Thomas Middleton y William Rowley, The Changeling

El Trueque




Edición filológica utilizada:
“El trueque” (1622) de Thomas Middleton y William Rowley Alicante como escenario del teatro jacobeo / traducción, edición y notas de John D. Sanderson. Alicante : Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, 2002.
Procedencia:
Texto base
Edición digital a cargo de:
  • Tronch Pérez, Jesus (Artelope)

DRAMATIS PERSONAE

ALSEMERO, un noble recién llegado a Alicante.
VERMANDERO, padre de Beatriz-Juana.
BEATRIZ-JUANA, hija de Vermandero.
DE FLORES, criado de Vermandero.
ALONSO DE PIRAQUO, prometido de Beatriz-Juana.
TOMÁS DE PIRAQUO, hermano de Alonso.
JASPERINO, amigo de Alsemero.
DIAFANTA, asistenta de Beatriz-Juana.
ALIBIO, dueño del manicomio.
LOLIO, , ayudante de Alibio.
ISABEL, esposa de Alibio.
ANTONIO, un loco falso.
PEDRO, amigo de Antonio.
FRANCISCO, un loco falso.

Acto I

ACTO I

ESCENA I

(Entra ALSEMERO a la puerta de la Iglesia de Alicante.)

ALSEMERO
En la iglesia la vi por vez primera, y ahora vuelve a ocurrir. ¿Qué augurios me trae? Ninguno, salvo los de mi imaginación. ¿Por qué debiera temer por mi destino? Este lugar es sacro, y así son mis intenciones. Adoro su belleza con un sacro propósito, comparable a la creación del hombre en aquel bendito lugar, estado al que volvería si la pudiera conseguir. La iglesia ha propiciado nuestro encuentro, y debe unirnos en una sola persona para que haya buen principio y buen final.

(Entra JASPERINO.)

JASPERINO
¿Aquí estáis, señor? Venid, el viento sopla a vuestro favor. Ligera y gozosa será vuestra travesía.

ALSEMERO
Os engañáis, amigo. A mi juicio sopla en contra.

JASPERINO
¿Para ir a Malta? Aunque pudierais comprarle un vendaval a una bruja, no podría ofreceros una ganga como la que ahora os viene por la gracia de Dios.

ALSEMERO
Pues la veleta de la iglesia me da en toda la cara. El viento me sopla en contra

JASPERINO
¿En contra? Pues no sabéis ni donde estáis.

ALSEMERO
Está bien, pues no.

JASPERINO
¿No estáis bien, señor?

ALSEMERO
Sí, Jasperino, salvo que una enfermedad desconocida se haya ocultado en mi interior.

JASPERINO
Me dais que pensar, señor. Nunca supe hasta ahora que os gustara interrumpir viajes si no era por una causa que os impidiera seguir. En tierra llamáis a vuestros criados a toda prisa para que ensillen los caballos y ganen tiempo. En el mar os he visto ayudarles a levar el ancla e izar las velas por temor a perder el menor hálito de aliento, rezando sin parar para que el viento os acompañe. ¿Habéis cambiado de plegaria?

ALSEMERO
No, mi buen amigo. Sigo con la misma iglesia, con la misma devoción.

JASPERINO
Enamorado sé que no estáis. El estoicismo anidó hace mucho tiempo en vos. Ni vuestra madre ni vuestros mejores amigos, que os pusieron bellas trampas muy bien elegidas, lograron cazaros. ¿Cuál será la razón?

ALSEMERO
¡Hay que ver cómo os alteráis! Sólo estaba meditando sobre algo que oí en la Iglesia.

JASPERINO
¿Alterado? La mar de tranquilo estoy comparado con vuestras prisas de ayer.

ALSEMERO
Hombre, ya voy...

JASPERINO
Para atrás, señor. (Entran CRIADOS.) Mirad, vuestros criados.

CRIADO 1
Nos han avisado los marineros. ¿Cargamos vuestros baúles?

ALSEMERO
No, hoy no.

JASPERINO
Parece el día clave, y bajo el signo de Acuario.

CRIADO 2
(Aparte) ¿Hoy no nos hacemos a la mar? Donde hay humo, hay fuego.

ALSEMERO
Dejadlo todo en tierra. Llevo un asunto entre manos que he de resolver antes de hacerme a la mar.

CRIADO 1
Como gustéis.

CRIADO 2
(Aparte.) ¡Y que le guste mucho! Más seguros estamos en tierra.

(Entran BEATRIZ-JUANA, su asistenta DIAFANTA y sus criados. Alsemero saluda a Beatriz y la besa.)

JASPERINO
¿Esto qué es? ¡La ley de Medes ha cambiado, seguro! ¿Saluda a una mujer? ¡Y la besa! ¡Qué maravilla! ¿Dónde habrá aprendido? ¡Y lo bien que lo hace! Juro, por mi conciencia, que jamás lo ha ensayado. Esto será mayor noticia en Valencia que si liberara a media Grecia de manos de los turcos.

BEATRIZ
¿Sois académico, señor?

ALSEMERO
Mediocre, señora.

BEATRIZ
¿De qué rama del saber es el amor del que habláis?

ALSEMERO
Al salir de vuestra boca diría que es música.

BEATRIZ
Sois muy hábil, cantáis a primera vista.

ALSEMERO
Y de golpe os he mostrado toda mi habilidad. Ahora me faltan palabras para expresarme y me veo forzado a la repetición: os amo.

BEATRIZ
Sed más precavido, señor. Nuestros ojos son centinelas de nuestro juicio y deberían poner en tela de juicio lo que ven. Pero a veces se precipitan y cuentan maravillas de las cosas más vulgares, y cuando nuestro buen juicio se entera, les riñe y les llama ciegos.

ALSEMERO
Pero yo llego más lejos. Ayer trabajaron mis ojos y hoy han dado aviso a mi juicio: los dos están de acuerdo. Y una vez aprobada por ambas cámaras, ya sólo falta la sanción real. Es vuestro turno, señora.

BEATRIZ
Yo tengo a alguien por encima de mí, señor. (Aparte.) ¡Y pensar que apenas han pasado cinco días! Mis ojos se equivocaron. ¡Este era el hombre que me correspondía! ¡Ay, que estuviera tan cerca y no diera conmigo antes!

JASPERINO
¡Ojalá hubiéramos venido por tierra desde Valencia para ahorrar provisiones! ¡Sí que estamos lejos de donde íbamos! Yo debería hacer algo también. ¡Me convertiré en socio capitalista de este viaje! Ahí veo otro navío. ¡Lo abordaré! Si el botín está disponible, arriará su vela.

(Saluda a Diafanta.)
(Entra DE FLORES, criado de Vermandero, padre de Beatriz.)

DE FLORES
Señora, vuestro padre...

BEATRIZ
Goza de buena salud, espero.

DE FLORES
Vuestros ojos lo podrán comprobar, señora. Se dirige hacia aquí.

BEATRIZ
¿Y para eso tanto prólogo cumplidor? Prefiero que aparezca por sorpresa. ¡Tenéis que anunciar su grata presencia con esa cháchara innecesaria! ¡Seguro que ya sabéis cuánto se os agradece vuestro servicio!

DE FLORES
(Aparte.) ¿No amainará jamás este desprecio de una u otra manera? ¿Me siento forzado a seguirla mientras ella vuela de mi lado? ¡Bien, destino, trátame aún peor! Me conformaré con verla siempre que tenga ocasión, aunque sólo sea para mortificarme con su odio. Sé que ella preferiría verme muerto, pese a no tener motivo, sólo un deseo feroz.

ALSEMERO
De repente parecéis disgustada.

BEATRIZ
Os pido perdón, señor. Es como una enfermedad. No hay otra razón humana que dar sobre algo de lo que una se aparta por ser para ella veneno mortal mientras que para otros mil paladares podría ser saludable. Eso es a mis ojos ese de ahí, como el basilisco del que se suele hablar.

ALSEMERO
Es una flaqueza frecuente de nuestra naturaleza. Apenas hay hombre entre mil sanos sin alguna debilidad. A unos les sienta mal el aroma de las rosas, que a tantos agrada por su fragancia. A otros les sienta mal el aceite, que sirve hasta de antídoto contra el veneno. A otros el vino, que alegra el corazón y refresca el semblante. Apenas hay cosa que no sea amada y odiada. Yo mismo, lo confieso, tengo flaquezas de ese tipo.

BEATRIZ
¿Y cual sería vuestro veneno, señor? ¡Fijaos cuán atrevida soy!

ALSEMERO
Lo que podría ser vuestro gozo. Una cereza, quizás.

BEATRIZ
Yo no mantengo enemistad con criatura alguna, que recuerde, salvo con ese caballero.

ALSEMERO
Él hace mal si, sabiéndolo, sigue tentando vuestra vista.

BEATRIZ
Es imposible que no lo sepa, señor, pues no me he privado de decírselo. Pero nada puedo hacer para aliviarme, ya que es un caballero que sirve a mi padre, quien le tiene en gran estima.

ALSEMERO
Pues no ocupa el lugar que le corresponde.

(Hablan a un lado)

JASPERINO
(A Diafanta.) ¡Estoy más loco que una cabra, moza!

DIAFANTA
¡Ya lo creo! Para vuestra tranquilidad os diré que tenemos un médico aquí en la ciudad que eso lo sabe curar.

JASPERINO
¡Uf! Yo sé cuál es la mejor medicina para el estado en que me encuentro.

DIAFANTA
No parece un estado muy bien gobernado.

JASPERINO
Te voy a enseñar una cosa con un ingrediente dentro que podremos extraer si nos ponemos de acuerdo, y si con eso no se me calma esta sangre enloquecida durante un par de horas, nunca más me las daré de docto en medicina.

DIAFANTA
Un poco de opio serviría para que os quedarais dormido.

JASPERINO
¡Opio! Pues me apr-opio de vuestros labios para empezar. (La besa.) El opio cura una cosa, y la flor de cactus otra. Pero por ahora no os enseño nada más. En otro momento os lo mostraré todo.

BEATRIZ
¡Mi padre, señor!

(Entran VERMANDERO y sus criados.)

VERMANDERO
¡Ah, Juana, te estaba buscando! ¿Has acabado ya con tu devoción?

BEATRIZ
Por ahora sí, padre. (Aparte.) — Me temo que voy a cambiar de santo. Siento un vuelco azaroso en mi interior. — (A Vermandero.) Padre, estoy en deuda con este caballero que se aparta de su camino para hacerme compañía. Al hablar con él he descubierto que arde en deseos de ver vuestro castillo. Se lo merece, padre, si se lo queréis conceder.

VERMANDERO
De todo corazón, señor. Pero con una condición entre nosotros: he de saber vuestro lugar de origen. No mostramos nuestra fortaleza a extranjeros. Nuestras ciudadelas están situadas en lo más alto del monte, bien visibles desde el exterior, pero dentro hay secretos.

ALSEMERO
Soy valenciano, señor.

VERMANDERO
¿Valenciano? ¡Nativo, señor! ¿Y qué nombre, por favor?

ALSEMERO
Alsemero, señor.

VERMANDERO
Alsemero. ¿No seréis hijo de Don Juan de Alsemero?

ALSEMERO
El mismo, señor.

VERMANDERO
Os doy mi más cariñosa bienvenida.

BEATRIZ
(Aparte.) Con cariño a mí también me habla mi padre, mas sólo ahora hago mías sus palabras.

VERMANDERO
¡Oh, señor! Vuestro padre y yo nos hicimos amigos hace mucho, cuando apenas nos salía barba, y seguimos amigos hasta que el cuño del tiempo nos la hizo de plata. Luego nos dejó; nos dejó un buen soldado.

ALSEMERO
Como vos también lo sois.

VERMANDERO
¡No, por Santiago! Yo me quedo muy atrás, aunque algo hice también. Un día triste se lo tragó en Gibraltar, luchando contra los rebeldes holandeses. ¿No es así?

ALSEMERO
Y yo habría vengado su muerte, o corrido su misma suerte, si no fuera porque me lo impide ese tratado de paz que firmaron.

VERMANDERO
¡Sí, sí! ¡Era el momento para darse un respiro! ¡Ah, Juana! Tendría que haberte dado la noticia antes. He visto a Piraquo.

BEATRIZ
(Aparte) ¡Mala noticia!

VERMANDERO
Se prepara fogosamente para el día de la victoria. ¡Serás su esposa en una semana!

ALSEMERO
(Aparte) ¡Ajá!

BEATRIZ
(A Vermandero) ¡Padre, no os alteréis tanto! Con esas prisas no puedo rendir homenaje apropiado a mi compañera del alma, mi virginidad, con la que tanto tiempo he vivido, si he de apartarme de ella de forma tan repentina y grosera. ¿Deben separarse tan buenas amigas, para no volver a cruzarse jamás, sin una solemne despedida?

VERMANDERO
¡Ja! ¡Déjate de juegos!

ALSEMERO
(A un lado.) Yo sí debo partir, para no volver a cruzarme jamás con otra alegría en este mundo. (A Vermandero.) Señor, os pido disculpas. Tengo asuntos que requieren mi presencia.

VERMANDERO
¿Cómo, señor? ¡De ninguna manera! ¿Tan pronto habéis cambiado? Debéis ver mi castillo y todo el atractivo que os puede ofrecer antes de partir o lo tomaré como una ofensa. ¡Vamos, vamos! Tenía esperanzas de que os quedarais unos días con nosotros en Alicante. Así podría invitaros a la boda de mi hija.

ALSEMERO
(Aparte.) Quiere agasajarme y primero me envenena. (A Vermandero.) Me encantaría estar presente, señor, si mis compromisos me permitieran hacer lo que deseo.

BEATRIZ
Sentiría mucho que no estuvierais; no tengáis tanta prisa, señor.

VERMANDERO
Os aseguro, señor, que Piraquo es todo un caballero. Cortesano y galante, acumula tan bellas y nobles cualidades que no lo cambiaría por otro yerno en toda España, por muy apreciado que fuera; y tenemos muchos, como sabéis.

ALSEMERO
Os debe de estar eternamente agradecido

VERMANDERO
Tan eternamente como aguante esta ligadura. (Señala a Beatriz.) Sólo así quedaré satisfecho.

BEATRIZ
(Aparte.) Yo también quiero quedar igual de satisfecha.

VERMANDERO
¡Pero venid! Por el camino os contaré más cosas de él.

ALSEMERO
(Aparte.) ¿Cómo me atrevo a meterme en su castillo cuando ya de entrada me disparan un cañonazo? Mas debo seguir; ya no hay vuelta atrás.

BEATRIZ
(Aparte. Refiriéndose a De Flores.) ¿No se ha marchado todavía esa serpiente?

(Deja caer un guante.)

VERMANDERO
¡Mira, hija, se te ha caído un guante! ¡Espera, espera! ¡De Flores, ayuda un poco!

(Salen VERMANDERO, ALSEMERO, JASPERINO y los criados.)

DE FLORES
Aquí tenéis, señora.

(Le ofrece el guante.)

BEATRIZ
¡Maldito sea tu talante servicial! ¿Quién te ha pedido que te agaches? Nunca más tocarán mis manos. Por uno me libro del otro también. (Se quita el otro guante y lo tira.) ¡Cógelos y arráncate la piel a tiras con ellos!

(Salen BEATRIZ-JUANA y DIAFANTA)

DE FLORES
¡Me da muestra de su amor con una maldición! Ahora sé que prefiere hacerse unas zapatillas de baile con mi pellejo a que yo pueda meter el dedo en el agujero (del guante). Sé que me odia, pero no tengo otra elección más que la de amarla. ¡Da igual!
La voy a seguir rondando. Ya sé que la irritaré.
(Sale.) Y si no consigo más, ¡eso que me llevaré!

ESCENA II

(Entran ALIBIO y LOLIO en el manicomio de Alibio.)

ALIBIO
Lolio, voy a confiarte un secreto que debes guardar.

LOLIO
Siempre se me han dado bien los secretos, señor.

ALIBIO
La dedicación que encuentro en ti, el esmero y las aptitudes ya demostradas, me garantizan que cumplirás bien con tu labor. Lolio, tengo una esposa.

LOLIO
Pero, señor, es muy tarde para tenerla en secreto. En toda la ciudad y el país se sabe que está casada.

ALIBIO
Vas demasiado rápido, mi Lolio. Claro que esa información no se le puede ocultar a ningún hombre. Pero hay información más íntima, profunda y dulce, Lolio.

LOLIO
¡Bien señor! Dejadla en nuestras manos.

