersiana
¡Ah, Dios lo quiera así!

Tisbe
Adiós, búscate a otro que te quiera escuchar.

Bersiana
80
Por mucho que uno esconda tal secreto en los huesos,
el amor, la ambición, el orgullo y la cólera
en nuestras frentes siempre se muestran claramente.
Espero yo que, en breve, lleguemos al final
de esta confidencia y lo sepamos todo.

Escena II

Narbal, Lidias

Narbal
85
¡Persistir, pese a mí, en ese amor funesto!
El ingrato me debe, tras al Cielo, la vida.
Tú que cobardemente adulas su quimera,
quieres que mi razón ceda a tu frenesí
y, trayendo el recuerdo de lo que antaño hice,
90
quieres aconsejarme la perdición de mi hijo.
Es cierto que, hace tiempo, yo sentí esa llama,
cuando animaba a mi alma la sangre más sutil.
Esclavo como soy de la ley natural,
como otros, en mi tiempo, ardía de ese fuego.
95
Mis designios, no obstante, lícitos siempre fueron
y mis justos deseos, dichosos e inocentes.

Lidias
De aquello, desde entonces, perdisteis el recuerdo,
mas si los mismos años os pudieran volver
y la ley natural, para favoreceros,
100
borrando en vuestra mente el horror de la tumba,
devolviera la fuerza a vuestros miembros rotos
y pusiera vuestro ánimo en su primer estado,
vuestro rigor, yo creo, de otro modo hablaría
y vuestros sentimientos no serían tan firmes;
105
ese hijo a quien mostráis tan mala voluntad
os vería cambiado de censor en rival.
No se pueden domar las pasiones humanas,
contra Amor la razón es importuna y vana,
una figura amable siempre tiene derecho
110
a hechizarnos si estamos en situación de amar.
Pronto se ve sujeta el alma a una belleza
por lo que cuentan de ella ojos y pensamiento.

Narbal
Tu mente participa aún de la estación
que no ve madurar frutos en la razón.
115
Yo que estoy bien curado de ese humor inconstante
y todos los peldaños de la edad ya pasé,
conozco más que tú la vida y el deber
y, mejor que tú, pronto se lo haré yo saber.
Amar sin mi permiso, dar pábulo, obstinado,
120
a un amor que lo pierde y me deshonra a mí,
de un mortal enemigo acudir a la hija:
prefiero el corazón arrancarte del pecho.
Ya desistirás, terco, que yo te enseñaré
el respeto que debes a tus progenitores
125
y que no debes nunca cultivar tu pasión
ni trazar tus designios si no es con mi permiso.

Lidias
Para probar fortuna en semejante asunto,
jamás es necesario tener licencia alguna;
de nada serviría cuando es un accidente:
130
en esto, se es más fino cuanto más imprudente.
No se pide permiso para una aventura;
se pide, en todo caso, a la naturaleza,
que guía nuestras vidas, o se apela a los dioses,
que tienen en sus manos nuestros ojos y espíritus.

Narbal
135
¿No sabe que me debe, por fuerza, complacer?
¿Que ese furtivo amor mi cólera irrita?
¿Que con ese proyecto va menguando mis días
y persistiendo en él comete un parricidio?
¿Aprueban, pues, los dioses, que son equitativos,
140
que se hagan fechorías?

Lidias
Si son inevitables,
no quieren apartar nuestros pasos los dioses.
Por encontrar el crimen un cebo en el amor,
que el rigor de las leyes sustenta y acrecienta,
incluso Radamantis [N]
X
Nota del traductor
Radamantis

Radamantis, hijo de Zeus y Europa, juzga a los muertos en los Infiernos.

se apiada de los que aman;
145
en cambio, un negro humor que mueve al asesino,
un natural cobarde inclinado a los hurtos:
eso es lo que horroriza al cielo y a la tierra;
sobre eso debe el rayo justamente caer,
mientras que los anhelos de un deseo amoroso
150
que del alma y del cuerpo solo aspira al placer,
merecen una ayuda, y querer arruinarlos
es propio de un humor envidioso y triste.

Narbal
Tus discursos no son bastante persuasivos:
ese mal es de pechos blandos, flacos y ociosos,
155
donde la sensatez jamás quiso morar
y la virtud jamás tuvo oportunidad.
¡Ya basta! Aunque pidiera la razón lo contrario.
el imperio paterno mantendrá su derecho.
Mi poder absoluto romperá esa empresa,
160
y hará mi autoridad que renuncie a su empeño.

Lidias
Vos queréis que Ixión, atado en los Infiernos
se arranque de su rueda y rompa sus cadenas,
que un hombre ya difunto reciba curación,
que Sísifo descanse [N]
X
Nota del traductor
descanse

Sísifo fue condenado a empujar eternamente una roca hasta lo alto de una pendiente, que volvía a caer cuando llegaba arriba.

y que Tántalo beba [N]
X
Nota del traductor
beba

Tántalo fue condenado al suplicio de una sed eterna. Sumergido hasta el cuello, cada vez que intentaba beber, el líquido retrocedía.

.
165
Nuestros esfuerzos solo tienen poder humano:
quien tiende a lo imposible, se da trabajo en vano.

Escena III

El Rey, Sílar

El Rey
Son demasiados votos, son demasiadas lágrimas;
hay, pues, que recurrir a otras armas mejores.
Esa ingrata y esquiva, con todos sus desprecios,
170
demasiado tormento ha infligido a mis ánimos.
Mi calidad de Rey, mi brillante fortuna,
en lugar de atraerla, la extrañan e importunan.
Innoble y deshonesta como es, ella prefiere
a un mero ciudadano.

Sílar
Le atrae su semejante.

El Rey
175
Sin embargo, yo haré, si sigo bajo el sol,
Que poco capaz sea, hoy mismo, de gustarle.

Sílar
¿A qué medio tan bueno podéis, pues, recurrir
para volverlo odioso?

El Rey
Lo voy a hacer morir,
pues cualquier otro medio es dudoso y grosero.
180
Cuando por fin lo vea sangriento sobre el polvo,
y sus ojos muriendo, torcida la mirada,
horriblemente quietos, permanezcan abiertos,
muy dentro habrá de estar el amor en su mente
si una imagen como esa, no lo expulsa de allí [N]
X
Nota del traductor
allí

En la elegía “Cloris, lorsque je songe en te voyant si belle” (Viau, 2017: 174-176), el poeta desarrolla con mayor amplitud este mismo tema para mostrar cómo a la vista de las injurias que inflige la muerte al cuerpo amado, el amante no puede persistir en su amor: “Ceux qui jurent d’avoir l’âme encore assez forte / Pour vivre dans les yeux d’une maîtresse morte, / N’ont pas pris le loisir de voir tous les efforts / Que fait la mort hideuse à consumer un corps (…)”.

.
185
Yo sé muy bien que Tisbe su muerte no verá
sin vívidos dolores, sin abundantes lágrimas,
mas al paso del tiempo, hasta la ínfima huella
del dolor más intenso se disipa y se borra.
Al ver que la figura de su primer amor
190
ya no ama, ya no siente, ya no comparte el día,
ella, que seguirá viva y aún sensible,
entonces a mi afecto será más accesible.

Sílar
¿Violaríais la ley de tanto que la amáis?

El Rey
Sabes que la justicia es inferior al Rey;
195
si la razón no asiste, buena es la violencia
que usa bien los derechos que tiene una corona.

Sílar
Pero sabéis que siempre vale más la equidad.

El Rey
Los grandes reyes deben vivir como los dioses.

Sílar
Por eso en esta tierra sois sus lugartenientes.

El Rey
200
A voluntad, su cólera hace caer el trueno
y aunque están inclinados, o parece, a querernos,
por mostrar su poder hacen morir a todos.
Y yo, mi mejor parte al cielo se la debo,
pues tiene simpatía mi alma con los dioses:
205
me gusta que me teman, y creo que la muerte
siempre es justa si alcanza a los que no me gustan.
Y Píramo es de esos, legítima es su muerte,
pues disgustar al Rey es cometer un crimen.
Él no es nada inocente. Los que la ley del sino
210
hace odiosos al Príncipe, se merecen la muerte.
Mi amor lo ha concluido. Ese cruel tirano
conmigo ha pronunciado el fallo irrevocable.
Mi víctima será, y yo juro que, antes
de que se haya podido mirar el sol naciente,
215
aunque tenga mi mano que ejecutar a mi odio,
su muerte, ya resuelta, aliviará mi pena.
Esa acción oficiosa aquí me mostrará
quién, de todos los míos, es el que más me ama;
con esto yo tendré una prueba segura
220
de la fidelidad que tanto me han jurado.

Sílar
¿El tiempo y la razón podrían aplacar
los violentos deseos?

El Rey
Tan solo acrecentarlos.
El tiempo y la razón harán del fuego hielo
y antes me arrancarán el corazón del pecho.

Sílar
225
Ya que esa voluntad no se puede apartar,
cueste, pues, lo que cueste, hay que darle salida.
Aquí estoy, mi señor, pronta el alma y la mano
a cumplir los designios que me hayáis destinado.

El Rey
¡Cómo ¡Te me anticipas! ¡Lo veo de verdad:
230
quieres que agradecido doblemente te esté!
Mayor es el placer que viene sin pensarlo.
Quien consiente que pidan, ya tiene recompensa;
y lo mismo le ocurre al que ve claramente,
si no se hace el sordo, nuestro deseo apremiante.

Sílar
235
Voy a ocuparme ahora mismo de nuestro asunto.

El Rey
¡Cómo me favorece con tu amistad el Cielo!

Sílar
Y dentro de dos horas le echaremos el guante.

El Rey
Mejor hoy, ciertamente, que esperar a mañana.
Y no te he dicho nada aún de tu salario.

Sílar
240
Solo espero, Señor, el honor de agradaros.

El Rey
Sé que todo servicio merece recompensa

Sílar
Bien sabe cómo debe emplear a los hombres:
un acto como este se sustenta en la paga.
Es el más liberal de entre todos los reyes;
245
mejor lo sirven, pues. El oro tiene medios
que por doquier nos llevan espíritus y cuerpos.


Acto II

Tisbe, Píramo, Disarco

Escena 1

Píramo, Disarco

Píramo
Sé bien, querido amigo, que tu prudente empeño
es sacarme la llama y la muerte del pecho,
y hacer que se recobre mi pobre alma extraviada
250
que, desde hace dos años, se separó de mí.
Mas, que lo sepas, mi alma tu razón aborrece;
para mí, tus consejos son como una traición,
y al instante en que vienes a decirme que apague
el fuego del que noche y día yo me quejo,
255
aun cuando soy consciente del error que cometo
como de tu amistad, me horroriza tu voz.
Te odio, si enemigo eres de mi contento:
a tu espíritu, debe agradarle mi humor,
déjate del cuidado de censurar mis lágrimas,
260
que tu afecto consienta a estas desdichas mías,
y que tu entendimiento ponga toda su industria
en conservar mi mal.

Discarco
¡Oh, Dios mío, qué furia!

Píramo
Si no, yo te tendré por despiadado y bárbaro.

Disarco
¡Mal conocéis los frutos que trae la amistad!

Píramo
265
Yo quiero que mi amigo, sin ficción ni reserva,
me complazca, sirviéndome, en toda mi pasión.

Disarco
Mas, ¿y si vuestro amigo os hubiera encontrado
en peligro mortal?

Píramo
Que me deje morir:
el más cruel despecho que a los desesperados
270
entrega la Fortuna es forzar a vivir.

Disarco
Es cierto que un deseo, una vez arrastrado
hacia un funesto amor, más firme aún se hace.
Nos retractamos antes de una intención legítima
por hacer algo bueno, que de un fin criminal.
275
Más cebos tiene el mal, y lo que más nos daña
con más habilidad y más vigor nos sigue.
Vos corréis obstinado, parece, a vuestra pérdida,
cualesquiera que sean las trabas que encontréis;
vuestros padres, que obliga un deber natural,
280
os oponen aquí su absoluto poder.

Píramo
Eso es lo que, aún más, enciende mi deseo:
me gusta quebrantar una ley si es tiránica.
Amor no tiene dueño; las trabas que ponéis
me hacen más seductor aquello que deseo.
285
Son para mí ocasión de mostrar que soy fiel
y de probarle a Tisbe que oso todo por ella.
¿No has reparado nunca en toda su belleza?
Tú que a todo prefieres siempre la novedad,
tú que, de las riberas donde el sol amanece
290
a las aguas remotas en que se acaba el día,
has hecho de tus ojos jueces de lo más bello,
¿has descubierto algo que pueda gustar más?

Disarco
Es verdad que hay en ella algo de lo más raro.

Píramo
¡Dirás que hay algo en ella que tentaría a un bárbaro!
295
Aquel que sus miradas no pueden conmover
es más duro que un tronco, más duro que una roca.

Disarco
¡Qué discursos tan propios de la melancolía!

Píramo
Tu razón vale menos, creo, que mi locura,
y te apiadas de mí sin motivo, acusándome
300
de un error en que dioses ya querrían caer.
Nunca me hables así: tu resistencia es vana,
y si no te has jurado conseguir que te odie,
si no te has decidido a romper con tu amigo,
deja, pues, de mandar en mi propia pasión.
305
Quisieras que yo amara del modo más común,
que un cobarde designio por hacer mi fortuna
me llevara hasta el fin que para mí pretendes.

Disarco
Quisiera gobernar algo vuestras pasiones
y salvar vuestro espíritu de peligro y censura.

Píramo
310
¿Te corresponde a ti gobernar, pues, mi alma?
¿Fue encerrado aquí dentro por ti mi corazón?
Deja a Naturaleza que obre: ella lo formó,
así como también a Tisbe le dio forma
para encenderme el pecho y por él ser amada,
315
pues en humor iguales, en edad y deseo,
la misma pena, el mismo placer ambos ansiamos;
y si a favorecer mi rostro me atreviera,
nos reconocerían en una misma imagen.
Fue el primer cebo que hizo mi pecho suspirar,
320
la primera esperanza con que me atrajo Amor,
esperanza que a mi alma felizmente ilusiona,
pues sus ojos se muestran propicios a los míos,
me colman de favor; en fin, seguro estoy
de que el amor es mutuo: así me lo ha jurado.
325
Mis labios en sus manos la prenda le tomaron,
y, para confirmarlo con escasas palabras,
su mente me lo ha dicho, la prueba está en sus ojos,
pues en nuestros discursos la voz habla muy poco.
Una mirada nuestra le dice al alma herida
330
muchos más pensamientos de los que encierra un libro [N]
X
Nota del traductor
libro

La idea de que los amantes se hablan con su silencio ya figura en las historias de los amantes de Marino (1993, 421: vv. 490-510) y de Montemayor (1602: 214). Ambos se refieren al momento concreto en que, por primera vez, Píramo ve a Tisbe.

,
y suspiros de fuego, que entre uno y otro van,
mejor que un confidente, hablan a los sentidos.
Y no necesitamos que entrometido alguno
trate de nuestro amor: nos molestan los árbitros.
335
Es óptimo el servicio del mejor confidente
cuando nuestro interés no mezcla con el suyo.
Según su libre antojo, ya avanza o retrocede
el ciego movimiento de un espíritu ardiente;
yo, a un gobernador no podría sufrir,
340
menos prosperidad prefiero al triunfar.
Excesivos cuidados impone la prudencia;
nada ansía mi alma sino mi servidumbre;
en ella hallo mi bien más que en mi libertad,
y, sin duda, la amo tanto como a la luz.

Disarco
345
Como esto es una peste pegada a vuestros huesos,
una flecha mortal clavada en vuestro pecho,
en vano uno se esfuerza en intentar curaros.

Píramo
No me pueden curar sin hacerme morir.

Disarco
Pues cuidad bien, al menos, de que este amor furtivo
350
no tenga para vos funesto desenlace;
sois ahora espiados, de lejos y de cerca,
por ojos vigilantes, enviados adrede.

Píramo
Pues inútil será toda su diligencia:
el alma enamorada no es tan poco sutil.
355
Sabemos elegir el tiempo y el lugar,
donde ni un dios siquiera podría descubrirnos.
Deja de preocuparte y permite, sin más,
si me quieres amar, que mi furor me dure.
Adiós, déjame a solas hablar conmigo aquí.
360
La noche ya se acerca, se ha oscurecido el cielo,
mi amante ya me espera. Y para complacerme,
el otro sol se va cuando este me ilumina.
Sin manera de hablarnos en ninguna otra parte,
sin forma de encontrarnos en un lugar mejor,
365
una pequeña grieta abierta en esta piedra,
que, hasta ahora, tan solo nosotros conocemos,
nos permite traer y llevar en secreto
las palabras que Amor nos permite decirnos,
pues en este lugar nuestra pasión discreta
370
saca un poco a la luz nuestras llamas secretas.
Aquí, crueles padres, pese a vuestra dureza,
conseguimos que pasen nuestras tímidas voces;
nuestros pechos abiertos, pese a esa tiranía,
hacen besarse aquí a nuestras voluntades.
375
Consejeros crueles y padres sin afecto,
mirad cómo este mármol se hiende de piedad,
y ante nuestro dolor, el seno de estos muros,
por guardar nuestros fuegos, se abre las entrañas [N]
X
Nota del traductor
entrañas

Esta misma idea, con un desarrollo diferente, figura en Piramo e Tisbe, idilio VIII de La Sampogna de Marino (1993: 418, vv. 445-452), formulada por el narador en este caso, como ya selañaron Schirmacher y Cabeen (Saba, 1999a, II: 319). La misma idea también se encuentra en Píramo y Tisbe de Jorge de Montemayor (1602 [1561]: 213). Góngora sugiere algo parecido sin hablar propiamente de piedad: la pared, que separó a los amantes desde la infancia y oyó los ruidos de uno y otro lado, “tan bien la audiencia le supo / que años después se hizo / rajas en servicio suyo” (Góngora, 2011 [1618]: 57, vv. 37-40); la propia Tisbe considera después que la grieta es un efecto del amor: “Efecto improviso es, / no de los años diuturno / sino de un niño en lo flaco / y de un dios en lo oportuno. / Pared que nació conmigo / del amor solo el estudio/ no la fueza de la edad / desatar sus piedras pudo” (Góngora, 2001 [1618]: 59, vv. 193-200). H.C. Lancaster (1966 [1929], I: 173) considera que la misma idea se les pudo ocurrir independientemente a Marino y a Théophile, y no piensa que este le deba nada a Góngora.