ALIBIO
¡A eso iba, hombre! Mi esposa es joven.

LOLIO
Peor para tenerla en secreto, señor.

ALIBIO
Has dado en el clavo. Yo soy viejo, Lolio.

LOLIO
¡No, señor! Yo soy el viejo Lolio.

ALIBIO
¿Y no puede ser eso motivo de concordia y simpatía? Los árboles viejos y la plantas jóvenes a menudo crecen juntos en armonía.

LOLIO
Sí, señor, pero a los árboles viejos le pueden salir dos ramas por arriba que les hagan más altos que las plantas jóvenes.

ALIBIO
¡Ahí me duele! ¡Ese es mi temor, hombre! Me gustaría tener la sortija de mi mujer siempre en el dedo, ya que mientras no la lleve conmigo no será mía, sino de quien se la ponga.

LOLIO
Entonces debéis llevarla siempre puesta. Si la dejáis por ahí tirada, alguno que otro se le podría echar encima.

ALIBIO
¡Tú me entiendes, Lolio! Tengo trabajo para tu ojo avizor. No puedo estar siempre en casa.

LOLIO
Me atrevo a jurar que no.

ALIBIO
Debo andarme con cuidado.

LOLIO
Lo sé, debéis andaros con cuidado como todo hombre.

ALIBIO
Te diré cuál es tu trabajo: seguirle los pasos y ocupar mi lugar durante mi ausencia.

LOLIO
Lo haré lo mejor posible. Pero no veo quien os da motivo para estar celoso.

ALIBIO
¿Por qué dices eso, Lolio? Tu pregunta me tranquiliza.

LOLIO
Tenemos dos tipos de personas en esta casa, y los dos están bajo el látigo: los tontos y los locos. Unos no tienen suficiente cabeza para ser golfos, y los otros no tienen suficiente golfería para hacer el tonto.

ALIBIO
¡Sí, así son todos mis pacientes, Lolio! Curo a los dos tipos, es mi negocio, así me gano la vida y me va muy bien. Pero tengo una preocupación que se entromete con mis beneficios. No quiero que quienes vienen a diario a ver a mis pacientes también vean a mi esposa. He visto galanes de ojos incitantes y ropa distinguida, de estatura y proporción muy atractivas, que son una tentación muy fuerte, Lolio.

LOLIO
A esos se les puede dar fácil respuesta, señor. Si vienen a ver a tontos y a locos, nosotros dos les bastaremos y dejarán en paz a la señora, pues ella no es ni una cosa ni otra.

ALIBIO
¡Buena postura! Es verdad que vienen a ver a nuestros tontos y locos. Y no verán más que lo que vienen a buscar, así que, en consecuencia, a ella no la verán. Tonta no es.

LOLIO
Y seguro estoy de que no está loca.

ALIBIO
Sostén ese escudo fuerte, Lolio. En ti deposito mi confianza firme y tenaz. ¿Qué hora es, Lolio?

LOLIO
Casi la hora de la barriga, señor.

ALIBIO
¿La hora de comer? Queréis decir que son las doce.

LOLIO
Sí señor, pues cada cosa tiene su hora. A las seis nos despertamos y miramos a nuestro alrededor: la hora del ojo. A las siete rezamos: la hora de la rodilla. A las ocho paseamos: la hora de la pierna. A las nueve recogemos flores y hacemos aguas menores: la hora de la nariz. A las diez bebemos: la hora de la boca. A las once buscamos a toda prisa las viandas: la hora de la mano. Y a las doce a comer: la hora de la barriga.

ALIBIO
¡Qué profundo eres, Lolio! Pronto aprenderán tus alumnos esta lección. Ya quisiera yo que uno nuevo ingresara ahora mismo. Un momento, creo que mis expectativas entran en casa.

(Entran PEDRO y ANTONIO, que hace el idiota.)

PEDRO
¡Salve, señor! Mi misión se explica por si misma. Lo que veis le ahorra trabajo a mi lengua.

ALIBIO
¡Sí, sí, señor! ¡Queda claro! Me lo traéis de paciente.

PEDRO
Y si vuestros esfuerzos demuestran ser efectivos para aportarle algo de fuerza a esa parte enferma y débil de su naturaleza, esto es (le da dinero) una muestra de la cantidad de dinero que os haría llegar, aparte de los gastos de comida, aseo y otras necesidades que serán totalmente costeadas.

ALIBIO
¡No le faltará de nada, creedlo, señor!

LOLIO
Señor, un encargado de aquí también podría merecerse algo. El problema pasará por mis manos.

PEDRO
Es justo entonces que algo caiga en vuestras manos, señor.

(Le da dinero.)

LOLIO
Sí, señor. Debo limpiarle y leerle. ¿Cómo se llama?

PEDRO
Se llama Antonio, pero sólo gastamos la mitad: Tono.

LOLIO
Tono, Tono es suficiente, y buen nombre para un tonto. ¿Cómo te llamas, Tono?

ANTONIO
¡Ji, ji, ji! Bien, gracias, primo. ¡Ji, ji, ji!

LOLIO
¡Buen chico! ¡Levanta la cabeza! Se ríe; por tanto no es ninguna bestia.

PEDRO
Bien señor, si podéis lograr que alcance un cierto nivel, algún grado de razón, aunque sólo sea para avanzar a cuatro patas o con muletas hacia el sillón de la razón, añadiría honor a vuestros merecidos esfuerzos, y por vos rezará una gran familia de la que él sería heredero si tuviera cabeza para reclamar y encontrar lo que es suyo. Os aseguro, señor, que es un caballero.

LOLIO
Sí, nadie lo dudaría. A primera vista supe que era un caballero. No parece otra cosa.

PEDRO
¡Que esté bien atendido y mejor alojado!

LOLIO
Tan bien como la señora de la casa, señor. Y si nos dais tiempo y medios, le elevaremos al más alto nivel de madurez.

PEDRO
Todos los gastos serán cubiertos, señor.

LOLIO
Llegará a tener el conocimiento de un juez.

PEDRO
¡No, tampoco tanto! Mucho menos es suficiente.

LOLIO
Os garantizo que en cinco semanas estará listo para ocupar un cargo. Me comprometo a hacerle alcanzar el nivel de un alguacil.

PEDRO
Algo menos que eso sería suficiente.

LOLIO
¡No! El de un monaguillo, un bedel o un vigilante sería poco más de lo que ya es. Le dejaré listo para ser alguacil, y si después se hace magistrado, que se lo agradezca al cuidador. O llegaré más lejos aún: ¿y si consigo que tenga mi propia capacidad y le hago tan sabio como yo?

PEDRO
Con eso me conformo.

LOLIO
¡Pues eso! O me hago un tonto redomado como él, o él se hace tan listo como yo, y creo que eso le bastará.

PEDRO
Admiro vuestro conocimiento.

LOLIO
Sí, muy bien. Pero si yo no hubiera hecho el tonto, también tendría más conocimiento del que tengo. Recordad el estado en el que me encontráis.

PEDRO
Lo haré, y así os dejo. Os ruego le prestéis vuestros mejores cuidados.

LOLIO
¡Descuidad! Dejadlo todo entre nosotros.

(Sale Pedro.)

ANTONIO
¡Oh, mi primo se ha ido! ¡Primo, primo! ¡Oh!

LOLIO
¡Tranquilo, tranquilo, Tono! ¡No llores, chiquillo, o te azotaremos! Tu primo aún está aquí. Yo soy tu primo, Tono.

ANTONIO
¡Ji, ji! Si tú eres mi primo no lloraré. ¡Ji, ji, ji!

LOLIO
(A Alibio) Vamos a poner su ingenio a prueba un poco, para saber en qué grupo le pongo.

ALIBIO
¡Sí, hazlo, Lolio, hazlo!

LOLIO
Le haré preguntas muy sencillas para empezar. Tono, ¿cuantos dedos honestos tiene un sastre en la mano derecha?

ANTONIO
Los mismos que en la izquierda, primo.

LOLIO
Bien. ¿Y cuantos tiene entre las dos?

ANTONIO
Dos menos dos, primo.

LOLIO
Muy bien contestado. Vuelvo a por ti otra vez, primo Tono. ¿Cuantos tontos hacen falta para un hombre sabio?

ANTONIO
A veces cuarenta al día, señor.

LOLIO
¿Cuarenta al día? ¿Cómo se explica eso?

ANTONIO
Son los que se pelean entre ellos y van a ver a un abogado para que les reconcilie.

LOLIO
¡Qué tonto más listo! Entrará en el nivel cuatro por lo menos, ya lo veo. Vuelvo otra vez, Tono. ¿Cuántos golfos hacen falta para un hombre honrado?

ANTONIO
Eso no lo sé, primo.

LOLIO
Una pregunta muy difícil para ti. Te lo diré, primo. Tres golfos hacen a un hombre honrado: un policía, un carcelero y un bedel. El policía le coge, el carcelero le custodia y el bedel le zurra. Y si después de eso no se ha hecho honrado, el verdugo le cura.

ANTONIO
¡Ja, ja, ja! ¡Qué bueno, primo!

ALIBIO
¡Una pregunta muy profunda para el tonto, Lolio!

LOLIO
Sí, mejor que te la hubiera hecho a ti. Una más y te vas a jugar, Tono.

ANTONIO
¡A clavarla, primo! ¡Ja, ji!

LOLIO
¡Eso harás! Di cuantos tontos hay aquí.

ANTONIO
Dos, primo, tú y yo.

LOLIO
¡Eres muy lanzado, Tono! ¡Atención a mi pregunta! ¿Cuantos tontos y golfos hay aquí? Un tonto delante de un golfo, un tonto detrás de un golfo, entre cada dos tontos un golfo. ¿Cuántos tontos, cuántos golfos?

ANTONIO
Nunca llegué tan lejos, primo.

ALIBIO
Le haces preguntas demasiado difíciles, Lolio.

LOLIO
Yo le haré entenderlo fácilmente. Primo, ponte allí.

ANTONIO
¡Sí, primo!

(Lolio los pone en fila, y Alibio está en el centro.)

LOLIO
Amo, poneos al lado del tonto.

ALIBIO
¿Bien, Lolio?

LOLIO
Este es mi sitio. Fíjate ahora, Tono: hay un tonto delante de un golfo.

ANTONIO
Ese soy yo, primo.

LOLIO
Hay un tonto detrás de un golfo, ese soy yo, y entre dos tontos hay un golfo, y ese es mi amo. Somos los tres, eso es todo.

ANTONIO
¡Los tres, los tres, primo!

(Se oyen voces de locos desde dentro.)

LOCO 1
¡Ponednos la cabeza en la picota, que tenemos poco pan!

LOCO 2
¡Vuela, vuela, y alcanza a la golondrina!

LOCO 3
¡Dadle más cebolla, o el diablo le pondrá la cuerda de la ristra alrededor del cuello!

LOLIO
Ya sabéis que hora es. Así suenan las campanadas del manicomio.

ALIBIO
¡Callad, callad, o pongo el látigo a trabajar!

LOCO 3
(Desde dentro.) ¡Gata-puta, gata-puta! ¡Su longaniza, su longaniza!

ALIBIO
¡Callad de una vez! Ya es su hora. Hay que darles de comer, Lolio.

LOLIO
No hay forma de curar a ese loco galés. Le desquició un ratón que le comió la longaniza. Se volvió loco por eso.

ALIBIO
¡Cumple con tu obligación, Lolio! Yo lo haré con la mía.

LOLIO
Id a la sala de los locos y dejadme solo con vuestros tontos.

ALIBIO
Y recuerda mi última orden, Lolio.

LOLIO
¿De qué grupo de pacientes creéis que soy? Vamos, Tono, debes ir con tus compañeros de clase. Hay buenos alumnos entre ellos, ¿sabes? Algunos han aprendido hasta el stultus, stulta, stultum.

ANTONIO
¡Quiero ver a los locos, primo, si no me muerden!

LOLIO
No muerden, Tono.

ANTONIO
Muerden a la hora de comer, ¿verdad, primo?

LOLIO
Sí, muerden a la hora de comer, Tono. Bueno, espero que se me reconozcan los méritos contigo. Eres el que mejor me cae de todos los alumnos que he cuidado y, o tú te haces sabio, o yo me hago tonto.

(Salen.)

Acto II

ESCENA I

(Entran BEATRIZ-JUANA y JASPERINO por separado.)

BEATRIZ
Lista estoy para que me prestéis ese bello servicio que hace que el título de amigo mío recaiga gloriosamente sobre vos. ¡Que los ángeles y este plano os guíen! (Le da un papel.) Ahí están reflejados el mejor momento y el mejor lugar, señor.

JASPERINO
(Sale.) La alegría que daré es buena recompensa a mi servicio.

BEATRIZ
¡Qué sensato es Alsemero al confiar en su amigo! Señal de que elige con buen juicio y, por tanto, justifica que yo le elija a él. Es un principio básico:
Quien bien elige a un amigo, comparte su reflexión,
Y demuestra que acierta, sea cual sea la decisión.
Yo creo que ahora amo con los ojos del buen juicio, y claramente veo el camino de sus méritos. Quien bien lo merece brilla como un diamante, que incluso se ve entre las tinieblas de su ausencia, las más densas que pueden cernirse sobre el amor. Pero aún se le ve mejor con los ojos del intelecto. ¿Quién es ese Piraquo, por quien mi padre pierde el aliento? Y a mí sólo me da su bendición si mantengo su nombre bien alto. En caso contrario, se vuelve para atacarme, trocándola en maldición. Habrá que poner remedio, pues tan ansioso está, lo hace todo con tanta urgencia, que ni puedo tomar aliento para hablar con mi nuevo deseo.

(Entra DE FLORES.)

DE FLORES
(Aparte.) Ahí está. Lo que siempre me enferma lo hace ahora más aún. Pero prefiero que me ahorquen a dejar de verla. Veinte veces al día -¡tan pocas, no!- invento recados y excusas para cruzarme ante sus ojos. Y me da pocos motivos y menos esperanzas, pues cada vez me atormenta más. Se declara la más cruel enemiga de mi rostro en toda la ciudad. No aguanta mi presencia, como si su suerte o seguridad dependieran de mi aspecto. Confieso que tengo mala cara, pero las conozco peores con mejor fortuna, que no sufren en soledad, sino que son adoradas. Rostros peludos con barbilla de bruja, cinco pelos aquí y allá susurrando por las esquinas como si crecieran temerosos unos de otros; y con arrugas como acequias donde la deformidad porcina se lava con lágrimas mentirosas recogidas allí tras caer del ojo viscoso e indecente. Y esos gozan a rienda suelta de los favores de una dama que los encuentra agraciados. Aunque mi duro destino me arrojó a la servidumbre, yo vine a este mundo como un caballero. Y si ella gira su bendito ojo hacia mí, soportaré todas las tormentas antes que apartarme de él.

BEATRIZ
{AP}(Aparte.) ¡Otra vez! Ese repugnante rostro de mal agüero me agobia más que todas mis otras pasiones juntas.

DE FLORES
(Aparte.) ¡Ya empezamos otra vez! Aguantaré esta tormenta de granizo aunque me caigan piedras encima.

BEATRIZ
¿A qué vienes? ¡Que a qué vienes!

DE FLORES
(Aparte.) Tranquilo y relajado. Así no me iré en seguida.

BEATRIZ
(Aparte.) ¡El villano persiste! (A De Flores.) ¡Ciénaga inmunda!

DE FLORES
(Aparte.) Parece que amaina el chaparrón.

BEATRIZ
¿Quién te manda? ¿Con qué recado? ¡Fuera de mi vista!

DE FLORES
Vuestro padre, mi señor, me encarga que os dé un mensaje

BEATRIZ
¿Otro? ¡Pues dalo y que te cuelguen! ¡Así me libro de ti!

DE FLORES
Un buen servicio merece compasión.

BEATRIZ
¿Cuál es el mensaje?

DE FLORES
Que la belleza se acomode en la paciencia. Lo vais a oír entero.

BEATRIZ
¡Tormento insignificante que me hace perder el tiempo!

DE FLORES
El señor Alonso de Piraquo, señora, único hermano de Tomás de Piraquo...

BEATRIZ
¡Esbirro! ¿Cuándo pondrás punto y final?

DE FLORES
(Aparte.) Bien pronto lo haré.

BEATRIZ
¿Por qué habláis de él?

DE FLORES
El susodicho Alonso, con el ya mencionado Tomás...

BEATRIZ
¡Otra vez!

DE FLORES
... acaban de llegar.

BEATRIZ
¡Maldita noticia! ¿Infame, para eso te cruzas ante mi vista?

DE FLORES
Vuestro padre, mi señor, me encargó que os buscara.

BEATRIZ
¿Y no había otra manera de enviarme ese recado?

DE FLORES
Parece que es mi dicha estar siempre a mitad de camino.

BEATRIZ
¡Aléjate de mí!

DE FLORES
(Aparte.) ¿Seré burro por buscar formas para que me humillen? ¡Quiero seguir viéndola! Me dará otro espasmo de deseo en una hora, lo sé, y tomo aliento como un toro vulgar para que me vuelvan a tirar de las orejas. Adónde me lleva esto no lo sé. No desespero, porque hay precedentes de rostros deformes amados más allá de toda razón. Esta horrible cara podría un día caer en gracia entre sus semejantes. Está demostrado que la disputa es compañera de los buenos momentos. Igual que los niños lloran y acaban dormidos, he visto a mujeres discutir con hombres y acabar en la cama con ellos.

(Sale De Flores)

BEATRIZ
¡Cada vez que veo a ese sujeto presiento que algún mal se cierne sobre mí! El peligro aún me ronda la mente. Pasa una hora y todavía estoy temblando. La próxima vez que vea a mi padre de buen humor conseguiré que le deseche. ¡Ay! Me he perdido en este pequeño chaparrón olvidándome del fiero temporal de amargura que se me viene encima para ahogar todo mi gozo.

(Entran VERMANDERO, ALONSO y TOMÁS.)

VERMANDERO
Los dos sois bienvenidos, pero especialmente a quien nuestro amor otorga el título de hijo, nuestro hijo Alonso.

ALONSO
No hay título que reciba con mayor regocijo, señor.

VERMANDERO
Y vos lo ennoblecéis más aún. ¡Hija, prepárate! Pronto se os echará el día encima.

BEATRIZ
(Aparte.) Me quedaré con la noche, si tanto se me aproxima.

(Beatriz-Juana y Vermandero hablan aparte.)

TOMÁS
Alonso

ALONSO
¿Hermano?

TOMÁS
Poca bienvenida veo en sus ojos.

ALONSO
¡Vamos! Sois un juez muy severo con toda forma de amor. No hay manera de convenceros de que si los enamorados se tomaran todo a mal, el amor sería como un libro mal impreso, con erratas que ocupen medio volumen.

BEATRIZ
(A su padre.) Es todo lo que pido

VERMANDERO
Me parece razonable. Voy a ver qué dice mi hijo. Hijo Alonso, me hacen una propuesta para que siga doncella tres días más. La petición no es descabellada, pues el tiempo nos pisa los talones.

ALONSO
Esa fecha retrasa mi alegría lo que yo la quisiera adelantar, pero si ella así lo desea, me complace tanto como la anterior. Mi dicha no disminuye.

VERMANDERO
Y que siempre os encuentre yo en ese estado. Sois muy bienvenidos, señores.

(Salen Vermandero y Beatriz-Juana.)

TOMÁS
¿Visteis con qué frialdad se marchó?

ALONSO
¿Qué frialdad? ¡Aún estás poniendo pegas!

TOMÁS
Bien, dejadlo estar. Soy tonto por advertiros de la desgracia con tanto tacto.

ALONSO
¿Qué he pasado por alto?

TOMÁS
Vuestra buena fe ha sido burlada, muy burlada, por ella. Que vuestro amor retroceda a toda prisa guiado por la sensatez, o vuestra paz será turbada. Pensad qué tormento es casarse con una cuyo corazón ya se zambulle en el pecho de otro. Si goza contigo, no será en tu nombre ni por gratitud, pues aún estando en tus brazos yacerá con otro que será medio padre en la concepción de todos tus hijos. Y si él no procrea, ella procreará para él, y cuán peligrosa y desvergonzada se mostrará cuando intentes detenerla. Se sufre sólo de pensarlo.

ALONSO
Habláis como si ya amara a otro.

TOMÁS
¿Tanto os cuesta entenderlo?

ALONSO
Eso son miedos vuestros, yo me siento bien seguro. Guardaos vuestra amistad y consejo, hermano, para tiempos de más angustia. Si no fueras tú, me convertiría en peligroso y mortal enemigo de quien siquiera piense que ella conoce el significado de la inconstancia, mucho menos que la ponga en práctica. ¡Pero somos amigos! Te ruego que no seas tan impulsivo. Muchas otras cosas me pueden pasar antes de que a ella se la ofenda, pues si así fuera, no respondería de mí. ¡Adiós, querido hermano! ¡Ya que el cielo nos une, separémonos con amor!

(Sale.)

TOMÁS
Esta es la locura amansada por el amor, que empuja al hombre a su humillación.

(Sale.)

ESCENA II

(Entran DIAFANTA y ALSEMERO.)

DIAFANTA
El sitio está a mi cargo y habéis sido puntual. ¡Que la recompensa de un dulce encuentro sea vuestra bendición! Oigo venir a mi señora. ¡Un caballero total! No me extenderé en mis alabanzas, no vaya a levantar sospechas peligrosas.

(Sale.)

ALSEMERO
Esto va bien. Estas mujeres son como los joyeros de sus señoras. Sus bienes más preciados se encierran en ellas.

(Entra BEATRIZ-JUANA).

BEATRIZ
Tengo ante mis ojos todo cuanto deseo. Los ruegos que nuestros rezos mandan al cielo para que luego bajen a colmarnos de lo que carecemos no nos sacian tanto como tú haces con mis anhelos.

ALSEMERO
Nos expresamos de forma tan parecida, señora, que si no tomo prestadas vuestras mismas palabras no encontraré nada igual.

(La besa.)

BEATRIZ
¡Cuanta felicidad embargaría este encuentro, este abrazo, si estuviera libre de la envidia! Este pobre beso tiene un encarnizado enemigo que desea envenenarlo. ¡Qué bien me sentiría si no conociera el nombre de Piraquo ni estuviera sometida a las órdenes de mi padre! ¡Sería demasiada bendición para mí!

ALSEMERO
Con un buen servicio os quitaré ambos temores, y mejor me sentiré entonces yo también, pues ahora estáis muy angustiada. Si eliminamos la causa, cesan las órdenes, y así apagamos dos temores de un soplo.

BEATRIZ
¡A ver si os entiendo! ¿Qué servicio es ese que tan buen resultado da?

ALSEMERO
El de la más honrosa virtud del hombre: el valor. Retaré a Piraquo a un duelo.

BEATRIZ
¿Cómo? ¿Así pretendéis que se extinga mi temor, azuzando su llama? ¿Vais a correr ese riesgo? ¡Si sois todo mi gozo y mi consuelo! ¡No sigáis, señor! Aunque vencierais, ya no seríais mía sino del peligro. O bien la ley os apartaría de mi lado, o bien vuestro escondite sería la tumba que os enterrara vivo. ¡Que estos pensamientos se expresen en voz alta! ¡No ocultéis ninguno, señor! Esa acción nos llevaría por la senda de la tristeza hacia la muerte. Las lágrimas no se secarían hasta que el polvo las ahogara. La culpa sanguinaria sólo le sienta bien a un feo rostro. (Aparte.) Y ahora pienso en uno. ¡Por mi culpa he estropeado una buena oportunidad con mi desprecio! Él, lo más horrible jamás creado, lo habría hecho, sin duda.
5
Cada criatura tiene su función,
pero no supe encontrar la ocasión.

ALSEMERO
Señora...

BEATRIZ
¡Los grandes pensadores saben mucho de veneno que sirve para neutralizar a otro veneno! ¿En qué estaría yo pensando?

ALSEMERO
Señora, no me escucháis...

BEATRIZ
Lo hago y mucho, señor. Estos tiempos no están de nuestra parte, pero el futuro puede estarlo. Debemos administrarlos, como los ricos su fortuna, con moderación hasta que lleguen tiempos mejores.

ALSEMERO
Sois una fuente de sabiduría, señora.

BEATRIZ
(Llama.) ¡Diafanta, ven aquí!

(Entra DIAFANTA .)

DIAFANTA
¿Llamáis, señora?

BEATRIZ
¡Completad vuestro servicio llevando a este caballero por el camino secreto que le trajisteis!

DIAFANTA
¡Sí, señora!

ALSEMERO
Mi amor se mantiene firme como ningún otro lo ha hecho jamás.

(Salen Diafanta y Alsemero.)
(Entra DE FLORES.)

DE FLORES
(Aparte.) He sido testigo de este encuentro y me pregunto qué será del otro. No se puede servir a dos sin pecar. ¡Pues me apunto yo también con alborozo! Si una mujer vuela de un sitio a otro, y en cada sitio que se posa encuentra marido, remonta y se abre en progresión aritmética, uno, diez, cien, mil, diez mil, como una halconera que sirve a todo un regimiento. Ahora me esperan las mayores humillaciones, pero tengo que verla.

BEATRIZ
(Aparte.) Aunque le deteste tanto como la juventud y la belleza odian el sepulcro, ¿por qué he de demostrarlo? ¿No puedo guardar el secreto y sacar provecho de él? ¡A ver, aquí está! (A él.) ¡De Flores!

DE FLORES
(Aparte.) ¡Enloquezco de alegría! ¡Me llama dulcemente por mi nombre, De Flores, y no bandido o bribón!

BEATRIZ
¿Qué te has hecho en la cara últimamente? ¡Has ido a un buen médico! Te habrás acicalado, antes no parecías tan encantador.

DE FLORES
(Aparte.) ¡No es a mí! Tengo el mismo aspecto, hasta la última verruga peluda, del que ella se burlaba hace apenas una hora. ¿Cómo puede ser?

BEATRIZ
¡Acércate, hombre!

DE FLORES
(Aparte.) Mi barbilla llega al cielo

BEATRIZ
(Le mira la cara.) Vuélvete, déjame ver. Tienes ardor, lo veo. Creía que estabas peor.

DE FLORES
(Aparte.) ¡Sus dedos me han tocado! Huele a ámbar.

BEATRIZ
Te prepararé una loción que te dejará limpio en dos semanas.

DE FLORES
¿Con vuestras propias manos, señora?

BEATRIZ
Sí, con las mías, señor. A la hora de curar, no me fío de ninguna otra.

DE FLORES
(Aparte.) ¡Qué gusto me da oírla hablarme así!

BEATRIZ
Cuando una se acostumbra a un rostro deforme ya no resulta tan desagradable. Nuestro estado de opinión cambia a cada hora. Lo sé por experiencia.

DE FLORES
(Aparte.) ¡La luz me bendice en este instante! Haré buen uso de ella.

BEATRIZ
La deformidad le sienta bien al rostro del hombre. Denota servicio, decisión, virilidad, virtudes suficientes para desempeñar su labor.

DE FLORES
Que en seguida os demostraría, si vuestra señora las necesitara. Ojalá tuviera el feliz honor de prestaros un servicio que requiriera su provecho.

BEATRIZ
Te pondremos a prueba. ¡Ay, mi De Flores!

DE FLORES
(Aparte.) ¿Cómo es esto? ¡Ya me llama suyo! ¡Mi De Flores! (A Beatriz.) Ibais a suspirar algo, señora.

BEATRIZ
No. ¿Yo? Se me ha olvidado. ¡Ay!

DE FLORES
Ahí está. Igual que antes.

BEATRIZ
Sois muy lanzado, señor.

DE FLORES
Ya no hay excusa que valga. Lo he oído dos veces, señora. Ese suspiro oculta una afirmación. Compadeceos de él, dadle libertad de expresión. ¡Cómo forcejea para liberarse! Ya oigo el murmullo que late en vuestro pecho.

BEATRIZ
¡Ay, si Dios...

DE FLORES
Bien dicho, eso es.

BEATRIZ
...me hubiera hecho hombre!

DE FLORES
¡Eso no es!

BEATRIZ
¡El alma de la libertad! No me vería forzada a casarme con quien odio más allá de todo límite. Tendría fuerza para oponerme a quienes aborrezco y quitarles de mi vista para siempre.

DE FLORES
¡Oh, bendita ocasión! Sin tener que cambiar de sexo se cumplirán vuestros deseos. Reclamad lo que hay de hombre en mí.

BEATRIZ
¿En ti, De Flores? Poco me corresponde reclamaros.

DE FLORES
Pues no me lo exijáis. Es un servicio que, de rodillas, suplico poder prestar.

(Se arrodilla.)

BEATRIZ
Os alteráis demasiado para decirlo de verdad. Hay terror, sangre y peligro en el servicio que requiero. ¿Estaría uno dispuesto a asumirlo?

DE FLORES
Si supierais cuánto me apetece ponerme a vuestra disposición, diríais que he sido incapaz de mostrar gratitud suficiente al recibir vuestro encargo.

BEATRIZ
(Aparte.) Esto es demasiado. Es tan avaricioso que el oro le sabe a gloria.
(A De Flores.) Levántate.

DE FLORES
Primero decidme qué debo hacer.

BEATRIZ
(Aparte.) Quizás su necesidad pueda con él. (Le da dinero.) Eso es para animarte. En proporción a tu arrojo y al peligro de tu servicio, la recompensa será elevada.

DE FLORES
Eso ya lo he pensado, y me aseguro de antemano que lo será. Me relamo nada más de pensarlo.

BEATRIZ
¡Pues que tu furia caiga sobre él!

DE FLORES
Le tengo ganas.

BEATRIZ
Alonso Piraquo.

DE FLORES
Su fin está próximo. Nadie le volverá a ver.

BEATRIZ
¡Cuán encantador me pareces ahora! Nunca habrá hombre mejor recompensado.

DE FLORES
¡Ya lo creo que no!

BEATRIZ
Ten mucho cuidado en la ejecución.

DE FLORES
¿No dependen nuestras vidas de cómo caiga el dado?

BEATRIZ
Deposito mis temores en tu servicio.

DE FLORES
Nunca más se levantarán a haceros daño.

BEATRIZ
Cuando esté todo hecho, te ayudaré a huir; podrás vivir holgadamente en otro país.

DE FLORES
De eso ya hablaremos más adelante.

BEATRIZ
(Aparte.) Me libro de dos seres detestables de una vez. Piraquo y este cara de perro.

(Sale.)

DE FLORES
¡Ay, me hierve la sangre! Ya la siento entre mis brazos, sus libidinosos dedos acariciándome la barba mientras piropea complaciente esta mala cara. El hambre y el placer convierten en deliciosos los platos más desaliñados, y se devoran con ganas mientras sorprendentemente se rechazan otros más refinados. ¡Algunas mujeres son muy raras con las comidas...! Hablo muy alto. Ahí llega el hombre que hoy se acuesta sin cenar, y mañana no se levanta ni a la hora de comer.

(Entra ALONSO.)

ALONSO
¡De Flores!

DE FLORES
¿Mi atento y honorable señor?

ALONSO
Me alegro de encontrarme contigo.

DE FLORES
Señor.

ALONSO
¿Me puedes enseñar toda la fortaleza del castillo?

DE FLORES
Sí puedo, señor.

ALONSO
Me apetece mucho.

DE FLORES
Si las cuestas y recovecos del recorrido no se os hacen pesados, os aseguro que bien merece la pena lo que vais a ver, mi señor.

ALONSO
¡Vamos! Eso no será un obstáculo para mí.

DE FLORES
Yo os serviré entonces. Es casi la hora de comer. Antes de que os levantéis de la mesa tendré las llaves.

ALONSO
Gracias, amable De Flores.

DE FLORES
(Aparte.) Se tira a mis brazos más fácilmente de lo que esperaba.

(Salen.)

Acto III

ESCENA I

(Entre actos, De Flores ha escondido una navaja. Ahora entran ALONSO y DE FLORES.)

DE FLORES
Aquí están todas las llaves. Temía que me faltara la de la poterna, pero es esta. Las tengo todas. Esta es la del baluarte.

ALONSO
Un fortín muy espacioso e impenetrable.

DE FLORES
Y más cosas que os llamarán la atención, mi señor. La bajada es algo estrecha. No podremos pasar con nuestras armas. Nos estorbarán.

ALONSO
Es verdad lo que dices.

DE FLORES
Dejadme ayudar a vuestra señoría.

ALONSO
Ya está. Gracias, amable De Flores.

DE FLORES
Aquí hay unos ganchos para colgarlas, mi señor.

(Cuelga las espadas.)

ALONSO
Ve delante, yo te sigo.

(Salen por una puerta y entran por otra.)

ESCENA II

DE FLORES
Esto no es nada todavía. Pronto veréis algo que no os podíais ni imaginar.