,
cómo a nuestro contento hasta el aire se rinde.
380
El aire, el más severo de los cuatro elementos,
padre de las heladas, fuente de las tormentas,
más humanidad tiene que vuestros rudos pechos [N]
X
Nota del traductor
pechos

Esta contundente y explícita acusación de Píramo a los padres no se encuentra por lo general en las reescrituras francesas del mito, más proclives a buscar su conmiseración. El antecedente más directo son las acusaciones de Tisbe al padre en el idilio VIII de La sampogna de Marino (1993 [1620]: 456 vv. 1429-1442), que a su vez siguen de muy cerca las del Píramo y Tisbe de Montemayor (1602 [1562]: 227). Curiosamente, frente a lo que ocurre en ambas obras, Tisbe no acusará aquí a sus padres antes de morir al final de la tragedia.

.
Pero oigo un ruido: es ella, no podía faltar.
Creo que estoy perdiendo de contento el sentido.
385
Ella no miente nunca y le remordería
pedirle a su amante demasiada paciencia.
Veo cómo se acerca, con los pasos contados,
suspicaz, con los ojos mirando a todas partes.

Escena II

Tisbe, Píramo

Tisbe
¿Eres tú, prenda mía?

Píramo
¿Quién os ha retenido?
390
Al menos este día, he llegado primero,
acudís más tarde de lo que yo hice ayer.

Tisbe
Tienes razón, es cierto, no lo puedo negar,
mas cuando te haya dicho lo que a ello me obligó
yo creo que, a la fuerza, lo sentirás por mí.
395
Me compadecerás, porque no considero
que el daño que me han hecho sea menor que la muerte.

Píramo
¡Cómo! ¿Os han ofendido de algún modo, alma mía?
¿Acaso alguien ha herido a Píramo ausente?
No podría ni hacerlo un dios impunemente.

Tisbe
400
Esa ofensa solo era la inoportunidad
de una vieja horrorosa y necia criatura
que hoy me ha sometido el alma a la tortura,
que tanto me ha ordenado, que tanto me ha advertido,
tanto me ha repetido inútiles palabras
405
que antes se agotaría del agua la humedad
que ese triste humor suyo tan dado al cotorreo.

Píramo
Y decidme, os lo ruego, ¿cuál era la intención
que tenía la vieja cuando más se explayaba?

Tisbe
Pues que obedeciera perfecta y plenamente
410
a quienes debo yo el bien de haber nacido,
que también renunciara a deleite cualquiera
salvo que lo eligiera por mí su autoridad,
que defendiera bien mi mente y mis oídos
del dardo con que Amor la sangre joven prende,
415
pues no corren los jóvenes ni riesgo ni peligro
por escuchar consejos en materia de amor,
que aun para el más dichoso es funesto este cebo,
y que es un precipicio, un veneno, una peste.

Píramo
Hizo, pues, que el amor muy odioso os resulte.

Tisbe
420
Ella me lo pintó como lo ven sus ojos.

Píramo
¡Qué cambios más extraños en la naturaleza!
Un pobre cuerpo ajado que solo es podredumbre,
una vieja de humores resecos por la edad,
cuya decrepitud pervierte sus costumbres,
425
una sangre de plomo, siempre fría cual hielo
a no ser que una fiebre la recaliente un poco,
una osamenta solo movida con engaño,
al que el nombre pondríamos de fantasma viviente,
no deja de acosar, con envidia celosa,
430
los entretenimientos de nuestra juventud.
Esos viejos, de espíritu y de cuerpo decrépitos,
erigen la impotencia en signo de virtud;
ellos, que el curso siguen de la naturaleza
y viven al antojo que dicta su vejez,
435
se empeñan en forzar el orden de los tiempos
haciéndonos ya viejos a la edad de veinte años,
censuran nuestros hábitos con su ejemplo, imprudentes,
alegando qué son y no aquello que fueron.
Al menos, vida mía, en esa necia cháchara
440
espero que ese espíritu nada te haya influido [N]
X
Nota del traductor
influido

Théophile desarrolla también esas ideas sobre la vejez, con argumentos muy parecidos, en su “Satire première” (Viau, 2017: 150-151).

.

Tisbe
Me pasó ese discurso más lejos que una nube.

Píramo
¿Tu buena voluntad no habrá, pues, decaído?

Tisbe
Tanto más ha crecido: no han hecho sino echar
azufre entre las llamas para avivarlas más.
445
Yo soy de un natural al que la resistencia
fortifica el deseo, la esperanza y constancia;
creo que tantas veces me verían morir
cuantas me hagan oír esas molestas voces;
al contrario: mi amor más y más aún persiste
450
ardiendo con más fuerza cuando se le resiste,
y nada estimo tanto cual la oportunidad
de todo lo que pueda avivar mi pasión,
pues con el ser divino, al que doy mi amor todo,
quiere el sino que sea totalmente feliz
455
y que merezcas bien la inviolable fe
que yo te guardaré hasta la sepultura.

Píramo
Yo, si la sepultura les dejara a las almas
algún pequeño rayo de sus difuntas llamas,
no tendría más fuego que tú en los Infiernos,
460
y, dentro de sus cárceles, sino cadenas tuyas.
Mas con estas palabras no estamos reparando
que esta dulce entrevista, en que Amor nos demora,
si no somos prudentes, pronto nos faltará.

Tisbe
¡Ay! ¿No podremos nunca decirnos algo más?
465
Las aves en los bosques tienen el día entero
para cantar la furia que Amor les infudió,
las aguas y los céfiros, cuando hacen el amor,
su risa y sus suspiros prolongan noche y día.

Píramo
Debemos retirarnos, pues mucho yo me temo
470
que de este poco bien nos puedan aun privar.

Tisbe
Volveré a más tardar en una hora aquí.

Píramo
Y yo muerto estaré, si a este lugar no vengo.


Acto III

Deuxis, Sílar, Píramo, el Rey

Escena 1

Deuxis, Sílar, Píramo

Deuxis
Un funesto presagio, Sílar, me altera el ánimo,
un témpano de espanto me oprime el corazón;
475
tenemos un propósito que pone ante mis ojos
las justas decisiones del hombre y de los dioses.

Sílar
¡Qué! ¿Te falta valor?

Deuxis
Percibo imposición
en lo que me propongo, no percibo temor.

Sílar
Conozco tu valor; y por esa razón
480
contigo cuento yo para este asunto aquí.

Deuxis
Es hermoso intentar una muerte legítima
por una gran hazaña cuando se hace sin crimen.
Todos llaman valor al generoso ánimo
que, no siendo inhumano, no es nada temeroso,
485
que muere en una brecha y cuyas honras fúnebres
se hacen bajo los muros del enemigo en ruinas.
Es la muerte o loable o ignominiosa
según sea el sujeto o cobarde o glorioso;
mas piensa con qué fin la espada hemos tomado,
490
qué hazaña nuestras manos ya van a acometer.
¡Qué! ¡Sin ser ofendidos, nos queremos vengar!
Cuando no se siente odio, no se puede inventar.

Sílar
Nos han hecho un encargo que da plena licencia.

Deuxis
Atacar la inocencia trae remordimientos.
495
Él no nos hizo nada, y queremos matarlo.

Sílar
La voluntad del Rey se debe ejecutar.

Deuxis
Si algún ligero exceso contentara su cólera,
creo que lo podríamos complacer justamente,
pero en un hecho tal, en una traición,
500
se le puede desobedecer, y con razón.

Sílar
El pueblo que desmiente a su Rey, aunque justa
pareciera su acción, está haciendo una ofensa.
Cual dioses en el cielo, los reyes en la tierra
establecen también las leyes soberanas;
505
se reparten a iguales cuanto en el mundo cabe:
unos, reyes del cielo; dioses de la tierra, otros;
en un instante, Júpiter hace mover los astros;
con el mismo poder nos dominan los príncipes;
cual grandeza de dioses se muestra su grandeza,
510
cual voluntad de dioses su voluntad se mide.

Deuxis
Se les debe obediencia cuando, dando sus órdenes,
imitan a los dioses que actúan con justicia.

Sílar
Indagar su secreto es gran temeridad,
les toca a ellos decir; y a nosotros, obrar;
515
si dio una mala orden, el crimen perpetrado
recaerá en él, y nos perdonarán:
el deber ignorante hace al alma inocente.

Deuxis
Mas si esta sabe el mal, consiente cuando actúa.
¡Un deber ignorante! ¿No ves que están tramando
520
a ese pobre inocente una muerte tan pérfida
que otra igual al infierno no se le ocurriría?

Sílar
Aprende: un siervo debe obedecer al amo.
Si se atendiera solo al honor y al derecho,
todos, sin duda, aquí ya nos reprenderían,
525
mas obramos forzados, pues nos obliga el Príncipe
y hemos de obedecerle, es algo necesario.

Deuxis
¿Y por qué necesario? Más vale que caigamos
en su desgracia eterna.

Sílar
¿Más vale, pues, morir?