ALONSO
Me alegro de haber venido. Todos creen que me he ido a dar un paseo en góndola.

DE FLORES
Todos menos yo, señor, (aparte) —para mi mayor seguridad. (A Alonso.) Mi señor, situaos ante esta tronera y podréis apreciar toda la fortaleza del castillo. Mirad, recread vuestra vista allí.

ALONSO
¡Cuánta variedad, De Flores!

DE FLORES
Sí, señor

ALONSO
Buen armamento.

DE FLORES
¡Eso es una pieza de artillería, señor! ¡Nada de metal adulterado! Su sonido sólo es comparable al de las campanadas a muerto de los grandes hombres. Clavad la vista, mi señor, en este baluarte que pronto será vuestra morada.

(Coge la navaja.)

ALONSO
La tengo clavada.

DE FLORES
(Le apuñala.) Y yo también.

ALONSO
¡De Flores! ¡Oh! ¡De Flores! ¿A qué maldad prestáis servicio?

DE FLORES
¿Preguntáis por una misión secreta? Debo haceros callar.

(Le apuñala.)

ALONSO
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!

DE FLORES
Debo haceros callar. (Le apuñala.) Una labor soterrada bien realizada. Esta bóveda me viene bien. ¡Eh! ¿Qué reluce ante mis ojos? ¡Oh! ¡Un diamante que lleva en el dedo! ¡Qué bien que lo haya visto! Será prueba de mis actos. ¿Cómo? ¡Qué apretado está! ¿Ni la muerte os separa? Tomaré el camino más corto. (Le corta el dedo.) ¡Dedo y todo fuera! Y ahora dejaré estos pasadizos limpios de toda sospecha y temor.

(Sale con el cadáver.)

ESCENA III

(Entran ISABEL y LOLIO.)

ISABEL
¡Bueno, señor! ¿De dónde os sale el encargo de ir cerrándome las puertas? Si me vais a tener en una jaula, por favor, silbadme, y así me entretengo.

LOLIO
Os puedo dar algo para que os entretengáis. Yo os silbo si me tocáis la flauta.

ISABEL
¿A quién complace meterme en este establo, a vos o a vuestro amo?

LOLIO
A mi amo, pues si os pillaran por ahí con la panocha de otro hombre, os iban a meter en otro sitio.

ISABEL
Me parece muy bien. Demostraría ser sensato.

LOLIO
Dice que ya tenéis bastante compañía en casa con toda clase de gente, si tanto os apetece relacionaros.

ISABEL
¿Toda clase? ¡Si aquí no hay más que locos y tontos!

LOLIO
Muy bien. ¿Y qué otra cosa ibais a encontrar si salierais por ahí? Aquí ya estamos mi amo y yo para que nos traten a patadas.

ISABEL
Uno de cada clase, un loco y un tonto.

LOLIO
Yo me haría mitad y mitad, si estuviera en vuestro lugar. Ya sé que estáis medio loca; haceos medio la tonta también.

ISABEL
¡Sois un granuja descarado! Vamos, señor, rendidme los honores de vuestro manicomio. Hoy me hablabais muy bien de vuestro lunático recién llegado, con un cuerpo estupendo sin cerebro que lo guíe. ¡Qué triste alborozo se encuentra en ese defecto, como si vuestra sabiduría se divirtiera con la demencia! Por favor, señor, compartidlo conmigo, si se puede disfrutar de tal placer.

LOLIO
Si no os muestro al loco más guapo y discreto jamás visto, uno al que llamaría loco comprensivo, decid que soy tonto.

ISABEL
¡De acuerdo, lo digo!

LOLIO
Una vez le hayáis echado un vistazo al loco, si lo deseáis, veréis la escuela de cretinos al otro extremo. No suelo echar la llave allí. Tras correrse un par de pestillos ya os veréis entre ellos.
(Sale.)
(Vuelve a entrar en seguida. Llama a Francisco.)
¡Vamos, señor! ¡A ver si os portáis bien ahora!

(Entra FRANCISCO.)

FRANCISCO
¡Qué preciosa es! ¡Oh! Pero tiene en la frente una arruga tan profunda como la filosofía. ¡Anacreonte, bebe a la salud de mi ama! ¡Yo brindo por ella! ¡Esperad, esperad, hay una araña en el vaso! ¡No! Es la pepita de una uva. ¡Tragáosla y no temáis, poeta! ¡Vamos, vamos, levantadla más alto!

ISABEL
¡Por favor, por favor! Da demasiada pena para reírse. ¿Sabéis de qué se volvió loco?

LOLIO
De amor, señora. Era un buen poeta también, lo cual fue el primer paso. Luego las musas le abandonaron. Enloqueció por una criada, y eso que era enana.

FRANCISCO
¡Salve, bella Titania! ¿Por qué te quedas ahí tan parada entre estas riberas florecientes? Oberón está bailando con sus dríadas. Yo recogeré margaritas, prímulas y violetas y haré un ramo de versos con ellas.

LOLIO
¡No te acerques tanto o correrás peligro!

(Le enseña el látigo.)

FRANCISCO
¡Oh! ¡Detén tu mano, gran Diómedes! Alimentas bien a tus caballos, así que te obedecen. ¡Monta, tu Bucéfalo se arrodilla!

(Se pone de rodillas.)

LOLIO
Ya veis como atemorizo al rebaño. Ni un pastor hace obedecer tanto a su perro.

ISABEL
Su conciencia está inquieta, seguro que fue ese el motivo. Es un caballero.

FRANCISCO
¡Vamos, Escolapio! ¡Guardad ese veneno!

(Se levanta.)

LOLIO
Ya está guardado.

(Guarda el látigo.)

FRANCISCO
¿No habéis oído nunca hablar de un tal Tiresias, el famoso poeta?

LOLIO
Sí, el que domaba potrancas salvajes.

FRANCISCO
¡Ése! Yo soy ese hombre.

LOLIO
¡No!

FRANCISCO
Sí, pero no le des tanto bombo. Yo era hombre hace ya siete años.

LOLIO
¡Un mozalbete a lo mejor!

FRANCISCO
Ahora soy mujer, todo femenino.

LOLIO
Eso me gustaría verlo.

FRANCISCO
Juno me dejó ciego.

LOLIO
No me lo creo, pues dicen que la mujer tiene un ojo más que el hombre.

FRANCISCO
Te digo que me dejó ciego.

LOLIO
Y la luna te volvió loco. Ya tienes dos taras por las que pedir limosna.

FRANCISCO
La luna está ahora preñada, y tenemos sitio los dos para cabalgar sobre Hécata. Te arrastraré a su esfera de plata y allí pasaremos el tiempo dándole patadas al perro que ladra a las brujas de la noche. Y le arrancaremos la piel lobera al veloz licántropo que hace la ronda, y así salvaremos a las ovejas.

(Intenta agarrar a Lolio.)

LOLIO
¿A eso hemos llegado? Pues mi veneno vuelve a salir. ¡Qué esclavo más loco, desde luego, que quiere maltratar a su guarda!

ISABEL
¡Por favor, ten cuidado con él! Ahora se vuelve peligroso.

FRANCISCO
Mi amor, ten piedad de mí
Quiero yacer junto a ti

LOLIO
¡No, primero te voy a espabilar! ¡A tu caseta!

FRANCISCO
¡Sin ruido, que ella duerme! ¡Corred las cortinas a su alrededor! ¡Que ningún suave sonido moleste a esa bella alma salvo el del amor, que se arrastra hasta meterse por la ratonera!

LOLIO
¡Ojalá te metieras tú en tu agujero!
(Sale Francisco.)
Ahora, señora, os traeré a otro tipo. Este os volverá loca otro rato. (Llama.) ¡Tono, ven aquí, Tono! ¡Mira quién está, Tono!

(Entra ANTONIO)

ANTONIO
Primo, ¿no es ésa mi tía?

LOLIO
Sí, una de ellas, Tono.

ANTONIO
¡Ji, ji! ¿Cómo estás, tío?

LOLIO
No tengáis miedo, señora, es un idiota delicado. Podéis jugar con toda confianza tanto con él como con su cachiporra.

ISABEL
¿Cuánto tiempo hace que eres tonto?

ANTONIO
Desde que llegué aquí, prima.

ISABEL
¿Prima? Yo no soy tu prima, tonto.

LOLIO
Señora, los tontos son muy listos a la hora de reclamarle a la familia.

LOCO
(Desde dentro.) ¡Bota, bota, cae, cae!

ISABEL
¡Escuchad! Vuestros tontos del cuarto de arriba están sin control.

LOLIO
(Llama.) ¿Voy a tener que subir a veros? ¡Cuidad del loco, señora! Yo subiré a hacer de Orlando el zurdo con los locos.

(Sale.)

ISABEL
Bien, señor.

(Antonio se quita el disfraz de loco.)

ANTONIO
¡Qué oportuno, dulce señora! ¿No observáis con sorpresa este cambio?

ISABEL
¡Ja!

ANTONIO
Esta apariencia de locura cubre a vuestro más intenso enamorado, el servidor más sincero de vuestra poderosa belleza cuya magia tiene el poder para transformarme.

ISABEL
¡Sí que sois tonto de verdad!

ANTONIO
No es de extrañar. El amor tiene un intelecto que recorre todas las ramas del saber y, como un astuto poeta, toma una parte de cada ciencia, pero luego las recoge todas en un único misterio, un secreto con el que saldrá adelante.

ISABEL
¡Sois un tonto terrible!

ANTONIO
No hay peligro en mí. No traigo nada más que amor y estas puntas inofensivas con las que daros. Probad una sola flecha, y si os duele, os daré veinte en compensación.

(La besa.)

ISABEL
¡Un tonto muy lanzado también!

ANTONIO
Eso ha sido una lección que da el amor. Me enseñó mil formas de abrirme camino, y esta encuentro la más segura y cercana para caminar por la Vía Láctea hacia mi estrella.

ISABEL
¡Y qué profundo sois! Seguro que lo habéis soñado. El amor no da esas lecciones despierto.

ANTONIO
No prestéis atención a mis locuras externas. Dentro hay un caballero que os ama.

ISABEL
Cuando le vea le hablaré. Y, mientras tanto, dejaos el atuendo puesto, porque os sienta muy bien. Como sois caballero, no os delataré; es el único favor que podéis esperar de mí.
Cuando ya os hayáis cansado, marchad del colegio pronto
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Pues en todo este tiempo no habéis hecho más que el tonto.

(Entra LOLIO.)

ANTONIO
Y lo volveré a hacer. ¡Ji, ji! ¡Gracias, prima! Mañana por la mañana seré vuestro amante.

LOLIO
¿Qué os parece el tonto, señora?

ISABEL
Extremadamente bien, señor.

LOLIO
¿Tiene buen conocimiento para ser tonto?

ISABEL
Si sigue igual que ha empezado, a lo mejor llega a algo.

LOLIO
Gracias a un buen tutor. Podéis ponerle a trabajar ya. ¡Que empiece a responder preguntas más complicadas! ¡Tono! ¿Cuánto son cinco por seis?

ANTONIO
Cinco por seis son seis por cinco.

LOLIO
¿Qué matemático habría respondido mejor? ¿Cuánto son ciento y siete?

ANTONIO
Ciento y siete son siete cientos y uno, primo.

LOLIO
(A Isabel.) No demuestra ningún conocimiento del que valga la pena hablar. ¿Os queréis librar del cretino ahora?

ISABEL
De ninguna manera. Que se quede un poco más.

LOCO
(Desde dentro.) ¡Atrapad, atrapad a la última pareja en el infierno!

LOLIO
¿Otra vez? ¿Tengo que volver a por vosotros? ¡Ojalá vuestro amo hubiera vuelto a casa? No puedo cuidar de las dos salas a la vez.

(Sale.)

ANTONIO
¿Por qué perder un solo minuto de la hora del amor?

ISABEL
¡Quita otra vez! Prefiero que te quedes con tu otro papel. La ropa que llevas no encaja con lo que dice tu lengua.

ANTONIO
¿Cómo se puede estar gélido cuando se vive cerca de tan dulce calor? ¿Voy a caminar a solas por el jardín de Hespérides como un cobarde sin atreverme a coger una manzana? La de los mofletes rojizos es para mí.

(Intenta besarla.)
(Entra LOLIO por arriba)

ISABEL
¡Cuidado, que hay gigantes vigilando!

LOLIO
(Aparte.) ¿Cómo, tonto, de eso sí que sabéis? ¿Habéis leído a Lipsio? ¡Ya supera el Ars Amandi! Me parece que le pondré preguntas más complicadas.

ISABEL
¡Valiente descarado sois!

ANTONIO
¿Qué he de temer con tanto gozo a mi alrededor? Sonreíd, y en vuestros labios el amor se hará libertino, beso y retirada, retirada y beso otra vez. Mirad con alegría, y en vuestros ojos reflejaré mi propia deformidad para darle un mejor atuendo. Sé que este aspecto no me sienta bien, pero ante esos bellos espejos me engalanaré.

LOLIO
¡Muuu! ¡Muuu!

(Sale.)
(Entran LOCOS arriba, algunos hacen de pájaro, otros de animal.)

ANTONIO
¿Esos que dan?

ISABEL
Miedo suficiente para hacernos huir. No son más que nuestra escuela de lunáticos que actúan sus múltiples fantasías según lo que les pase por la cabeza en cada momento. Si están tristes, lloran. Si les da por la alegría, vuelven a reír. A veces imitan a animales y pájaros. Cantan, aúllan, rebuznan o ladran, todo según las absurdas ganas que les den.

(Salen locos. Entra LOLIO.)

ANTONIO
¡Esos no dan miedo!

ISABEL
¡Pero aquí entra uno que da mucho, amigo mío!

ANTONIO
¡Ja! ¡Ji! ¡Qué bueno, primo!

LOLIO
Ojalá volviera mi amo a casa. Es demasiado para un solo pastor cuidar de estos dos rebaños. Ni un clérigo predica en dos parroquias a la vez. Hay locos incurables a un lado, y rematadamente tontos al otro. ¡Ven, Tono!

ANTONIO
¡Te lo ruego, primo, déjame quedarme aquí!

LOLIO
¡Nada! Ahora coge los libros, que ya has jugado bastante.

ISABEL
Vuestro tonto se ha hecho muy ingenioso.

LOLIO
No diré nada, pero no creo que sea tan listo para tumbaros.

(Salen Lolio y Antonio.)

ISABEL
Aquí el torrente podría abrir una brecha pese a los vigilantes del dique. Si una mujer quiere descarriar, no le hace falta salir por ahí a buscar pecado. De alguna forma se lo traerán a casa. La aguja de la brújula se empina hacia el norte en dirección a las bellas mujeres árticas.

(Entra LOLIO.)

LOLIO
¿Cómo estás, dulce bribona?

ISABEL
¿Cómo?

LOLIO
¡Vamos, que aún hay clases! Un tonto puede ser mejor que otro.

ISABEL
¿Qué sucede?

LOLIO
¡Si te entra por los ojos la carne de tonto, ahí voy!

(Intenta besarla.)

ISABEL
¡Granuja descarado!

LOLIO
Yo podría seguir como el otro tonto: “¿Qué he de temer con tanto gozo a mi alrededor? Sonreíd, y en vuestros labios el amor se hará libertino, beso y retirada, retirada y beso otra vez. Mirad con alegría, y en vuestros ojos reflejaré mi propia deformidad para darle un mejor atuendo. Sé que este aspecto no me sienta bien...” Y seguiría así, ¡pero eso es hacer el tonto! ¡Vamos, dulce bribona! ¡Bésame, pequeña espartana! Déjame sentirte el pulso. Seguro que tienes algo que haría a un hombre feliz. Pongo la mano donde sea por ello.

ISABEL
¡Ya está bien, hombre! Veo que has descubierto al caballero errante enamorado que se lanza a la aventura por la recompensa de mi amor. ¡Cállate! ¡Quédate mudo! Mudo como una estatua, o la condición que le pondré será que te corte el cuello. Lo haré por librarme de ti, y seguro que no se negará.

LOLIO
¡Yo sólo quiero mi parte! ¡Y que el tonto se reparta el resto contigo!

ISABEL
¡Ya está bien! ¡Vuestro amo!

(Entra ALIBIO)

ALIBIO
¿Querida, como estás?

ISABEL
Os esperaba aprisionadamente, señor.

ALIBIO
¡Vamos, vamos, corazón! Ya está bien.

ISABEL
Será mejor que me encerréis.

ALIBIO
Entre mis brazos y mi pecho te encerraré, dulce Isabel. Lolio, tenemos trabajo entre manos. En el castillo del noble Vermandero, nuestro capitán, hay que preparar la boda solemne de Beatriz-Juana, su bella hija, y el caballero requiere nuestros mejores servicios. Un grupo de nuestros locos y tontos pondrán la guinda, como se suele decir, a las celebraciones al final del tercer día. Algún baile sorprendente que les dé un pequeño susto de alegría, eso es todo. Pero no es el todo que yo busco. Me gustaría que lo representáramos con un baile desenfrenado, sin forma ni figura, sin ritmo ni medición. Ya le cogeremos el ritmo en otra ocasión. Y si sale bien habrá una buena recompensa.

LOLIO
Eso es fácil, señor, os lo aseguro. Tenéis locos y tontos que saben bailar muy bien. No os extrañe que los mejores bailarines no sean los más listos porque, como saltan tanto, el cerebro les va a los pies, y así tienen más conocimiento en los talones que en la cabeza.

ALIBIO
Honrado Lolio, me dais una buena explicación y mucha tranquilidad.

ISABEL
Pues ahora tenéis un buen negocio. El loco y el cretino se cotizan muy alto.

ALIBIO
Mujer, hay que comer, vestirse y vivir.
Más que un abogado ganamos aquí.
¡Con tanto tonto, el negocio va a subir!

(Salen.)

ESCENA IV

(Entran VERMANDERO, ALSEMERO, JASPERINO y BEATRIZ-JUANA.)

VERMANDERO
(A Alsemero.) Valencia os ensalza por vuestra nobleza, señor. Ojalá tuviera una hija para vos.

ALSEMERO
Quien se parezca a esa criatura merecería el amor de un rey.

VERMANDERO
Yo hice mía a una que se le parecía, señor, pero el cielo quiso casarla con la felicidad eterna. Pecado sería desear su regreso a este valle de lágrimas. Venid, señor, con vuestro amigo y veréis los placeres que mi salud aún me permite gozar

ALSEMERO
He oído hablar mucho de la belleza de este lugar

VERMANDERO
No es para tanto.

(Salen todos menos Beatriz-Juana)

BEATRIZ
Ya ha dado un paso hacia el aprecio de mi padre; el tiempo lo acabará de arreglar. He logrado que pueda circular libremente por la casa; su sensatez le conduce por etapas hacia esa libertad. Y si el ojo que me ofende se oscurece, esperando estoy su eclipse, este caballero pronto brillará gloriosamente en la estima de mi padre a través de la radiante virtud de mi amor.

(Entra DE FLORES.)

DE FLORES
(Aparte.) Me relamo pensando en las consecuencias de mi acción. No me pesa. Poco me ha costado si se compara con la dulce recompensa que me espera.

BEATRIZ
¡De Flores!

DE FLORES
¿Señora?

BEATRIZ
Vuestro aspecto augura alegría.

DE FLORES
Hay respuesta para todo. El tiempo, las circunstancias, vuestros deseos y mi servicio.

BEATRIZ
¿Ya está?

DE FLORES
Ya no está Piraquo

BEATRIZ
(Solloza.) La felicidad brota en mis ojos. Lo engendrado con más dulzura siempre nace llorando.

DE FLORES
Os he traído una muestra.

BEATRIZ
¿Para mí?

DE FLORES
Me ha opuesto cierta resistencia. Sólo he podido conseguir el anillo con dedo incluido.

(Le ofrece el dedo.)

BEATRIZ
¡Dios mío! ¿Qué has hecho?

DE FLORES
¡A ver si esto va a ser más que matar al hombre entero! Le he cortado las cuerdas del corazón. La avaricia metió mano en el plato de la corte y por error alguien se lo llevó por delante.

BEATRIZ
Fue la primera muestra de amor que mi padre me hizo enviarle.

DE FLORES
Y yo he hecho que os la devuelva cómo su última muestra. Me sabía mal dejarlo allí, pues seguro que los muertos no tienen ocasión para lucir joyas. Pero también le sabía mal separarse de él, lo llevaba encajado como si anillo y carne fueran uno.

BEATRIZ
El guarda de la finca tiene derecho a cobrarse su parte de cada pieza cazada. Y bien claro queda aquí. Cobraos todas las partes del muerto. Os ruego que enterréis el dedo, pero quedaos con la piedra. Creedme si os digo que su verdadero valor asciende a trescientos ducados.

DE FLORES
Por mucho valor que tenga, apenas sirve para comprar una cartuchera donde guardar mi conciencia para protegerla del gusano. Bueno, los grandes hombres me han enseñado que si una pieza es mía me la cobro, o mi sentido del mérito le haría un feo a la recompensa..

BEATRIZ
Haces bien. Pero, De Flores, te equivocas. No te lo tomes como una recompensa.

DE FLORES
Eso espero, señora, pues seríais testigo de cómo la desprecio.

BEATRIZ
¡Por favor! Pareces ofendido.

DE FLORES
¿Os extraña, señora? No es posible que mi servicio reciba esa acusación de vos. ¿Ofendido, creéis? Mucho sería para alguien que actúa como yo, que tan atento servicio presto.

BEATRIZ
Sería yo muy desagradecida si os acusara de algo, señor

DE FLORES
Ya lo creo. Desagradecida hasta el más alto grado.

BEATRIZ
Todo resuelto. (Le ofrece dinero.) Mirad, ahí van tres mil florines de oro. No reparo en gastos ante vuestro merecimiento.

DE FLORES
¿Qué? ¿Una paga? Ahora sí me estremecéis.

BEATRIZ
¿Cómo, De Flores?

DE FLORES
¿Me apuntáis en las filas de las alimañas que asesinan a sueldo? ¿Me ofrecéis oro? ¡La esencia sangrante de la vida! ¿Tanto se valora lo que sí debiera ser mi recompensa?

BEATRIZ
No te entiendo.

DE FLORES
Podría haber contratado a un jornalero del crimen por ese dinero para que me trajera el trabajo hecho a casa y dejar que mi conciencia durmiera tranquila.

BEATRIZ
(Aparte.) Estoy en un laberinto. ¿Qué le satisfará? Quiero librarme de él. (A De Flores.) Doblo la suma.

DE FLORES
Y dobláis mi humillación. ¿Es ese el bien que hacéis?

BEATRIZ
(Aparte.) ¡Dios mío! Ahora estoy peor que antes. No sé cómo complacerle.
(A De Flores.) Tengo miedo y te ruego que marches a toda prisa. Si te da apuro decir la suma que te satisface, el papel no se sonroja. Mándamelo por escrito y se te enviará, pero te ruego que salgas resoplando.

DE FLORES
Vos también vais a resoplar.

BEATRIZ
¿Yo?

DE FLORES
O no moveré ni un dedo.

BEATRIZ
¿Qué queréis decir?

DE FLORES
¿No estáis tan profundamente metida en esto como yo? Debemos cabalgar juntos. ¡Vamos! Vuestros miedos os harán enfermar, y mi ausencia os haría el blanco de toda sospecha. No tendríais salvación.

BEATRIZ
(Aparte.) Parece tener razón.

DE FLORES
Ni estaría bien que a quienes estamos tan íntimamente unidos nos separe el hombre.

(Intenta besarla.)

BEATRIZ
¿Qué haces? Esto no tiene buena pinta.

DE FLORES
¿Por qué se muestra tan frío vuestro labio? No debe interferir entre nosotros.

BEATRIZ
(Aparte.) Habla como un loco.

DE FLORES
¡Vamos, bésame con ganas!

BEATRIZ
(Aparte.) ¡Dios! ¡Me da miedo!

DE FLORES
No voy a quedarme suplicando mucho rato.

BEATRIZ
Cuidado con olvidar quien eres, De Flores, o nos pondrás en evidencia.

DE FLORES
Cuidaos vos primero, que olvidáis muy fácilmente que también sois culpable.

BEATRIZ
(Aparte.) ¡Qué atrevimiento! Y por mi culpa.

DE FLORES
Os quito un problema de encima, y como ahora siento dolor, os quiero encima de mí, me lo debéis. La justicia invita a que tu sangre me entienda.

BEATRIZ
¡No puede ser!

DE FLORES
¡Rápido!

BEATRIZ
¡Jamás lo haré! ¡Seguid hablando, soy incapaz de oír lo que habláis, ningún sonido me llega! No estoy dispuesta a escuchar tal insulto a costa de ninguno de vuestros actos.

DE FLORES
¡Calma, señora, calma, que el último aún no está pagado! ¡Vaya! Este asunto me ha levantado el ánimo. Tengo tantas ganas de humedad como la tierra seca cuando las nubes empiezan a llorar. ¿No me visteis suplicar, arrodillarme y ofrecerme a hacerlo? ¿Por qué me tomaría tanta molestia? ¡Ya veis como desprecio vuestro oro! No es que no lo quiera, me hace mucha falta. A su debido tiempo vendré a llevármelo, pero no es eso a lo que le tenía yo tantas ganas para empezar. Yo coloco la riqueza a la cola del placer, y si no estuviera seguro de tu virginidad intacta, me llevaría la recompensa a regañadientes, ya que sólo se cumplirían la mitad de mis deseos.

BEATRIZ
¡No es posible que seáis tan malvado, que cobijéis tan astuta crueldad para hacer que su muerte asesine mi honor! Tus palabras son descaradas y viciosas. No encuentro manera de perdonarlas con pudor.

DE FLORES
¡Vaya, olvidáis quién sois! ¿Una mujer empapada en sangre habla de pudor?

BEATRIZ
¡Oh, pecado miserable! ¡Ojalá hubiera quedado atada perpetuamente al vivo odio que sentía por Piraquo antes que oír estas palabras! ¡Piensa en la distancia que la creación puso entre tu sangre y la mía, y quédate allí!

DE FLORES
Mirad en vuestra conciencia y leedme en ella. Es un libro sincero en el que me encontraréis a vuestra altura. ¡Vamos! No voléis a vuestra cuna, asentaos en lo que este acto os ha convertido. Ya no sois más vos. Debéis olvidar vuestra condición con respecto a mí. Sois criatura de vuestros actos, habéis perdido vuestra posición anterior y os anuncio que la paz y la inocencia os han abandonado para que los dos seamos uno.

BEATRIZ
¿Contigo, repugnante villano?

DE FLORES
Sí, mi radiante asesina. ¿Queréis provocarme? ¡Aunque te las des de doncella, eres puta de verdad! Trocaste tu primer amor, y eso es ser puta de corazón. Y ahora con el trueque traes a tu segundo, tu Alsemero, a quien, por toda dulzura que jamás la oscuridad probó, tú nunca gozarás si no te gozo yo primero. Destrozaré toda alegría y esperanza de matrimonio. Lo confesaré todo, pues mi vida no valdrá nada.

BEATRIZ
¡De Flores!

DE FLORES
Descansaré en paz libre de todas las plagas del amor. Ahora vivo en el dolor. Ese ojo incitador me quema el corazón hasta convertirlo en ceniza.

BEATRIZ
¡Escúchame!

DE FLORES
¡La que me rechaza en vida, y también en el amor,
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ahora es mi compañera en muerte y humillación!

BEATRIZ
¡Espera! ¡Escúchame de una vez! (Se arrodilla.) Te hago dueño de toda mi riqueza en oro y joyas. Si me dejas ir a mi cama pobre y honrada, seré rica en todo lo demás.

DE FLORES
¡Esto os hará callar! ¡Ni toda la riqueza de Valencia podrá comprar mi placer! ¿Creéis que podéis apartar al destino de su firme propósito con lloros?
¡Antes llórame a mí!

BEATRIZ
¡La venganza ha comenzado!
Al asesinato siguen muchos y peores pecados.
¿Fue, en el útero materno, maldito mi alumbramiento
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para que deba yacer con la víbora primero?

DE FLORES
Venid, levantaos, y sepultad vuestro rubor en mi pecho (La levanta.) El silencio es una de las mejores recetas para el placer. Con tu complacencia encontrarás la paz eterna.
¡Cómo gime la tórtola! ¡Qué pronto vas a querer
aquello que tú creías que ibas a aborrecer!


Acto IV

ESCENA I

(Escena muda en una iglesia del castillo de Alicante.)
(Entran CABALLEROS, VERMANDERO se reúne con ellos y muestra signos de sorpresa por la desaparición de Piracquo. Entran ALSEMERO y JASPERINO, con NOBLES. Vermandero señala a Alsemero y los caballeros asienten. Salen en procesión Alsemero, Jasperino y caballeros. BEATRIZ-JUANA, la novia, les sigue con gran boato acompañada por DIAFANTA y otras MUJERES. DE FLORES va al final, sonriendo. El FANTASMA DE ALONSO se le aparece por sorpresa a De Flores y le enseña la mano a la que le falta un dedo. Toda la comitiva pasa de un extremo a otro con gran solemnidad.)
(Entra BEATRIZ-JUANA.)

BEATRIZ
Ese tipo me ha deshecho para siempre. Jamás hubo novia tan temerosa y desolada. Cuanto más pienso en esta noche, y en quien me va a cubrir entre abrazos, tan noble de sangre y espíritu, tan inteligente - esa es ahora mi maldición - ante cuyo buen juicio mi engaño quedará tan evidente e imposible de ocultar, como los crímenes de los malhechores ante el tribunal, más me hundo en la desolación. ¿Cómo un hombre tan sabio no va a descubrir mi desgracia? No puedo meterme en su cama, haga lo que haga, sin sentir una vergüenza que crecerá hasta tornarse peligrosa. Podría estrangularme mientras yazgo a su lado con toda justicia, por timadora. Es un riesgo jugar con dados falsos ante un contrincante tan astuto. Este es su estudio, y se ha dejado la llave puesta. Está paseando por el parque, seguro que se le olvidó. Me atreveré a mirar. (Abre el estudio.) ¡Dios me bendiga! Parece el estudio de un médico, rodeado de frascos etiquetados. Seguro que estudia medicina para su propia protección, el mejor uso para el conocimiento de un gran hombre. ¿Qué manuscrito es este? “El libro de los experimentos, conocido como los secretos de la naturaleza”. Eso es, es eso. “Cómo saber si una mujer espera un hijo”. ¡Espero que no! ¡Como lo intente! Veamos: folio cuarenta y cinco. Aquí está. Tiene la punta de la hoja plegada. ¡Qué sospechoso! “Si queréis saber si una mujer espera un hijo, dadle dos cucharadas del frasco H! ¿Dónde está el frasco H? ¡Ah! Ahí. Ya lo veo. “Si espera un hijo se quedará dormida doce horas seguidas; si no, no.” ¡Este líquido no entrará en mi vientre! ¡Sabré distinguirte entre cien! Podría romperte o transformarte en leche y engañar al inventor del secreto, pero me conformo con tenerte echado el ojo. ¡Uff! ¡Este es diez veces peor! “Como saber si una mujer es doncella.” ¿Si me hacen esta prueba, qué será de mí? Él confía totalmente en mi pureza, aunque no le he dado fe de ella todavía. Aquí pone: “Un divertido y ligero experimento de Antonio Mizaldo. Dadle a la sospechosa una cucharada del frasco D, y si es doncella tendrá tres reacciones: primero quedará boquiabierta, después empezará a estornudar, y por último reirá incontrolablemente. En caso contrario, se mostrará sosa, torpe y apesadumbrada. ¿Que habría sido de mí si no lo llego a encontrar? Tengo miedo, faltan siete horas para meterse en la cama.

(Entra DIAFANTA.)

DIAFANTA
¡Dios! ¿Señora, estáis ahí?

BEATRIZ
(Aparte.) Ahora que veo a esta mozuela, me viene un truco a la cabeza. Todo se compra con oro, salvo las muy buenas piezas. (A Diafanta.) Ya voy, mozuela, a buscar a mi señor.

DIAFANTA
(Aparte.) ¡Ojalá tuviera derecho a buscarlo yo también! (A Beatriz.) Pues está en el parque, señora.

BEATRIZ
Allí está bien

DIAFANTA
Dejadle que recorra parques y bosques como hacen los grandes soldados. A la hora de comer siempre encuentran algún pequeño hueco donde meterse. Hasta Alejandro el conquistador, a quien el mundo se le quedaba pequeño, encontró su agujero.

BEATRIZ
No tienes ningún pudor, Diafanta.

DIAFANTA
No queréis que se sepa lo que pensáis, señora. Es costumbre de la novia, cuando se acerca la hora de acostarse, hablar de sus alegrías como si no fueran con ella.