Deuxis
Prefiero yo la muerte a vivir con vergüenza
530
y arrastrar criminales remordimientos siempre.
Si el can de los Infiernos [N]
X
Nota del traductor
Infiernos

El can monstruoso Cerbero, que guarda la entrada a los Infiernos.

viene con sus ladridos
a turbar a los vivos, mil veces mueren estos,
mas morir con honor es tomar el camino
de un dichoso descanso en los Campos Elíseos [N]
X
Nota del traductor
Campos Elíseos

Paraíso de la mitología griega, reservado a las personas heroicas y virtuosas.

:
535
feliz deja el espíritu al cuerpo desatado
de viciosas discordias con sus propios sentidos.

Sílar
Por dulce que Mercurio prepare la acogida [N]
X
Nota del traductor
Por dulce que Mercurio prepare la acogida

Hermes, con el que se identifica el Mercurio romano, acompañaba las almas de los difuntos a los Infiernos.

,
debes creerme: un hombre se turba al separarse,
los cuerpos fenecidos, cubiertos de una losa,
540
hacen polvo los huesos; gusanos, la carroña;
los errantes espíritus, por las riberas fúnebres
de un ignoto Cocito, no son más que tinieblas.
Que le reino de Plutón sea buena morada
es un cuento: no hay nada tan bello como el día,
545
más vale un perro vivo que todas las cohortes
de tigres, de leones o de panteras muertas.
Aunque soy hombre pobre, prefiero yo mi suerte
a la de cualquier príncipe o monarca difunto.
Sigue, pues mi consejo: no demos nuestras vidas
550
por preservar a otro, no seamos tan necios.

Deuxis
¿Por ello moriríamos?

Sílar
¿Crees que vivirás
cuando te hayas burlado del mandato del Rey?

Deuxis
¿No teme el Rey acaso la justicia más alta?
Haciéndonos morir, saca a la luz su falta.
555
No subirían nuestras cabezas al cadalso
sin revelar allí su criminal defecto.

Sílar
Para exterminarnos cuando le venga en gana
un rey tiene cien medios de quitarnos la vida.
Estamos en sus manos, nos pueden suprimir
560
y hasta inocentemente castigar al más justo.
Por culpable que sea un rey al acusarnos,
su gran autoridad no carece de excusa.
No se debe confiar contra él en el derecho,
el pretexto más falso puede justificarlo,
565
la pérdida, además, de dos como tú y yo
no será reprochable a nuestro Soberano.
Otros que tan piadosos no son como nosotros
y que se jactarían de tan alto secreto,
no temerán seguir al Rey en este rumbo.
570
¿Crees que sufriría, después, que aún viviéramos?
Tú y yo no evitaríamos de su brazo irritado
la injuria de un suplicio a mitad merecido.

Deuxis
Habrá, pues, que exiliarse, y lejos de un imperio
inseguro y nefasto a la gente de bien.

Sílar
575
Corriendo el universo de uno a otro confín,
no nos escaparíamos; un Rey va por doquier,
son tan largas sus manos que, por todo este mundo,
sin moverse de un sitio, alcanzan tierra y mar.

Deuxis
Es cierto lo que dices, tu razón me confunde.

Sílar
580
Culpables ante el Rey de esta cobarde falta,
estamos condenados; mas cumpliendo sus órdenes,
será después, sin duda, grande nuestra fortuna.
Los favores reales nos dejarán saciados:
ríos, en nuestros cuartos, áureos correrán.

Deuxis
585
El oro lo corrompe todo con sus hechizos;
prosternado ante él, rinde el honor las armas;
no hay tan fuerte muralla de justicia o de fe
que no rompa; no teme la piedad ni la ley.
Todo lo puede el oro, hasta cuando su cebo
590
a los valientes tienta que la miseria oprime,
como a mí, desgraciado, que el espanto del hambre
obliga a desear esa odiosa ganancia.
Monstruo de la pobreza, tu diente es más funesto
que el fuego más ardiente y la más fuerte peste.
595
El criminal que el miedo atormenta sin fin
tiene un dulce castigo, comparado a tus reos.
De los remordimientos del acto más infame,
el alma se consuela cuando tiene caudales.
El oro purga el crimen y nos cura de todo.

Sílar
600
La cosa, al fin, va bien; veo que se decide.

Deuxis
La suerte ya está echada, mi alma esa dispuesta
para lo que tú quieras, fácil veo el asunto.

Sílar
Nos basta únicamente con espiarlo aquí.

Deuxis
Aquí está, me parece.

Sílar
Lo creo yo también.

Deuxis
605
¡Hagámoslo a la vez!

Píramo
¡A mí, no me sorprenden!
Asesinos, veréis si me sé defender.
Aun solo contra dos, os haré comprender
que cuando uno me ataca, se arrepiente después.

Deuxis
¡Oh dioses, me han herido!

Píramo
Si no es mejor tu mano,
610
esa sangre cobarde vomitarás al punto.
Tu suerte, cual la suya, ya pende de mi espada.

Sílar
¡Huyamos, que parece fantasma del infierno!

Deuxis
¡Cómo echo yo de ver, oh mis dioses, aquí
que contra su conciencia nunca debe uno obrar!

Píramo
615
¿Su conciencia, ladrón? Ese remordimiento
solo te oprime porque vas a ver a los muertos,
porque sientes pavor de que una pena eterna
reciba cuando mueras a tu alma criminal.

Deuxis
¡Ah, si me concediérais un poco de licencia
620
para poder hablaros mientras tenga aún juicio!

Píramo
¡Qué me puedes decir?

Deuxis
Algo que a buen seguro
os podría servir.

Píramo
Debo, pues, escucharlo.
¿Qué es?

Deuxis
Algo que apenas se podría pensar:
el Rey nos ha obligado a venir a asesinaros.

Píramo
625
¡Oh, cielos! ¿Qué me has dicho? ¿Creeré a un traidor?

Deuxis
Os digo la verdad.

Píramo
Pero no puede ser.
¡Se me hiela la sangre! Es cierto que este Rey,
ama, según me han dicho, lo mismo que amo yo.
¡Perdido estoy! Mi mal ya no tiene remedio.
630
¿Qué dios podrá ayudarme a oponerme a mi Rey?

Deuxis
Cuidad de comportaros, por tanto, con prudencia.
Me estoy muriendo ahora, mas muero con alivio.

Píramo
Que el infierno te sea propicio y menos áspera
te haga este buen pesar su noche desdichada.
635
Pero lo más sensato es escapar ahora,
sin dormir ni siquiera, sin descansar aquí.
Cuando el alma de un rey se desata de cólera
es mil veces peor que torrentes y llamas.
Hay que salir de aquí, y por necesidad.
640
Tisbe mía, a menudo ya me lo habéis pedido.
Cien veces me habéis dicho que os haría feliz
seguir lejos de aquí mi fortuna amorosa,
que teméis a este Príncipe y que el amor que os tiene
algún día será desgracia para el nuestro.
645
Habrá que remediarlo, y si el humor audaz
de vuestro ardor valiente no se ha adormecido,
nos emanciparemos de sus crueles leyes
y ambos seremos nuestros propios padres y reyes.

Escena II

El Rey, el Mensajero, Sílar

El Rey
Esta afrenta me sube la sangre a la cabeza.
650
¡Cuánta vergüenza siente mi condición de Rey
sabiendo que querías hablarle de mi parte!

El Mensajero
Cien veces hoy en vano me enviaríais a ella

El Rey
¿No dio, pues, seña alguna de que te conocía?

El Mensajero
En cuanto vio, Señor, que allí me presentaba,
655
apartó su mirada, de pronto sorprendida,
igual que hubiera hecho al ver una serpiente.
Y entonces comenzó, en compañía de otros,
con una retahíla de discursos sin fin,
hasta que consiguió esconderse de mí.

El Rey
660
¡Tratar tan rudamente la pasión de un rey!
¿Debemos, pues, nosotros, los hijos de los dioses
parecernos al vulgo en nuestros sentimientos?
¡Un día de estos, tendré que obligarte a elegir,
ingrata, entre probar mi odio o mi amor!
665
Te haré saber que reino, y que la tiranía
me puede conceder lo que el amor me niega.
Despachado ese joven, si no vuelves atrás,
bien podrías hacerle compañía en la muerte.
Mas aquí está de vuelta mi ministro leal;
670
leo en su corazón fatídicas noticias.
Teme venir a mí. ¡Habla y alza los ojos!

Sílar
Muy mal va nuestro asunto.

El Rey
No esperaba otra cosa.

Sílar
Mi compañero ha muerto y yo, muy malherido,
acudo aquí a informaros de estas noticias ciertas.
675
Cuando a punto ya estábamos de acabar la faena,
el pueblo enfurecido se nos abalanzó,
y entonces, perseguido por armas y por gritos
crecientes, conseguí apenas escapar.

El Rey
¡Basta!, veo que Amor se burla de mis votos
680
y que el cielo, a propósito, prohíbe lo que quiero.
Estoy desesperado; mi alma, atormentada;
he guardado en el seno la muerte todo un año.
Mis desgracias se siguen sin fin, una tras otra,
nunca hubo en invierno tantas rachas de viento,
685
nunca tantas heladas, tanto frío y granizo,
sin que, al menos, hubiera un buen día en tres meses.
Nunca viejo caduco estuvo tan enfermo
que no tuviera al año un día de salud.
Eolo algunas veces ata todos los vientos
690
y hace que el nauta vea las aguas sin un rizo,
pero el astro más fiero y maligno del cielo
nunca de mi destino apartó su mirada.
Ese traidor me dio el cetro y el valor
para darme los males aún con más ultraje.
695
Mas me lamento en vano, no se equivoca el cielo:
todo hombre de valor es dueño de su suerte,
somete la fortuna a obediencia suya,
su deber no conoce más ley que su poder;
eso hace incluso un rey, cuyo único deber
700
es gozar los derechos de un poder soberano.
Pues no, no y no: mi juicio dejó de vacilar,
me decido sin dudas, Sílar, por la violencia;
intentarás de nuevo cumplir con mis designios,
ve hasta su cama y clávale un puñal en el pecho,
705
di que es de parte mía, que te echen una mano;
para forzar la casa, di que soy yo, no importa;
invéntate algún crimen para que se le acuse:
podrás en nombre mío decir y osarlo todo.