BEATRIZ
¿Alegrías? Dirás miedos.

DIAFANTA
¿Miedos, de qué?

BEATRIZ
¿Sois doncella y le habláis a una doncella? ¿No le dais importancia a un asunto tan embarazoso? ¡Maldito sea vuestro corazón!

DIAFANTA
¿Habláis de veras?

BEATRIZ
Pues si hubiera pensado antes en el miedo que iba a tener, preferiría no conocer hombre.

DIAFANTA
¿Es posible?

BEATRIZ
Le daré mil ducados a la mujer que pruebe lo que a mí me da pavor para que me cuente la verdad. Y mañana, cuando haya pasado por ello, si le gustó quizás me atreva.

DIAFANTA
¿Lo decís de verdad?

BEATRIZ
Consigue primero a la mujer y después encárate conmigo a ver si me echo atrás. Pero, por cierto, insisto en que debe ser doncella de verdad o no hay trato, pues no tendría los mismos miedos que yo.

DIAFANTA
La que yo ponga en vuestra manos será doncella, señora.

BEATRIZ
Sino sería mi vergüenza, pues yacerá en mi lugar.

DIAFANTA
¡Qué capricho más raro! ¿Todavía vais en serio? ¿Sois capaz de perderos vuestra primera noche de placer, y encima pagar por ello?

BEATRIZ
Tan deseosa como viva que estoy. (Aparte.) El oro es secundario comparado con la reputación.

DIAFANTA
Yo no sé como está el mundo en cuanto a la fidelidad y el honor que este asunto necesita, pero señora, en cuanto a lo que habéis dicho, no le deis más vueltas. Yo estoy dispuesta a ganarme vuestro dinero.

BEATRIZ
Me temo que sois muy lanzada para ser aún doncella.

DIAFANTA
¡Cómo! ¡Que no soy doncella! ¡Me insultáis, señora! Vuestra persona es tan sincera con vuestros miedos...

BEATRIZ
(Aparte.) Mal asunto.

DIAFANTA
... como yo con mis chascarrillos ligeros.

BEATRIZ
Me alegra oír eso. ¿Te atreverías entonces a hacer pasar tu honestidad por una sencilla prueba?

DIAFANTA
¿Sencilla? Lo que sea.

BEATRIZ
Pues iré directa al grano.

(Se va al estudio.)

DIAFANTA
(Aparte.) ¿No me irá a hurgar como la comadrona de un jurado?

BEATRIZ
El frasco D; este es. Mira, Diafanta, harás lo mismo que yo.

(Lo bebe.)

DIAFANTA
Y lo haré sin preguntar qué es. Lo tomaré.

(Lo bebe.)

BEATRIZ
(Aparte.) Si el experimento fuera cierto, sería digno de alabanza y yo quedaría tranquila. ¡Ya empieza! (Diafanta queda boquiabierta.) ¡El primer síntoma, y pasa al segundo a toda prisa! (Diafanta estornuda.) ¡Qué prueba más admirable! Y a mí, que debería ser quien la pasara, ni me inmuta.

DIAFANTA
¡Ja, ja, ja!

BEATRIZ
Todo, y en el mismo orden específico. Un síntoma da paso al siguiente.

DIAFANTA
¡Ja, ja, ja!

BEATRIZ
¿Qué sucede, mozuela?

DIAFANTA
¡Ja, ja, ja! ¡Siento una tranquilidad de corazón! ¡Ja, ja! ¡Una alegría! ¡Dejadme echarle otro tiento, señora!

BEATRIZ
Mañana tendremos tiempo para sentarnos a disfrutar.

DIAFANTA
Ahora me pongo triste.

BEATRIZ
(Aparte.) ¡Con qué suavidad termina el efecto! (A Diafanta.) Ven, mozuela, o mi muy honesta Diafanta, como me atrevo a llamarte ahora. Debemos estudiar el asunto que llevamos entre manos.

DIAFANTA
Yo lo llevaré bien, porque me gusta la carga.

BEATRIZ
A medianoche no olvides venir sigilosamente mientras yo abandono el lugar.

DIAFANTA
No temáis, señora. Llegaré a buena hora. (Aparte.) ¡Ocupo el lugar de la novia y, encima, con mil ducados! Ahora podré aspirar más alto. Con una buena dote, despreciaré a los pequeños ignorantes.

(Salen.)

ESCENA II

(Entran VERMANDERO y CRIADO.)

VERMANDERO
Te digo, bribón, que mi honor, hasta ahora libre de toda sospecha por no haber motivo para ella, ha sido cuestionado. Una acusación de asesinato llama a las puertas de mi castillo, el asesinato de Piraquo. ¿Qué caballeros míos están ausentes?

CRIADO
Antonio, señor, y Francisco.

VERMANDERO
¿Cuándo se marcharon del castillo?

CRIADO
Hace diez días, señor. Uno hacia Briamata, el otro hacia Valencia.

VERMANDERO
El tiempo que ha pasado les acusa. No puedo dar fe de su ausencia. Una orden de arresto inmediato les perseguirá. He de borrar el estigma o descubrirlo abiertamente. Traedme pruebas aladas con ese propósito.

(Sale criado.) Ya lo veo venir, se me vuelve a atosigar.
(Entra TOMÁS.)

TOMÁS
Os reclamo un hermano.

VERMANDERO
Estáis muy caliente. No le busquéis aquí.

TOMÁS
¡Sí le busco, entre la más querida sangre de vuestra sangre! Si mi tranquilidad no encuentra mayor satisfacción, aquí se me rendirán cuentas por él, pues aquí le dejé, y la premura de esta boda arrebatada da crudo testimonio de su certera destrucción.

VERMANDERO
¡Certera falsedad! La pérdida de su lealtad tiznó mi humillado amor, el honesto amor que le tenía reservado, y burló la felicidad de mi hija. Aquella mañana de preparativos amaneció sonrojada ante su infidelidad. Nos dejó su desprecio y escarnio, arrojado sobre los dolidos amigos que creían en él. ¡Qué innoble, volar inesperadamente de aquí y agraviar a cuantos le querían!

TOMÁS
¿Es esa toda vuestra respuesta?

VERMANDERO
Demasiado bondadosa para alguien de su ralea. Y os advierto que no se os quiere ver más por aquí.

(Sale.)
(Entra DE FLORES.)

TOMÁS
¡Bien está que haya muchas maneras de tomarse venganza! ¡Honesto De Flores!

DE FLORES
Ese es mi nombre. ¿Habéis visto a la novia? Dulce señor, ¿qué camino ha tomado?

TOMÁS
¡Dios bendiga mis ojos para no ver a alguien tan falsa!

DE FLORES
(Aparte.) Mejor me marcho, este hombre no me es grata compañía. Cuanto más me acerco a él, más huelo la sangre de su hermano.

TOMÁS
Acércate, amable y sincero De Flores. Recuerdo que mi hermano bien te quería.

DE FLORES
¡De todo corazón, mi querido señor! (Aparte.) Me siento como si le estuviera matando otra vez, de lo mucho que refresca mi memoria.

TOMÁS
¿Tenéis idea, compañero, pues un amigo honesto tiene instinto para la sospecha, de quién puede ser el culpable?

DE FLORES
Soy tan bondadoso, señor, que jamás pienso de nadie peor que de mí mismo. ¿No habéis visto a la novia entonces?

TOMÁS
Te ruego que no la nombres. ¿Verdad que es una malvada?

DE FLORES
No, mi señor. Una pecadora bonita, accesible y de formas redondas, como tantas otras mujeres vuestras. ¡No vayáis a creer que la estoy alabando! Pero malvadas no, señor, hasta que se hagan tan viejas que la nariz les toque la barbilla y se ganen el título de brujas. Creo que me llaman, señor. (Aparte.) Su compañía me oprime la conciencia.

(Sale.)

TOMÁS
Este De Flores es de corazón honesto. Seguro estoy de que lo sacará a la luz en su debido momento. ¡Oh! Aquí está el glorioso patrón de la fiesta de hoy. No pasará mucho tiempo hasta que nos enfrentemos.
(Entra ALSEMERO.)
¡Señor!

ALSEMERO
¡Sed muy bienvenido!

TOMÁS
Podéis retirar ese saludo. Ni creo que lo sea ni quiero serlo.

ALSEMERO
¡Pues qué extraño que os hayáis abierto camino hasta esta casa!

TOMÁS
¡Ojalá no tuviera motivo para ello! No soy de esos que vienen a daros la enhorabuena y a beberse vuestro vino. ¡Sólo un líquido más preciado aplacará mi sed!

ALSEMERO
Vos y vuestras palabras me resultáis desconocidos.

TOMÁS
Con el tiempo y nuestras espadas nos conoceremos mejor. Esta es la cuestión: yo debería tener a mi hermano ocupando vuestro lugar. He de preguntar a quien hace uso de sus derechos, seguro que injustamente, cómo la traición y la maldad han logrado librarse de él.

ALSEMERO
Responderéis por esas palabras.

TOMÁS
No temáis, mi respuesta estará lista para nuestro próximo encuentro. Que vuestro día siga solemne. ¡Adiós, no os molesto más! Soportaré el dolor con paciencia por un tiempo.

(Sale.)

ALSEMERO
Un conflicto así da mal fario en un día tan señalado. Mi inocencia me consuela;
(Entra JASPERINO)
si no, estaría muy triste. Jasperino, tengo una noticia que darte, una extraña noticia.

JASPERINO
Yo tengo una también, quizás tan extraña como la vuestra. Podría guardármela, para salvaguardar mi fidelidad y amistad con vos. Perdonad un poco mi celo, y permitid que me enfríe.

ALSEMERO
Esto me incita a escucharte y me hace sentirme culpable de tu lentitud.

JASPERINO
A lo mejor todo queda en nada y es sólo un temor de amigo que me asalta, señor.

ALSEMERO
Seguro que todo queda en nada pero, así y todo, compartámoslo.

JASPERINO
Fue Diafanta, mozuela a la que profeso el amor sincero que se merece, quien me dijo que me quedara en la parte trasera de la casa, lugar que elegimos para encontrarnos a solas. Marchó ella un instante y oí la voz de vuestra novia en la habitación de al lado. Y al prestar más atención, reconocí a De Flores hablando más alto que ella.

ALSEMERO
¿De Flores? ¡Te equivocas!

JASPERINO
Pronto cambiaréis de opinión.

ALSEMERO
Te adelanto que su mera presencia es veneno para ella.

JASPERINO
Yo también lo dudaba, pero Diafanta me lo confirmó a su vuelta.

ALSEMERO
¡Diafanta!

JASPERINO
Nos pusimos a escuchar los dos, y oímos palabras que reclamaban favores de una dama.

ALSEMERO
¡Tranquilo, frena tu celo, pues corre peligro tu pecho!

JASPERINO
La verdad está llena de peligros.

ALSEMERO
Estas verdades lo están. ¡Oh, aunque ella fuera la única gloria de la tierra y sus ojos dispararan fuego en el pecho de los reyes, si fuera impura no dormiría aquí! Aunque la noche esté próxima, todavía me queda tiempo para descubrirlo. Y te ruego que no me juzgues por mis arrebatos.

JASPERINO
Nunca se los he tenido en cuenta a un amigo.

ALSEMERO
Bien hecho. Esta llave te conducirá a un misterio admirable. (Le da la llave.) Un astrólogo me dio clases, y yo investigué también. Trae de mi estudio un frasco que lleva la letra D, y no me hagas preguntas.

JASPERINO
¡Allá voy, señor!

(Sale.)

ALSEMERO
¿Cómo encaja todo esto? No hace ni una hora que vino su criada contando los miedos de su señora, la virgen más temerosa que jamás se encogió ante un hombre, y tan pudorosa que me ha pedido entre lágrimas venir a mi lecho totalmente a oscuras.

(Entra BEATRIZ-JUANA.)

BEATRIZ
(Aparte.) Todo va bien. Mi criada ya se prepara para su dulce viaje, que me entristece perderme, por necesidad imperiosa. Si no, pierdo todo lo demás.

ALSEMERO
(Aparte.) Su pudor peregrina hasta su frente, aunque no lo puedo asegurar. (A ella.) ¡Mi Juana!

BEATRIZ
Señor, me he atrevido a lloraros un mensaje. Disculpad mis pudorosos temores.

ALSEMERO
(Aparte.) La paloma no está dócil. La calumnian, sin duda.
(Entra JASPERINO con el tarro.)
¡Ah, ya habéis venido, señor!

BEATRIZ
(Aparte.) ¡El tarro! ¡Por mi vida! Veo la letra.

JASPERINO
Es la D.

ALSEMERO
Lo es.

BEATRIZ
(Aparte.) De mi sospecha.

ALSEMERO
¡Qué bien que haya venido la novia a departir con nosotros!

BEATRIZ
¿Qué es eso, mi señor?

ALSEMERO
Nada que haga daño.

BEATRIZ
Lo siento, mi señor, pero no suelo probar brebajes.

ALSEMERO
Este lo podéis tomar bajo mi total garantía.

BEATRIZ
Temo que me haga enfermar.

ALSEMERO
¡Que Dios lo impida!

BEATRIZ
(Aparte.) Utilizaré mi astucia. Conozco los efectos, así que puedo fingirlos.

(Bebe.)

ALSEMERO
(Aparte.) Esto tiene la virtud secreta de que nunca falla... con una virgen.

JASPERINO
¿Y tiene tres efectos?

(Beatriz-Juana se queda boquiabierta, luego estornuda.)

ALSEMERO
¡Por todas las virtudes! ¡Surte efecto! ¡Funciona!

JASPERINO
¡Qué método más raro para conocer doncella!

BEATRIZ
¡Ja, ja, ja! Me dais una alegría al corazón con la bebida, mi señor.

ALSEMERO
¡No! ¡Tú sí me das una alegría al corazón que jamás se romperá!

BEATRIZ
¿Qué pasa, señor?

ALSEMERO
(A Jasperino.) ¡Ves como ahora regresa la melancolía, siguiendo su orden metódico! (A ella.) ¡Mi Juana! Casta como el aliento del cielo, o como el vientre de la mañana que alumbra un nuevo día. Mi amor, por tanto, te envuelve.

(La abraza. Salen.)

ESCENA III

(Entra ISABEL con una carta y LOLIO)

ISABEL
¡Cielos! ¿Hay luna creciente? ¿El amor se pone tonto y se vuelve loco a la vez? Oye, aquí hay un loco que parece tonto también, un lunático enamorado.

LOLIO
¡No, no el que escribió la carta que traje!

ISABEL
Compara lo de dentro con lo de fuera y cuéntame.

LOLIO
¡Por fuera está loco, ya lo sé, pues lo he probado! (Lee.) “A la reluciente Andrómeda, asistenta jefe del Caballero del Sol, bajo el signo de Escorpio, en las partes bajas de la región, enviado por quien le reparó el clarín a Eolo. Páguese al portador”. ¡Es la locura absoluta!

ISABEL
Ahora fijaos por dentro. (Coge la carta y la lee.) “Dulce señora, habiéndome quitado este engañoso disfraz de loco, me presento ante vuestro mejor juicio como un sincero y fiel enamorado de vuestra belleza.”

LOLIO
¡Más loco aún!

ISABEL
“Si encontráis alguna falta, achacadlo a vuestra perfección, la cual me hace imperfecto. El propio sol a la vez nos ayuda a crecer y nos marchita...”

LOLIO
¡Bribón!

ISABEL
“... forma y deforma, tira abajo y levanta. Llego a vos en invierno desprovisto de todo adorno apropiado. Pero por el dulce esplendor de vuestra alegre sonrisa florezco y vivo enamorado.”

LOLIO
¡Loco granuja!

ISABEL
“No pisoteéis a quien rendirá honores a vuestra generosidad. Afectuosamente... loco, hasta que hable con vos, de quien espero una cura. Vuestro enamorado Francisco.”

LOLIO
Parece que vais a tener para rato. Mi amo y yo podríamos dejarnos el trabajo, pero no creo que podáis curar a tontos y a locos con más rapidez y menor esfuerzo que nosotros

ISABEL
Probablemente no.

LOLIO
Una cosa os diré, señora. Ya veis que conozco vuestras aptitudes. Si me entero de que abrís vuestro negocio para sanar a los enfermos, para mí la tercera parte. Me volveré loco yo también.

ISABEL
El primero serías tú, créelo, Lolio. Si yo caigo...

LOLIO
Yo caigo encima de ti.

ISABEL
Así es.