Sílar
¡Qué cosa tan extraña es el furor de reyes!
710
Ambicionan que el cielo se someta a su humor
y todos, a su yugo. Si en ese cruel empeño
Recurriera a otro, se lo agradecería.


Acto IV

Píramo, Tisbe, la Madre de Tisbe y su Confiddente

Escena I

Píramo, Tisbe

Píramo
Ya ves cuánto peligro nuestra fortuna acecha:
no nos es permitido ni vernos a la luz.
715
¿No quieres tú, por fin, romper esta prisión?
La impaciencia se une aquí con la razón.
El tirano ya está reventando de cólera,
con el fin de saciarla cualquier medio usará,
y antes, posiblemente, que el lucero del alba
720
nos haga ver mañana regresar sus corceles,
sepamos cuánto alcanza un furor que se une
a la autoridad de una fuerza impune.

Tisbe
Pues ya me he decidido sin esperar más tiempo:
debemos liberarnos, resueltos, de su mano.
725
Yo seré muy feliz si comparto fortuna,
desgracias y favores estando junto a ti.
Cuando no tenga ya que adular más espías,
ni tampoco parientes ni madre que temer,
cuando Amor, ya cansado de mostrarse tan bárbaro,
730
deje de interponer un muro entre nosotros,
y, sin impedimentos, nuestras miradas puedan
llegar donde han venido la voz y el pensamiento,
entonces, de placer colmada entre tus brazos,
ya no será turbada mi alma por el tirano,
735
y a nadie más que a ti tendré que respetar.

Píramo
Y a nadie más que a mí tú tendrás que ordenar:
sobre mi voluntad, la tuya soberana
por siempre te dará la calidad de Reina.
Te juro por la gracia, Tisbe, que hay en tus ojos
740
–y eso es más, para mí, que jurar por los dioses–,
que el afecto que hoy muestras me deja arrebatado.
No pensé que pudiera nunca ser tan intenso,
dudé que se pudiera amar con tal constancia,
y que tanto amor fuera tan solo para mí;
745
pensé que otros, más bellos…

Tisbe
No concluyas, oh Píramo,
esa fea sospecha: herirías mi alma.
Hablar de otro que tú es para mí un disgusto,
corazón, ¿y qué ganas afligiéndome así?

Píramo
Eso no turbará mi fantasía, créeme:
750
deja que tanto amor sienta unos pocos celos,
mas no por los mortales, pues tengo la certeza
de ser tu único amor.

Tisbe
Y lo puedes jurar.

Píramo
No obstante, me da celos todo lo que te toca [N]
X
Nota del traductor
No obstante, me da celos todo lo que te toca

Los celos del amante por los cabellos de la dama, que la besan, y por el mirto y la yedra que miran a los amantes, ya figuraban en el poema “La solitude” (Viau, 2017: 66, 70). Théophile ha desarrollado aquí el tema con profusión.

,
el aire que a menudo sale, entra por tu boca;
755
creo que eres la causa por la que el sol alumbra
con todos sus luceros de envidia y de amor;
las flores que a tu paso nacen en los caminos
me duelen del honor que tienen de gustarte;
y si yo complaciera mi celoso designio,
760
vetaría a tus ojos que miraran tu seno.
Tu sombra se aproxima demasiado a tu cuerpo,
pues tú y yo solamente debemos andar juntos.
En fin, eres tan dulce y cara para mí
que hasta tu misma mano me daña si te toca.

Tisbe
765
Cuando no nos separe este obstáculo aquí,
ya verás que tus votos son también mis deseos
y que el mal que te oprime también me oprime a mí.
Mas el curso del día ya se está terminando
y con su claridad la luna se confunde.
770
Es hora de ocuparnos de nuestra libertad,
debemos arriesgarnos a huir por la noche,
pues me guardan celosamente durante el día.

Píramo
Eso está bien pensado: cuando de un hondo sueño
la suavidad primera se funda en nuestras venas,
775
cuando bajo ese peso, taciturno y sombrío,
solo se oiga el silencio y se vean las sombras,
debemos escapar cada uno de su casa,
mejor dicho, fugarnos cada uno de la cárcel.

Tisbe
Mas al irnos de aquí para vernos al poco,
780
¿en qué lugar seguro podremos encontrarnos?

Píramo
El día esperaremos cerca, en sitio adecuado;
parece que el amor me lo enseña a propósito:
en la tumba de Nino [N]
X
Nota del traductor
Nino

Rey legendario asirio. Esta alusión permite localizar la historia en Babilonia.

.

Tisbe
Muy cerca está de aquí.

Píramo
Fluye allí un claro arroyo pegado a una roca,
785
que, con sus vivas aguas cuidando de las flores,
al prado le mantiene el alma y los colores.
Un árbol muy cercano, fértil en moras blancas,
nos ofrece el abrigo de sus espesas ramas.
¿Podríamos hallar lugar más apropiado ? [N]
X
Nota del traductor
¿Podríamos hallar lugar más apropiado ?

A lo largo de la tradición literaria de esta historia, la propuesta de la fuga ha sido atribuida conjuntamente a los amantes (Ovidio, Christine de Pisan, etc.), a la dama (Piramus et Tisbé francés del siglo XII, primer Ovide moralisé en prosa) o a Píramo (segundo Ovide moralisé, Moralité nouvelle de Piramus et Tisbee del XV, etc.). Théophile opta por Píramo, como otros escritores anteriores de su tiempo: Guillaume Belliard (1578: 77), Baïf (1883 [1572], II: 170) y Góngora (2011 [1618]: 59, vv. 269-280), en tanto que la Roque (1597: 9), Marino (1993 [1620]: 431, vv. 780-783) y Montemayor (1602 [1651]: 218) optan por una decisión conjunta de los amantes.

Tisbe
790
Es el mejor del mundo; vamos, que ya está hecho.

Escena II

La Madre, su Confidente

La Madre
Se siguen erizando de espanto mis cabellos,
sus feroces miradas me siguen apuntando.
¡Desgraciado reposo, cuánto miedo me has dado
con tu engañoso sueño, oh dioses, cuánto espanto! [N]
X
Nota del traductor
con tu engañoso sueño, oh dioses, cuánto espanto!

Encontramos un antecedente de sueño premonitorio en el Piramus et Tisbé del siglo XII. En esa obra (Anónimo, 2000: 56-58, vv. 523-548), es Tisbe quien le cuenta el sueño que tiene a su amante: Píramo, triste y pensativo se presenta ante ella, angustiada y atormentada; la joven le tiende las manos, pero entonces todo se disipa. Además, una voz le dice que se vaya del lugar con su amigo. Tisbe ruega que ese sueño sea favorable –“Diex donge / Que biens me viengne de cest songe” (Anónimo, 2000: 65: vv. 539-540), lo que revela sus temores. Théophile ha trasladado el sueño premonitorio a la madre de Tisbe. El hecho de que haya conservado el sueño, frente a las otras versiones, sería una prueba, entre otras, de su conocimiento de la obra medieval (Van Emden, 1973a: 875).

795
De esa visión funesta, la imagen triste y negra
persiste en mi memoria con demasiado horror;
he estado todo el día pensando con temor
en esta mala noche.

La Confidente
No es más que una ilusión.

La Madre
¡A muchos, como vemos, las voces de los sueños
800
han contado verdades!

La Confidente
Y mentiras también.

La Madre
Tengo yo ese espanto demasiado metido
en el ánimo para despreciar su presagio.
Jamás una figura tan pálida y tan triste
se nos presenta así sin traer mal augurio.
805
Una noche como esa no tengo yo a menudo.

La Confidente
Para el que es razonable, el sueño solo es viento.
Bueno es, malo, fingido, verdadero o variable,
según como haya errado nuestro mudable espíritu.

La Madre
Si tú supieras cómo apareció ese sueño
810
y la muerte corrió cien veces por mis huesos,
se jactaría en vano tu razón de ser firme,
pues tú también, tal vez, como yo te espantaras.

La Confidente
Si no os molesta hacérmelo escuchar de vos misma…

La Madre
Si esa sombra, al habblar, se pudiera esfumar
815
y si su forma errante, todavía en mi lecho,
saliera de mi alma al salir de mi boca,
pronta ya me verías para hacerte saber
lo que vi claramente con mis ojos cerrados.

La Confidente
El dolor descargado en el alma leal
820
de una persona amada, menos cruel se siente.
El socorro ofrecido, por pequeño que sea,
hace que el mal, al menos, se soporte mejor.
Si hay, pues, que suspirar, con vos suspiraré.