LOLIO
Pues esperaré de pie a que me toque.

ISABEL
Ahora quiero que me des consejo. ¿Como me las arreglo con ellos?

LOLIO
¿Cuál es el significado de arreglarse con ellos?

ISABEL
Un significado decente. ¿Cómo les trato?

LOLIO
¡Maltrátalos! Así se atonta a los locos y se aloca a los tontos. Y después trátalos con cariño.

ISABEL
¡Qué fácil, así lo haré! ¡Ya verás! La llave de tu armario.

LOLIO
¡Aquí está! Preparaos para ellos, y yo os los dejaré preparados.

(Le da la llave.)

ISABEL
(Sale.) No le prestéis atención más que a la parte de fuera.

LOLIO
Ninguna atención. Os dejo ahí metida a vuestra entera libertad.

(Entra ALIBIO).

ALIBIO
¿Lolio, estás ahí? ¿Crees que saldrá todo perfecto? Mañana por la noche Vermandero nos espera para la solemne clausura.

LOLIO
Sobre todo desconfío de los locos. A los tontos les he dedicado mucho esfuerzo y les saldrá bien.

ALIBIO
No pueden fallar. Cuanto más absurdo es todo, más dedicación hace falta. Así que nada de actitudes bruscas que asusten a las damas. Son muy delicadas, como sabes.

LOLIO
¡No temáis, señor! Mientras estemos allí pendientes con nuestras vergas de toro, ellos serán tan mansos como las señoras.

ALIBIO
Quiero verles ensayar una vez más antes de irme.

LOLIO
Estoy en ello, señor. Vigilad el baile folclórico de los locos y dejadme solo con los otros. No me fío de la tontería de uno o dos que hay por ahí. Les enseñaré, y después ensayarán el baile entero.

ALIBIO
Hacedlo. Yo veré si la música está lista. Por cierto, Lolio. ¿Cómo lleva mi mujer tanta restricción? ¿No se queja?

LOLIO
Así, así. Le gusta estar en casa, pues si no se escaparía. Deberíais darle un poco más de cuerda. La tenéis muy corta.

ALIBIO
¡Que se venga al castillo de Vermandero con nosotros! Eso le valdrá por un mes de libertad.

LOLIO
¿Qué lleváis en la cabeza, señor?

ALIBIO
¿Dónde, Lolio? Yo no veo nada.

LOLIO
Os pido disculpas, señor. Es el pelo. Parecía el asta de un toro joven.

ALIBIO
¡Márchate, granuja! Dejaré la música lista, Lolio.

(Sale Alibio.)

LOLIO
Hacedlo, señor, y yo la bailaré. ¿Tono, dónde estás?

(Entra Antonio.)

ANTONIO
¡Aquí, primo! ¿Dónde estás?

LOLIO
¡Ven, Tono! Los pasos que te enseñé.

ANTONIO
Prefiero cabalgar, primo.

LOLIO
¡A que saco el látigo! ¡No te vas a salir con la tuya! ¡Ponte, presta atención, Tono! ¡Fa, la, la, la, la!

(Baila.)

ANTONIO
¡Fa, la, la, la, la!

(Baila.)

LOLIO
Y ahora haced el honor.

ANTONIO
¿Es esto un honor, primo?

LOLIO
Sí, y complace a vuestra señoría.

ANTONIO
¿El honor se agacha hasta la cintura?

LOLIO
Así lo hace, lo más bajo posible para gente importante como los escuderos y los pequeños terratenientes, pues a ellos les costó mucho ascender. Ahora, de un salto, a bailar.

ANTONIO
¿Un salto después del honor?

LOLIO
Muy apropiado, pues qué es el honor sino un salto, ascender lo más alto y rápido posible, aguantar un palmo o dos, y volver a caer. ¿Te acuerdas de tu figura, Tono?

ANTONIO
¡Sí, cuando veo tu figura me acuerdo de la mía!

(Entra ISABEL vestida de loca.)

ISABEL
¡Hey! ¡Como pisa el aire! ¡Tch, tch, por el otro lado, o se quemará las alas! Aquí abajo hay suficiente cera, Ícaro, para aguantar las dieciocho lunas. ¡Ha ido al suelo, ha ido al suelo! ¡Qué terrible caída! ¡Levántate, hijo de Dédalo de Creta, y caminemos por el laberinto inferior. Yo te daré la pista.

ANTONIO
(A Isabel.) ¡Por favor, prima, déjame en paz!

ISABEL
¿No te has ahogado? Vi que llevabas alrededor de la cabeza un montón de nubes envueltas como un turbante turco. De la espalda te colgaba hasta la cadera un torcido arco-iris camaleónico como una tiara papal. ¡Déjame chuparte el mar de la barriga! ¡Escucha como ruge y retumba en el estrecho! ¡Dios te proteja de los piratas!

ANTONIO
¡Que te parta un rayo! ¡Déjame en paz!

ISABEL
¿Por qué has subido tan alto como Mercurio? ¿Te han prometido que serás su sucesor? ¡Quédate en la luna conmigo, Endimión, y gobernaremos las salvajes y rebeldes olas que querían ahogar mi amor!

ANTONIO
¡Te voy a dar una patada si me vuelves a tocar, payasa deforme! ¡No soy tonto, lunática!

ISABEL
Pero seguro que estáis loco, como yo. Me he puesto este disfraz de demente con un amor tan lleno de furia para engatusar al ojo diestro de la celosía vigilante. ¿Y así se me recompensa?

(Se quita el disfraz.)

ANTONIO
¡Oh! ¡Mi más querida belleza!

ISABEL
¡No! Ahora no soy ninguna belleza, ni jamás lo he sido, salvo por la ropa que llevaba puesta. ¿Enamorado a primera vista? ¡No os acerquéis a mí!
Dejaos puesto el disfraz. No os sienta nada mal.
Vine fingiendo estar loca, y loca estoy de verdad.

(Sale.)
(Entra LOLIO)

ANTONIO
¡Deteneos, o cambiaré de estado y me volveré loco también!

LOLIO
¿Qué pasa, Tono? ¿Qué pasa, tonto?

ANTONIO
¡Qué tonto, guardián de idiotas! ¡Lechuguino! Demasiado he hecho el tonto.

LOLIO
Pues más te conviene hacerte el loco un rato más.

ANTONIO
¡Ya lo estoy, loco de atar! Motivos tengo, y te podrían caer las consecuencias encima. ¡Te pegaría una paliza!

LOLIO
¡No lo hagáis, no lo hagáis! No se lo tolero ni al caballero que hay detrás del tonto. Pude ver a través de vuestra piel de zorro. ¡Vamos, os consolaré! Mi señora os ama, y hay un loco redomado en esta casa, vuestro rival, a quien ella no quiere. Si después del espectáculo la ayudamos a librarse de él, ella dice que os ganaréis su amor, y así el tonto podrá cabalgar con ella.

ANTONIO
¿Puedo creerte?

LOLIO
¡Claro! Pero podéis elegir si hacerlo o no.

ANTONIO
Yo la libraré de él, tengo motivos para pelearme

LOLIO
Pues manteneos en vuestro antiguo estado, y callad.

ANTONIO
(Sale.) Dile que me haré merecedor de su amor.

LOLIO
Y es muy posible que tengáis lo que queréis.

FRANCISCO
(Canta.) “¡La, la, la, la, la, la, la! Y una coz en la frente de Diana, que le rompe el arco.”

LOLIO
Este es otro falso. Le voy a hacer cambiar de humor.
(Saca una carta y lee.)
“Dulce señora, habiéndome quitado este engañoso disfraz de loco, me presento ante vuestro mejor juicio como un sincero y fiel enamorado de vuestra belleza.” ¡Esto está muy bien para ser un loco!

FRANCISCO
¡Ja! ¿Eso qué es?

LOLIO
“Achacadlo a vuestra perfección, que me hace imperfecto”.

FRANCISCO
Me ha descubierto el loco.

LOLIO
Y espero descubrir toda la locura que lleváis dentro antes de acabar con vos. “Vuestro enamorado Francisco”. Este loco se curará, seguro.

FRANCISCO
¿Qué lees, hombre?

LOLIO
Vuestro destino, señor. Os colgarán por esta trampa, y por otra que yo me sé.

FRANCISCO
¿Tu ama confía en ti?

LOLIO
Más que en su delantal.

FRANCISCO
Dame la mano.

LOLIO
¡Esperad! Dejadme que meta lo vuestro en el bolsillo primero. (Se guarda la carta.) Vuestra mano es honesta, ¿verdad? ¿No robará? Le tengo un poco de miedo, pues creo que es mentirosa.

FRANCISCO
Ni una sílaba.

LOLIO
Bien. Si tanto queréis a mi ama para haber llegado hasta aquí, es probable que se os cure la locura.

FRANCISCO
Sólo ella puede curarla.

LOLIO
Pues yo ya no lo intentaré, y que sea ella quien os haga la prueba de orina.

FRANCISCO
Esto por vuestros esfuerzos.

(Le da dinero.)

LOLIO
Espero merecerme más, señor. Mi ama os quiere, pero solicita una prueba de vuestro amor por ella.

FRANCISCO
Eso es lo que más deseo probar.

LOLIO
Eso no sirve. Debéis enfrentaros con su enemigo, que es el vuestro.

FRANCISCO
¡Ya está muerto!

LOLIO
¿Cómo decís eso, si acabo de despedirme de él?

FRANCISCO
¡Mostradme quién es!

LOLIO
Ahora vamos por el buen camino. Primero hay que verle antes de matarle, y no hay que ir muy lejos tampoco. Es un tonto con pinta de idiota que ronda a la casa y a mi ama. Dadle una buena tunda a su traje de tonto y quedaréis muy bien.

FRANCISCO
¡Paliza, paliza!

LOLIO
Pero esperad hasta que acabe el espectáculo, y si no le veis en el baile, yo os mostraré quien es. ¡Entrad, entrad! ¡Mi amo!

FRANCISCO
Lo maneja como a una pluma. ¡Ah!

(Sale bailando.)
(Entra Alibio.)

ALIBIO
¡Bien hecho! ¿Estás listo, Lolio?

LOLIO
¡Sí, señor!

ALIBIO
¡Vamos, entonces! Tráelos aquí dentro, Lolio. Suplícale a tu ama que venga a verlo.
(Sale Lolio.)
¿No hay manera de hacerse cargo del patrimonio de un tonto incurable? Tengo amigos influyentes.

LOLIO
(Desde dentro.) Ya os tengo uno que se lo merece también.

ALIBIO
¡Buen chico, Lolio!
(Entra ISABEL, después LOLIO con los locos y los tontos que, a continuación, se ponen a bailar.)
¡Perfecto!
25
Sólo falta que ellos bailen al ritmo de la canción
y obtendremos un buen premio a nuestra dedicación.

(Salen.)

Acto V

ESCENA I

(Entra BEATRIZ-JUANA. Un reloj da la una.)

BEATRIZ
¡Una campanada, y aún yace ahí enganchada! ¡Ay, mis miedos! Esa fulana busca su propio beneficio, queda claro. Devora con gran placer y apetito, sin importarle mi honor o mi tranquilidad, y vulnera mi derecho. Pero pagará por ello. Con el secreto que guarda no se puede respetar la vida de quien no mantendrá su palabra, pues no sabe controlarse. Además, sospecho de su fidelidad hacia mí, pues de mí sospechaba mi señor, quizás por culpa suya. ¡Horror! Otro reloj da las dos.

(Dan las dos.)
(Entra DE FLORES.)

DE FLORES
¡Psst! ¿Dónde estáis?

BEATRIZ
¿De Flores?

DE FLORES
¿No ha vuelto todavía?

BEATRIZ
Como alma viva que soy, no.

DE FLORES
Seguro que el diablo la ha sembrado de picores. ¿Quién se puede fiar de una sirvienta?

BEATRIZ
¡De alguien me tendré que fiar!

DE FLORES
¡Bah! Son salvajes, sobre todo cuando caen sobre sus amos y se comen el primer manjar de sus señoras. ¡Son cachorras trastornadas! ¡Pero no se les puede impedir que salgan de caza real! ¡Sois tan briosa y tan basta! ¡No pedís consejo! Yo os podría haber ayudado con la hija del boticario, que antes de las once habría acabado y encima dándoos las gracias.

BEATRIZ
¿Aún no sale? Esa puta se pierde

DE FLORES
¡Le va bien a la bandida! Mirad, estáis deshecha. ¡Y la estrella del nuevo día se acerca! Veo a Fósforo a lo lejos

BEATRIZ
Asesoradme para dar comienzo a un cataclismo. No me puedo fiar de nadie más.

DE FLORES
¡Calma, ya lo tengo! Despertemos a todo el mundo. No hay más remedio.

BEATRIZ
¿Cómo? ¡Ten cuidado!

DE FLORES
¡Y tú cállate o claudico!

BEATRIZ
¡No, te lo ruego! Eso sería mi fin.

DE FLORES
Este es mi plan. Prenderé fuego a una parte de la habitación de Diafanta.

BEATRIZ
¿Cómo? ¿Fuego? Peligrará toda la casa.

DE FLORES
¿Hablas de peligro cuando tu fama está en llamas?

BEATRIZ
Es verdad. Haz lo que tengas que hacer.

DE FLORES
Apunto hacia el mayor éxito, que nos dará una seguridad de muerte. Que se prenda fuego la chimenea y algún que otro paquete inofensivo de su alcoba. Si por casualidad encuentran a Diafanta lejos de allí, lo cual sería sospechoso, pensarán que el susto y el miedo la hicieron buscar socorro. Si no la ven ni la encuentran, que será lo más probable, avergonzada se dirigirá a su alcoba. Allí la estaré esperando con un mosquetón como si, muy apropiadamente, yo fuera a desatascar la chimenea. Pero el objetivo será ella.

BEATRIZ
Ahora me siento forzada a quererte por todo lo que haces para salvaguardar mi honor.

DE FLORES
¡Por Dios! ¡Nos afecta a los dos, a nuestra seguridad, placer y futuro!

BEATRIZ
Una cosa más, te lo ruego. ¿Qué pasa con los criados?

DE FLORES
Yo los mandaré de aquí para allá a toda prisa con cubos de agua, escaleras y ganchos. No temáis. Todo a su debido tiempo. Ya he pensado en un lugar seguro para el cadáver. ¡Hay que ver como el fuego purifica mi ingenio! ¡Esforzaos por entrar al pie!

BEATRIZ
El miedo tiene a mi alma en vilo; no puedo quitármelo de la mente.

(Entra el FANTASMA DE ALONSO.)

DE FLORES
¡Ja! ¿Quién eres tú para no dejar pasar la luz que hay entre esta estrella y yo? No te temo. Una tenue calima de conciencia. Ya despeja.

(Sale.)

BEATRIZ
¿Quién es ese, De Flores? ¡Que Dios me bendiga! Pasa de largo.
(Sale el fantasma.)
Algún estigma ronda esta casa y me deja un sudor frío. Tengo miedo. ¡Qué noche tan tediosa! ¡Ay, esa fulana! ¡Aunque tuviera mil vidas, le haría seguir hasta saciarlas todas! ¡Escuchad, qué horror! ¡El reloj de la iglesia da las tres, por San Sebastián!

(Se oyen tres campanadas.)

VOCES DESDE DENTRO
¡Fuego, fuego, fuego!

BEATRIZ
¿Ya? ¡Qué inusual velocidad la de este hombre! ¡Con qué dedicación me presta servicio! Su cara es odiosa, pero si una se fija en sus atenciones, ¿quién no se enamora de él? Ni el amanecer es tan bello como su servicio.
VOCES DESDE DENTRO ¡Fuego, fuego, fuego!

(Entra DE FLORES; CRIADOS pasan por delante, suena una campana.)

DE FLORES
¡Vamos! ¡Por ahí! Ganchos, cubos, escaleras; muy bien. La campana suena, la chimenea no tira, y yo a cumplir con mi misión. Ya está listo el mosquetón.

(Sale.)

BEATRIZ
¡Es un hombre al que vale la pena amar!
(Entra DIAFANTA.)
¡Ay, sois una joya!

DIAFANTA
Perdonad la debilidad, señora. Me encontraba tan bien que se me ha olvidado todo.

BEATRIZ
Habéis hecho un buen trabajo

DIAFANTA
¿Cómo?

BEATRIZ
Id veloz a vuestra alcoba. Os espera la recompensa.

DIAFANTA
¡Jamás hice tan buen negocio!

(Sale.)
(Entra ALSEMERO.)