La Madre
Me apremias a contártelo con tu curiosidad.
825
Era después de la hora en que el cuerpo, cargado
de groseros vapores, suscita en los sentidos
caprichosos engaños, y mi mente tranquila
bebía los narcóticos que nos destila el sueño,
mientras la noche estaba a punto de acabar
830
y aún no había llegado el carro de la aurora.

La Confidente
Es en esos momentos, según opina el vulgo,
cuando los sueños tienen una visión más clara.

La Madre
Ya han sucedido cosas que me han atestiguado
que es cuando engaña menos lo incierto que hay en ellos.

La Confidente
835
¡No quiera, pues, el cielo que persista ese sueño
pronosticando aún su funesta aventura!

La Madre
Te diré que jamás un sueño, por oscuro
que fuera, me hizo ver tanto horror y verdad.

La Confidente
Tan solo con oíros, ya me siento turbada.

La Madre
840
Ya te lo cuento, ¡oh dioses!, para espanto de mi alma.
He visto yo a través de la venda del sueño,
en medio de un desierto, el eclipse del sol.
Es el primer objeto de la funesta imagen
que señala a mi sino un perjuicio seguro.
845
En esa noche espesa donde por todas partes
todo permanecía igualmente escondido,
sentí bajo mis pies que la tierra se abría
y que el trueno, de ahí, sordamente atronaba.
Un enjambre de cuervos se reunió sobre mí,
850
se desplomó la luna, se estremeció el cielo,
las nubes descargaron y, en esa tempestad,
unas gotas de sangre me cayeron encima.
Un león de ojo ardiente y de crin erizada,
enredada horrorosamente en su ancho cuello,
855
rugiendo, mas sin verme al lado de la cueva,
dos o tres vueltas dio alrededor de mí.
Y gritos subterráneos, quebrados de sollozos,
como si las riberas y las aguas bramaran,
a través del silencio y de horribles tinieblas
860
mi pecho atravesaron con sus acentos fúnebres.

La Confidente
¡Oh, dioses! Solamente oyéndoos hablar
ya siento que de horror mi corazón se hiela.

La Madre
Y cayendo, de pronto, en pavores más vívidos,
me pareció que erraba por la infernal ribera,
865
donde, por una noche aún más negra cegada,
me encontré con un cuerpo ensangrentado y pálido
que me representaba, de modo lamentable,
de mi cara hija Tisbe, el retrato veraz.
Tres heridas tenía ese cuerpo en el pecho,
870
que teñía el sudario en el que estaba envuelto.
Mas en cuanto sus ojos mi faz reconocieron,
pese a que ya no fueran sino sombras y nube,
me lanzaron miradas con tanta vehemencia
que parecían flechas por la muerte asestadas.
875
Y me dijo, acercándose, con la voz agria y fuerte:
“¿Qué buscas tú, tigresa? ¡Ya lo ves, estoy muerta!
¿Vienes, pues, inhumana, a esta aciaga ribera,
a seguir espiándonos el amoroso espíritu?”
Y me toma la mano, me saca de mi sitio
880
para mostrarme a Píramo tendido sobre el hielo,
que, herido como ella en el mismo lugar,
mostraba que un mismo ánimo lo había allí empujado.
¡Mira, me dijo, bárbara, en ese triste espectáculo,
de qué nos han servido las trabas de tu envidia!
885
¿Quién te impulsa a venir a turbar nuestro amor?
Aquí nuestro destino tu piedad aborrece,
el infierno sí deja vivir a nuestras llamas.
¡Ve, no nos vuelvas nunca a importunar las almas!
Su brazo me empujó y yo, sobresaltada,
890
entonces desperté con un grito muy alto.
¿Acaso no es motivo todo esto de inquietud?

La Confidente
Se turbaría incluso el pecho más valiente.

La Madre
Me arrepiento de haber regañado tan fuerte
a una hija tan buena, reconozco mi error.
895
De ahora en adelante, quiero aflojar las riendas
con que ato los deseos que su edad le despierta.

La Confidente
Es cierto, mi señora, que con menos rudeza
vos la gobernaríais con más comodidad.
Como es de buena sangre, tiene el humor altivo;
900
menos vale la fuerza que el ruego en un buen pecho.
Cuando era de su edad, recuerdo yo que un día
mi padre a mí me quiso apartar de un amor
para él no adecuado, pero para mí sí.
Su prohibición volvió tan fuerte mi pasión
905
que pronto se dio cuenta de que, al fin y a la postre,
debía estar de acuerdo con cuanto Amor quisiera.
Ni el respeto por otro, ni siquiera nuestra alma
se pueden abstener de seguir lo que se ama.

La Madre
Puedes estar segura de que te alegrarás
910
de verme indulgente con su joven deseo.

Escena III

Tisbe, sola

Tisbe
Oh diosa de la noche, Luna, madre de sombras,
tú que me ves llegar bajo esta fronda oscura,
mantente silenciosa, no dejes que te ofenda
el descarado amor que guía aquí mis pasos.
915
No me mires: podrías envidiar mi contento;
ya te basta aquí abajo con que Endimión [N]
X
Nota del traductor
Endimión

Joven pastor del que Selene se enamoró en la mitología griega.

te bese;
y, sin reñir conmigo por celos o sospechas,
permanece tú sola junto a ese joven tuyo;
y créeme: mi amor se arriesga aquí por algo
920
donde no hay intención que te pueda afectar.
De sobra hay en los ojos del que me hace venir
ahora a este lugar, para atraerme siempre.
Y tú, sagrado arroyo, cuya agradable orilla
tanto más abordable veo cuanto salvaje,
925
redobla para mí el rumor de tus aguas
hasta que los silvanos [N]
X
Nota del traductor
silvanos

Divinidades romanas protectoras de los bosques.

se queden todos sordos
y que la vana Eco [N]
X
Nota del traductor
Eco

Ninfa de los bosques. Según la leyendo acabó convertida en una voz que repite las últimas palabras pronunciadas.

, también ensordecida,
mis palabras de amor no repita en el bosque.
¡Mas no!, fluye despacio para no despertar
930
a las ninfas del agua, déjalas, pues, dormir.
No pone tanto frío en sus almas el agua
como para no arder a la vista de Píramo.
¡Mas cómo! El perezoso aún está por venir.
Desconozco el motivo que pueda retenerlo;
935
claro está, tiene amor; aun así, no es posible
que lo sienta hasta el punto en que lo siento yo.
Solo os lo digo a vos, arroyos, antros, bosques,
a quien la propia Diana confió sus secretos.
Hazme este favor, Eco: ¡pídele a esa roca
940
que le diga palabras de amoroso reproche!
¿Mas, no oigo yo a lo lejos, como parece, un ruido?
Un brillo atisbo ya, como si fuera un ojo.
¡Pero qué he visto, oh dioses! ¡Qué espantoso animal!
Es un león hambriento que busca aquí su caza.
945
¡Huye del horror, Tisbe, de un sino tan nefasto!
¡Dioses, no sea Píramo, al menos, su botín!


Acto V

Escena I

Píramo, solo

Píramo
He salido, por fin; su prudencia importuna
ya no gobernará ni a mí, ni a mi fortuna.
Mi alma ya solo sigue a la antorcha de Amor;
950
en mi ceguera encuentro la suficiente luz.
Bella noche que tiendes estos oscuros velos,
menos vale, de veras, el sol que tus estrellas;
dulce y tranquila noche, de ahora en adelante
más vales para mí que el día más hermoso.
955
Veo que mis sentidos van a henchirse de gozo
sin que mortal alguno ni dios me vea aquí.
Mas ya me encuentro cerca de la tumba elegida.
Diviso la morera, oigo el ruido del agua.
Este lugar, Amor lo destinaba a Diana:
960
nunca vino aquí nada profano sino yo [N]
X
Nota del traductor
nunca vino aquí nada profano sino yo

La idea de un lugar sagrado frecuentado por Diana, en el que penetran los amantes, ya figuraba en el poema “La solitude”: “Cette forêt n’est point profane ; / Ce ne fut point sans la fâcher Qu’Amour y vint jadis cacher / Le berger qu’enseignait Diane. /Amour pouvait, par innocence, /Comme enfant, tendre ici des rets ; / Et comme reine des forêts, / Diane avait cette licence (Viau, 2017 : 62).

.
Soledad y silencio, oscuridad y sueño,
¿no visteis por aquí resplandecer mi sol?
¿Dónde escondéis, oh sombras, los ojos de mi amante?
El deseo impaciente de saberlo me apremia:
965
tantas dificultades me han tenido apresado
que moría de miedo de ser aquí el último.
Mas, por lo que parece, he llegado temprano
ya que aún en su lecho mi Aurora permanece.
A la espera que venga aquí oportunamente,
970
el resto de la noche me ofrece su reposo.
Mas, ¿podré yo dormir con toda mi inquietud,
reine el sueño que reine en esta soledad?
Desde que yo la sirvo, bien me ha enseñado Amor
a pasar sin dormir las horas de la noche.
975
El murmullo del agua y las flores del prado
deleitarán un poco, mientras tanto, mi ensueño.
Flores, si vuestro espíritu alguna vez mudó
despojando los cuerpos de amantes desdichados,
si alguna de vosotras se acuerda todavía
980
de haber sufrido fuera del imperio de Flora,
dulces y lastimosas, de mí no tengáis celos
si Amor, más que a vosotras, quiso favorecerme;
y si aún os conmueven los recuerdos pasados,
prestadnos, sin que os pese, vuestro amoroso lecho.
985
Mas veo que el rocío ya os mojó los tapices.
Pero, ¿qué digo? ¡Es sangre lo que los ha ensuciado!
¿De dónde es esa sangre? La sangrienta manada
de osos y de leones viene aquí de costumbre.
Un espanto recorre una y otra vez mi alma.
990
Pienso en el grito horrible de un búho amenazante [N]
X
Nota del traductor
Pienso en el grito horrible de un búho amenazante

Esta referencia a un ave de mal agüero también se encuentra en el Piramus et Tisbé del siglo XII, aunque aquí la protagonista es Tisbe. Según van Emden (1973a: 875), es una prueba de que Théophile conocía el texto medieval.

que me ha estado siguiendo; estas sombras nocturnas
aumentan mi terror, y estos sitios callados.
¡Oh, Dioses! ¿Qué estoy viendo? Lo entiendo claramente:
¡Sin duda, un gran león por aquí ha pasado!
995
Reconozco sus huellas y veo sobre el polvo
la sangre que vertía su boca carnicera.
¡Pero, oh Cielo, qué horror es esto para mí!
Detestable, ya llego a las huellas de Tisbe.
Esas huellas que veo, su pie las ha formado
1000
y se han entremezcaldo con las que ha hecho el león.
Entre todo esto hay sangre abundante esparcida.
¡Ah! Solo veo horror, muerte por todas partes.
Ya no dudo, mis ojos me dicen bien mi pérdida.
¡Oh, justos dioses! ¿Cómo habéis permitido esto?
1005
Mas no sabíais nada, porque sois falsos dioses.
Yo soy quien la ha traído a este lugar culpable,
yo, traidor, que sabía que cerca de esta fuente
los oso y leones acuden sanguinarios,
pues este abrevadero es para ellos tan cómodo
1010
que siempre se les ve en esta soledad.
Infame criminal, Píramo desleal,
¿qué has hecho, pues, de Tisbe?, ¿qué has hecho de tu alma?
¿Cómo he podido yo privarme de mí mismo?
Ella se adelantó, y el día ya ha llegado.
1015
¿No veo yo acaso que la aurora despunta
esparciendo en el cielo su resplandor confuso?
¡Oh sol! ¿Querrás brillar después de este accidente?
¡Busca para esconderte un más negro occidente!
Pero no, sal, podrás hacerlo sin vergüenza,
1020
que ya no queda sol que te supere aquí:
Tisbe perdió la vida. ¡Oh, bello árbol!, ¡oh roca!,
¡oh, flores!, ¿dónde debo ir a buscarla ahora?
Cristal cándido y bello, cuyo espejo ya expresa
la imagen de mi crimen en mi pálida frente,
1025
tú que viste en tu orilla cómo la desgarraban,
¿no pudiste quedarte con algún miembro suyo?
Traidor, solo serviste de refresco a las fauces
del león, entregándole a mi Tisbe sin nadie.
¿Mas por qué quiero yo reñir aquí a las piedras?
1030
Con mi propia imprudencia es con quien debo hablar.
Es a mi crueldad a quien debo la pena
de esta muerte, la menos justa y más inhumana;
mis dos brazos debían haberla socorrido;
no lo hicieron; soy yo quien debe, pues, morir.
1035
Salid para ayudarme de vuestros antros huecos,
y desgarrarme el cuerpo; venid, hoscas manadas,
mi justo desespero os apremia y espera;
este cuerpo os entrega un botín sin defensa;
crueles, no busquéis un cándido cordero
1040
para inmolarlo a vuestras furias en las majadas,
corred por otras partes para hacer vuestros robos,
comed a criminales, matad a asesinos.
Y tú león, ya tuvo su funeral mi alma [N]
X
Nota del traductor
Y tú león, ya tuvo su funeral mi alma

Théophile ha ampliado con fuerza la apostrofe a los leones que ya aparece en Ovidio (1964: 128, vv. 112-114): “Despedazad mi cuerpo y devorad a fieros modiscos estas vísceras criminales, oh leones todos que habitáis en esta roca”. El Piramus et Tisbé del siglo XII amplió esa interpelación haciendo, entre otras cosas, que Píramo se dirigiera al león pidiéndole que, pues había bebido la sangre de Tisbe, bebiera también la suya (Anónimo, 2000: 70, v. 728). Los autores renacentistas franceses, con mayor o menor insistencia, han ampliado también este apóstrofe (Habert, 1541: 102, nueve versos; Belliard, 1578: 78-79: veinticuatro versos; La Roque, 1597: 6, trece versos). Van Emden (1973a: 877) ha encontrado un parecido entre los textos de Baïf y Théophile que atestiguaría que ambos conocieron alguna de las impresiones que hizo Vérard, a partir de 1493 en París, del segundo Ovide moralisé en prosa. Vérard añadió la imagen de que, una vez devorado Píramo, el vientre de la bestia se convierte en sepultura de los amantes: “Si coucherons tous deux en ung cercueil”. Efectivamente tanto Baïf (1883, II [1572]: 176) –“Vos gorges [las de los leones] soyent au moins la sepulture / De deux amans, et vos ventres comblez / Soyent le cercueil de nos cors assemblez”– como Théophile, modulan cada uno a su manera esa idea. No obstante, algo muy parecido también se encuentra en la Moralité nouvelle de 1535, cuando Píramo le pide al león que lo devore: “Affin que dedans ung cerceuil / Soyons tous deux après la mort” (Anónimo, 1901: 27, vv. 406-407) y en Belliard (1578: 79): “Et que puissent dormir souz une mesme lame / Tysbé l’infortunée, et son amy Pirame”. La idea también está presente en Marino –y no en Montemayor en este caso–, cuando Píramo dirigiéndose a la bestia le dice “se quel conoscimento / (…) ancor non ti mancasse / in saver qual tesoro / nel ventre tuo si chiuda, / non saresti sì cruda / que nel’istessa tomba / non sepellissi insieme / ancor la spoglia mia / per darle compagnia“ (Marino, 1993 [1620]: 450, vv. 1272-1283). Todo indica, pues, que Théophile pudo tener una reminiscencia de otros textos que el Ovide moralisé en prosa, en particular de Marino, cuya obra probablemente conocía.

,
mi corazón digieres dentro de tus entrañas,
1045
regresa y hazme ver, al menos, mi enemigo,
solo me has devorado, además, a mitad,
acaba tu comida, serás menos funesto
si me eres más cruel. Acaba, pues, los restos
y déjame sin forma de poder castigarte.
1050
Mas en vano te pide mi dolor que regreses;
cuando esa bella sangre se mezcló a tu alimento,
tus sentidos perdieron su cruel condición;
creo que hasta tu humor cambió de calidad,
y que es más amoroso ahora que brutal.
1055
Desde que su bella alma aquí quedó esparcida,
el horror de estos bosques por siempre se perdió.
Los tigres, los leones, las panteras, los osos
tan solo engendrarán amorcillos aquí;
creo que pronto Venus verá cómo florecen
1060
de esa sangre amorosa mil capullos de rosa.
Se verterá mi sangre aquí sobre la suya,
mi alma con la suya así se mezclará [N]
X
Nota del traductor
mi alma con la suya así se mezclará

En estos versos Théophile consigue una gran plasticidad por medio de cambios y metamorfosis poéticas, muy barrocos, como hace en otras ocasiones (véase Viau, 2017: 186-199, oda II de La maison de Sylvie): el cambio de naturaleza del león, la desaparición del horror de los bosques, el engendramiento de amorcillos por las fieras, las tranformación de la sangre en rosas, etc. Celicia Rizza considera que las metamorfosis en la obra de Théophile son metáfora de un universo donde todo está ligado “et où la vie même consiste en ce mouvement perpétuel et en ce changement de formes”, al tiempo que revelan “la conscience de la confusion et de la dissolution des êtres dans le paraître et, par conséquent, l’inquiétude de l’homme et l’inquiétude des choses” (Rizza, 1996 : 111-112).

.
¡Qué impaciente ya estoy por que mi alma consiga
alcanzar a su espíritu en la mortal ribera!
1065
Si yo encontrara, al menos, de esa obra maestra
una santa reliquia para honrar una tumba,
el pecho me abriría de parte a parte entero
y su carne en la mía tendría sepultura.
Tú, vivo ataúd suyo, regresa a devorarme,
1070
cruel león, regresa, que yo quiero adorarte;
si mi diosa se debe confundir con tu sangre,
el más sagrado altar, para mí, eres del mundo.
¡Oh, dioses!, si al morir, no veo nada de ella,
al menos besaré la huella de sus pasos,
1075
y mi labio, al seguir esa sangrienta senda,
cien veces besará su sangre gota a gota.
¡Bella sangre preciosa, que tan fría y tan muerta
tanta fuerza tenéis todavía en mi alma,
abandonasteis, pues, las delicadas venas
1080
para dar fin a vuestros tormentos y mis penas!
Pues el sino me dice que fue voluntad vuestra,
menos resuelto a mí no me verá que a vos.
¿Pero que encuentro aquí? Esta sangrienta tela
a la pobre difunta, de velo le sirvió.
1085
¡Oh, testigo cruel de mi última desdicha!
¡Testigo de mi crimen, sélo de mi dolor!
¿Mas cómo? ¿En este objeto de un sino tan amargo,
sangriento y desgarrado, aún me eres amable?
¿Debo, pues, adorarlo? Así es, que yo lo quiero:
1090
el tocó antaño el oro de sus rubios cabellos.
Un casto uso le dio nuestro amor a este velo,
pues no dejaba al sol que besara su cara;
el cuidó, para mí, de su tez tan hermosa.
¡Ojalá te veneren desde ahora cual santo
1095
y, en favor de la sangre que pinta nuestro drama,
que la noche te vista con su manto de sombra!
Mas creo que mi pecho se deleita en su pena;
ya es hora que mi vida con su rigor acabe.
¿Debo para morir buscar a quien me ayude?
1100
Solamente mi mano me ofrece ese remedio.
Si quisieras abrirte, tierra, bajo mis pasos,
te lo agradecería; mas no lo estás haciendo:
parece que tus flancos aún se aprietan más.
¡Oh, dioses!, si quisierais enviarme aquí el trueno,
1105
en deuda os estaría. ¡Vergonzosas palabras!
Oyéndome, diríase que mi muerte es dudosa
y aún delibera en mí la desesperación.
El asombro y no el miedo me difieren la muerte.
He aquí con qué vengar las injurias del sino;
1110
aquí ya está mi trueno, y mi abismo y mi muerte.
Pese al Cielo, a los padres y a la naturaleza,
mi suplicio pondrá término a mi tortura.
Los hombres valerosos mueren cuando les place.
Ama este corazón, Tisbe, tan masacrado.
1115
Otro golpe más, Tisbe. Esta es mi última herida,
mira bien aquí dentro si mi dolor es cierto.

Escena II

Tisbe, sola

Tisbe
Casi no recupero el sentido y la voz;
el miedo que he pasado me ha hecho perder un velo,
y me ha hecho demorar mucho tiempo escondida.
1120
Quizás mi amante me haya desde entonces buscado.
Ya debe haber llegado si no perdió el cuidado
de venir a mi encuentro, pues casi ya es de día.
No oigo más que el agua que mana de la fuente;
el silencio profundo me da seguridad
1125
para ir hasta la tumba donde, todo este tiempo,
seguro que mi Píramo se consume esperando.
La bestia que buscaba el agua de este valle,
tras apagar su sed, ahora se ha marchado,
pues, si no, yo oiría el ruido que ella hiciera
1130
y, a través de la noche, sus ojos brillarían.
¡Oh, noche, ya regreso al fin bajo tus sombras!
Comparada a mi amor, poca es mi valentía.
Mas si eso que yo veo no engaña mi mirada,
motivos tengo ahora para temer de nuevo:
1135
un repentino horror me apresa inesperado;
y si yo veo bien en esta oscuridad,
no desmiente un augurio incierto mis sospechas.
Unos pasos mezclados, revueltos con los míos,
este lugar sangriento, pisado por doquier,
1140
señalan que la bestia su furia aquí sació.
¡Oh, dioses, veo en tierra un cuerpo como muerto!
Pero, ¿por qué espantarme? Es Píramo que duerme.
Para escapar al tedio de su aburrida espera,
descansa al dulce ruido de esa vívida fuente.
1145
Le tocará ahora echarme a mí la culpa.
Mas este lugar duro, frío, poco propicio
para el reposo, húmedo del rocío que cae,
me obliga a despertarlo. ¡Qué tímida soy, dioses!
Su contento y reposo, para mí son tan caros
1150
que hasta teme mi voz hablar por si molesta.
Duerme tan suavemente que apenas se podría
discernir en el aire el ruido de su aliento [N]
X
Nota del traductor
discernir en el aire el ruido de su aliento

La suavidad del aliento de la persona amada, contemplada cuando duerme, ya figura en las famosas estancias “Quand tu me vois baiser tes bras…” (Viau, 2017: 104), donde recibe un amplio desarrollo imaginativo: “La rose en rendant son odeur, / Le soleil donnant son ardeur, / Diane et le char qui la traîne, / Une naïade dedans l’eau, / Et les Grâces dans un tableau, /Font plus de bruit que ton haleine.”

.
Pero ¿por qué será que, quieto y frío al tacto,
parece muerto? ¡Píramo! ¡Oh, dioses, llamo en vano!
1155
No respira; este bello cuerpo se ha hecho de hielo.
¡Ay! Ya veo pintada en su cara la muerte;
una noche eterna cubre sus bellos ojos.
Veo su pecho abierto por un profundo tajo.
¡Eh, no mueras tan pronto, abre un poco los párpados
1160
y respira otra vez; moriré la primera,
no te vayas sin mí, no me hagas ese daño!
¡No me respondes nada, corazón! No estás muerto,
los dioses nunca mueren, y la naturaleza
sabia es para que muera lo más amable que hizo.
1165
Mas, ¡oh vanas palabras!, ¡oh, mentiroso alivio!,
lo que he perdido aquí me hace perder el juicio.
¡Píramo ya no vive! ¡Se lo lleva un suspiro!
¡Mas, cómo! ¡Él ya no vive y no estoy muerta yo!
Píramo, si te queda un poco aún de luz,
1170
si me guarda tu espíritu un poco aún de amor,
y si el viejo Caronte, sensible a mi infortunio,
se demora en su barca un poco por mi súplica,
espera, te lo ruego; y que una misma muerte
selle nuestros destinos; ahora mismo será.
1175
Pero tú no me esperas y, por poco que viva,
mi sino ya me impone el deber de seguirte.
Culpable como soy de esta muerte injusta,
criminal desgraciada del furor de la suerte,
¿qué?, ¿sigo respirando, sigo mirando a Píramo
1180
que ha muerto antes que yo, y aún no he perdido el alma?
Veo cómo esa roca se ha roto de dolor
para derramar lágrimas, para abrirme una tumba;
ese arroyo, de horror por mi injuria, ya huye,
sin descanso ninguno, sin hierba en sus riberas;
1185
incluso esta mañana, en lugar de rocío,
ha vertido la Aurora lágrimas en las flores;
y ese árbol, conmovido de desesperación
al encontrar la sangre en su tronco insensible,
ha mudado su fruto; se ha hecho la luna pálida
1190
y la tierra ha sudado la sangre de su vómito.
Bello árbol que en el mundo permaneces tras mí,
para mostrar al Cielo mejor tus rojas moras,
para mostrarle el daño que ha infligido a mis votos,
haz como yo, arranca, por favor tus cabellos,
1195
ábrete el pecho y haz que se vierta a la fuerza
este sangriento humor por toda tu corteza.
Mas, ¿me sirve tu duelo? ¡Oh ramas, verdes prados,
qué impotentes que sois para aliviar mi mal!
Aunque por él murierais, bien se ve que el destino
1200
os devuelve la vida cuando devuelve el año:
una vez cada año os vemos perecer,
una vez cada año os vemos florecer,
pero Píramo ha muerto y no regresará
de las pálidas casas donde mora su espíritu.
1205
Desde que el sol nos ve nacer y perecer,
ningún difunto ha sido el primero en volver [N]
X
Nota del traductor
ningún difunto ha sido el primero en volver

En el interrogatorio del 26 de marzo de 1624 le recriminaron a Théophile este verso, por deducirse de él que no creía en la resurrección, lo que implicaba acusarlo de ateísmo (Lachèvre, 1909, I: 391-392). El escritor se defendió argumentando que eso había sido escrito en una tragedia donde se representaban personajes paganos y que él siempre había mostrado su creencia en la resurrección. Que Théophile negara en esta obra el retorno de un lugar de ultratumba pagano no evitó la acusación. Fue la única del juicio referida a a esta obra.

.
Y aunque hicieran los dioses que mañana, por mí,
reviviera, hoy estoy resuelta yo a seguirlo.
Es mucha mi impaciencia y, puesto que el destino
1210
ha hecho cruel botín de nuestros amorosos
cuerpos, sin permitir que el placer merecido
por nuestro ardor mezclara nuestras almas unidas,
allí las juntaremos, y nuestra santa unión
tornará en un espíritu la sombra de dos cuerpos.
1215
Y puesto que por mí ya duerme su bella alma,
mi espíritu inocente lo mismo hará por él.
No obstante, no podré si no muero yo el doble.
Píramo se ha matado solo por sospechar;
su fiel amor ha sido demasiado impetuoso
1220
al ver que yo tardaba en cumplir mi deber
y, de haber sospechado que yo no lo amaba,
tan solo con la muerte se ha podido curar.
¡Caiga, pues, sobre mí tu brazo con más fuerza,
oh muerte, y, si es posible, muera yo más que él!
1225
¡Quiero a la vez sentir veneno, fuego y hierro!
¡Vamos! ¿De los Infiernos, quién me abre a mí la puerta?
¡Ah, aquí está el puñal que, de sangre de su amo,
cobarde se ha manchado; ¡el traidor enrojece!
¡Execrable verdugo, si te quieres lavar
1230
del crimen que empezaste, ¡solo lo has de acabar!
¡Clávate ya aquí dentro, hazte más rudo, empuja
fuegos con tu hoja! ¡Ay! ¡Es demasiado dulce!
No podía morir de un golpe más amable
ni por otro que Píramo, odiar el de los cielos.