ALSEMERO
¡Oh, mi dulce Juana! ¿También te has levantado? Hacia aquí me vine, mi gran tesoro.

BEATRIZ
Al echarte en falta, no tuve otra opción que seguirte.

ALSEMERO
¡Eres todo dulzura! El fuego no es tan peligroso.

BEATRIZ
¿Eso creéis, señor?

ALSEMERO
No tiembles, te lo ruego. Créeme, no lo es.

(Entran VERMANDERO y JASPERINO.)

VERMANDERO
¡Dios bendiga a mi casa y a mí!

ALSEMERO
¡Mi señor, vuestro padre!

(Entra DE FLORES con un mosquetón.)

VERMANDERO
¿Dónde vas con el mosquetón?

DE FLORES
A desatascar la chimenea.

(Sale.)

VERMANDERO
¡Bien hecho, bien hecho! Ese tipo es bueno en todo.

BEATRIZ
Siempre está cuando se le necesita, padre.

VERMANDERO
Tiene buena cabeza. Vale por todos los demás. Y es perro viejo con los incendios de las casas. Más de una vez le he visto chamuscarse. (Se oye un disparo del mosquetón.) Ahí va.

BEATRIZ
(Aparte.) ¡Ya está!

ALSEMERO
Vente a la cama ahora, cariño, o vas a coger el frío.

BEATRIZ
El miedo me lo ha quitado. Mi corazón no descansará hasta que sepa como está mi pobre Diafanta. ¡Es su alcoba, señor, su alcoba!

VERMANDERO
¿Cómo habrá empezado el fuego allí?

BEATRIZ
Jamás hubo mujer con mejor corazón, pero en su cuarto es descuidada y holgazana. Ya se ha librado dos veces por los pelos.

VERMANDERO
¿Dos veces?

BEATRIZ
Dos, señor, sí.

VERMANDERO
Estas fulanas dormilonas son un peligro para la casa; no traen nada bueno.

(Entra DE FLORES.)

DE FLORES
¡Pobre virginidad! ¡Qué cara te ha costado!

VERMANDERO
¡Dios nos bendiga! ¿Qué pasa?

DE FLORES
Lo que habréis imaginado. Diafanta ha muerto quemada.

BEATRIZ
¡Mi criada! ¡Oh, mi criada!

DE FLORES
Ahora las llamas se ceban con ella. ¡Quemada, quemada, quemada hasta la muerte!

BEATRIZ
¡Ay, mi alma agorera!

ALSEMERO
No derrames ni una lágrima más; te lo pido por ese último abrazo que te di en la cama antes de que esto nos levantara.

BEATRIZ
A ti me debo ahora. Ni aunque fuera mi hermana derramaría una lágrima más.

(Entra un CRIADO.)

VERMANDERO
¿Ahora qué pasa?

CRIADO
Una vez conjurado el peligro podéis regresar a vuestros aposentos, señores. El fuego está totalmente apagado. ¡Ay, pobre mujer, qué pronto se ha consumido!

BEATRIZ
¡De Flores, entierra lo que quede de ella y todos le guardaremos luto! Le concedo ese honor a mi criado incluso antes que a mi propio señor.

ALSEMERO
¡Tú da órdenes, dulzura mía!

BEATRIZ
¿Quién de vosotros avistó el fuego primero?

DE FLORES
Fui yo, señora.

BEATRIZ
¿Y tanto te esforzaste por apagarlo? ¡Doble mérito! ¡Que sea bien recompensado!

VERMANDERO
Lo será. De Flores, te presentarás ante mí.

ALSEMERO
Y ante mí, señor.

(Salen todos menos De Flores.)

DE FLORES
¿Recompensado? ¡Preciosa, llegas más lejos que yo!
Cuando hay un enfrentamiento, sea físico o mental,
siempre será la mujer la que dé el golpe final.

ESCENA SEGUNDA

(Entra TOMÁS.)

TOMÁS
Ya no puedo saborear los placeres de la vida con las mismas ganas que antes. No me fío de ningún hombre, y me tomo las muestras de afecto como si fueran de amistad sangrienta y traidora. Al no saber contra quién dirigir mi odio, pienso que todos son villanos, y al que encuentro lo tomo por el asesino de mi muy querido hermano. ¡Eh! ¿Ese quién es?
(Entra DE FLORES y cruza el escenario.)
¡Ah! El tipo al que algunos llaman el honrado De Flores. Pero muy necesitada estaría la honradez si buscara aquí alojamiento, como si una reina hiciera de una leprosería su palacio. Esa cara y yo somos de opuesta naturaleza. Aprovecharía la menor provocación para atacarle. Pero es tan horrendo, que si le tocara con una espada apreciada por mí tendría que rendir cuentas por ella. Esa inmundicia mortal envenenaría cualquier espada que le hiciera sangrar, y no podría volver a usarla en combate siendo honrado caballero. La tiraría al río para que se la tragaran las aguas y ningún hombre la encontrara. ¿Cómo, otra vez?
(Entra DE FLORES.)
Me pasa al lado a propósito para ahogarme, para envenenarme la sangre.

DE FLORES
¡Mi muy apreciado señor!

TOMÁS
¡Te aprestas a acercarte y echarme el aliento!

(Le golpea.)

DE FLORES
¡Un golpe!

(Desenfunda la espada.)

TOMÁS
¡Sí! ¿Ya vienes dispuesto? Prefiero morir por tu espada, como un soldado, que por tu veneno, como un político.

(Desenfunda.)

DE FLORES
¡Esperad, mi señor, vos sois honesto!

TOMÁS
¡Y los esbirros que envenenan son cobardes!

DE FLORES
(Aparte.) No puedo atacarle. Veo como las heridas de su hermano vuelven a sangrar reflejadas en sus ojos como en una bola de cristal. (A Tomás.) No lo pongo en duda, sé que sois noble. Tomo esta afrenta con agradecimiento, como un sensato abogado que la acepta por venir de la mano que la hizo.
(Aparte.) ¿Por qué él, que ayer se mostraba tan inusualmente afectuoso conmigo? ¡Ay, pero el instinto es de muy sutil variedad! La culpa no debe pasearse por aquí. Me ha pasado muy de cerca.

(Sale.)

TOMÁS
Renuncio para siempre a toda relación con la humanidad hasta que encuentre al asesino. Ni siquiera guardaré la cortesía más elemental, porque en el estado de ignorancia en el que vivo, un hermano puede saludar al asesino de su hermano y desearle lo mejor al peor villano.

(Entran VERMANDERO, ALIBIO E ISABELA.)

VERMANDERO
¡Noble Piraquo!

TOMÁS
Os ruego que sigáis vuestro camino, señor. Nada tengo que decir.

VERMANDERO
¡Que el consuelo os bendiga, señor!

TOMÁS
Ya he jurado no hacer cumplidos, señor. Como sois un mero hombre, no tengo buenos deseos para vos ni para ninguno de aquí.

VERMANDERO
Salvo que estéis tan enamorado de la tristeza que no deseéis separaros de ella bajo ninguna circunstancia, os traemos unas noticias que os hará recibirnos con alborozo

TOMÁS
¿Qué noticias pueden ser esas?

VERMANDERO
No arrojéis una sonrisa despectiva sobre el fervor que os traigo; se merece algo mejor, señor. No protegeré de la ley, ni de vuestra justa venganza, a dos de los mejores hombres que siempre tuve a mi lado.

TOMÁS
¡Oh!

VERMANDERO
Agradecedle a quienes les desenmascararon que le den esa satisfacción a vuestra paz de espíritu.

TOMÁS
Si me traéis esa paz, decid la manera en la que puedo disculparme por mi desdeñosa sonrisa. La corregiré con una reverencia digna de un altar sagrado.

(Se arrodilla.)

VERMANDERO
¡Buen señor, levantaos! (Le levanta.) Ahora os excedéis con una mano por lo que os quedasteis corto con la otra. ¡Habla, Alibio!

ALIBIO
Mi esposa se fija mucho, y tuvo la suerte de descubrir, de averiguar, que en nuestro hospicio de tontos y locos se habían colado dos farsantes con estos disfraces. Sus nombres, Francisco y Antonio.

VERMANDERO
Los dos son hombres míos, señor, y no intercedo por ellos.

ALIBIO
Y la sospecha que despierta su atuendo es que iban disfrazados el mismo día del asesinato.

TOMÁS
¡Bendita revelación!

VERMANDERO
¡Hay más, hay más, señor! No me quedaré atrás en el camino hacia la justicia. Los dos fingieron un viaje a Briamata y así obtuvieron mi permiso para marchar. Abusaron de mi confianza.

TOMÁS
El tiempo es demasiado precioso para perderlo ahora. Me traéis una paz que las riquezas de cinco reinos no podrían conseguir.
Sed mi guía más dichoso, pues les tengo mucha sed.
30
Un relámpago sutil sobre ellos va a caer
Y el tuétano de sus huesos yo mismo lo fundiré.

(Salen.)

ESCENA III

(Entran JASPERINO y ALSEMERO tras haber visto algo sospechoso en el jardín.)

JASPERINO
Vuestra desconfianza ya tiene fundamento. Lo que hemos visto en el jardín nos demuestra lo suficiente para sospechar.

ALSEMERO
La negra máscara que llevaba puesta condenaba su feo rostro antes de verlo. El desprecio que ella sentía por él no tenía fin.

JASPERINO
Ponedlo a prueba entonces. No daréis con la úlcera si usáis una sonda superficial. Y temo que la encontraréis llena de ponzoña. Así que os dejo. Se ha citado oportunamente con vos para dar un paseo una vez salga por la puerta trasera cuando él se marche.

(Sale Jasperino.)

ALSEMERO
¿Tan triste golpe hubo de darme el destino ante mi primera visión de una mujer? Aquí está.

(Entra BEATRIZ-JUANA.)

BEATRIZ
¡Alsemero!

ALSEMERO
¿Cómo os va?

BEATRIZ
¿Cómo me va? ¿Cómo os va? No tenéis buen aspecto.

ALSEMERO
Me leéis bastante bien. No estoy bien.

BEATRIZ
¿No estáis bien, señor? ¿Está a mi alcance que os pongáis mejor?

ALSEMERO
Sí.

BEATRIZ
Si es así, ya estáis curado.

ALSEMERO
Os ruego que me aclaréis una cuestión.

BEATRIZ
Si puedo.

ALSEMERO
Nadie puede tanto como vos. ¿Sois honesta?

BEATRIZ
¡Ja, ja, ja! ¡Vaya pregunta más basta!

ALSEMERO
La respuesta no es pudorosa, mi señora. ¿Os reís? Albergo serias dudas.

BEATRIZ
Es la inocencia que sonríe, y ningún ceño fruncido podrá quitarle el lunar de la mejilla. ¿Si yo forzara un llanto que llenara el cielo de lágrimas, creeríais más en mi palabra?

ALSEMERO
Sería la misma hipocresía, con un tono más sombrío pero de igual materia. Ni tus sonrisas ni tus lágrimas me conmoverán o halagarán hasta hacerme cambiar de opinión. ¡Eres una puta!

BEATRIZ
¡Qué sonido tan horrendo! Destruye la belleza y la transforma en fealdad. Con ese aliento abofetea al rostro hacia la deformidad. ¡Oh! Habéis destrozado algo que nunca podréis reparar.

ALSEMERO
Lo demoleré todo para sacaros la verdad, si es que os queda algo de verdad. ¡Que tu dulce lengua evite que te arranque el corazón! ¡Sólo así ahuyentaré y disiparé mis sospechas!

BEATRIZ
¡Adelante, señor, tenéis fácil el camino! Pero os pido, por favor, que me enseñéis el terreno donde perdisteis vuestro amor para que mi virtud inmaculada lo pisotee antes de morir.

ALSEMERO
¡No tenéis respuesta! No os podéis tener en pie sobre ese terreno, pues caeríais bajo toda su gracia y bondad en cuanto posarais vuestro lascivo pie en él. Había una máscara sobre ese astuto rostro que os sentaba bien, pero ahora la impudicia cabalga sobre él. ¿A qué viene, si no, esa tierna reconciliación con vuestro despreciado y rencorosamente odiado De Flores? Era el orzuelo de vuestro ojo, y ahora es vuestro hombro de apoyo, vuestro beso de santo.

BEATRIZ
¿Es esa la acusación?

ALSEMERO
Peor aún. ¡Es vuestra endiablada lascivia, vuestro adulterio!

BEATRIZ
¡Vos teníais que ser quien le convirtiera en villano!

ALSEMERO
¡Diafanta, el pecho que os dio consejo, fue testigo!

BEATRIZ
¡Y vuestra testigo está muerta!

ALSEMERO
Es de temer que pagó el precio por lo que sabía. ¡Pobre alma, poco tiempo vivió tras descubrirlo!

BEATRIZ
Pues escuchad una historia no menos terrible que la que cautiva a vuestra falsa sospecha. Ante vuestro escándalo de cama yo proclamo mi inocencia, que quedará demostrada por un negro acto culpable: ¡vuestro amor me ha convertido en una cruel asesina!

ALSEMERO
¡Ja!

BEATRIZ
Y sangrienta. Por vuestro amor besé veneno, acaricié a una serpiente odiosa que no me merecía ninguna atención, y al querer él merecer mi atención, le hice asesinar al inocente Piraquo, pues no tenía mejor medio para asegurarme de la peor manera que seríais mío.

ALSEMERO
Todo este lugar lleva desde entonces clamando venganza. Ya al principio me atemorizó aquel templo donde la sangre caliente y la belleza se declararon por vez primera una profana devoción, aplastando a la auténtica religión. Me dio miedo entonces, y ahora clama venganza. ¡Qué deforme eres!

BEATRIZ
No olvidéis, señor, que todo fue por vuestro amor. ¿Cuánto más grande el esfuerzo, menor la bienvenida?

ALSEMERO
Tendrías que haberte apartado mil leguas antes que cruzar este peligroso puente de sangre. Ha sido nuestra perdición.

BEATRIZ
Recordad que me mantengo fiel a vuestra cama.

ALSEMERO
La cama es un osario y la sabana una mortaja para esqueletos asesinados. Debo reflexionar antes de decidir qué hacer. Mientras tanto, sólo serás mi prisionera. ¡Entra en mi alcoba!
(Sale Beatriz-Juana.)
Yo seré tu guardián. ¡No sé por dónde empezar esta triste historia!
(Entra DE FLORES.)
Este tipo me ha dado el pie. ¡De Flores!

DE FLORES
¿Noble Alsemero?

ALSEMERO
Os daré una noticia, señor. Mi esposa se os encomienda.

DE FLORES
¡Sí que es noticia, mi señor! Creo que me encomendaría al patíbulo si pudiera, de lo mucho que me quiere. Os lo agradezco.

ALSEMERO
¿Qué sangre lleváis en la camisa, De Flores?

DE FLORES
¿Sangre? ¡No! Si se ha lavado dos veces desde entonces.

ALSEMERO
¿Desde cuándo, hombre?

DE FLORES
Desde que el otro día me dieron en la escuela de esgrima. Creí que se había quitado.

ALSEMERO
Casi os la habéis quitado, pero aún se percibe. Se me olvidaba el recado. ¿A cuánto se cotiza el asesinato?

DE FLORES
¿Cómo, señor?

ALSEMERO
Os lo pregunto, señor, porque mi esposa me dice que está en deuda con vos por un valiente y sangriento golpe vuestro que le cayó a Piraquo de su parte.

DE FLORES
¿Que le cayó? ¡Que le atravesó! ¿Lo ha confesado?

ALSEMERO
¡Tan claramente como la muerte y otras cosas que os esperan a los dos!

DE FLORES
No puede haber mucho más. Pero algo sí que hay: ¡es una puta!

ALSEMERO
No tengo más opción que estar de acuerdo. ¡Astutos diablos! ¿Cómo puede un ciego distinguiros de los bellos santos?

BEATRIZ
(Desde dentro.) ¡Miente! ¡El villano me calumnia!

DE FLORES
Dejadme llegar hasta ella, señor.

ALSEMERO
Sí, acabarás con ella. ¡Silencio! ¡Lágrimas de cocodrilo! ¡Ya te oímos! ¡Coge a tu presa! ¡Métete a por ella!
(Sale De Flores.)
Ahora soy vuestro celestino. Ensayad otra vez vuestra escena de pasión para que salga perfecta cuando la representéis ante el negro público cuyos aullidos y rechinar de dientes serán vuestra música. Abraza libremente a tu adúltera. Será la guía que te lleve hacia el Mare Mortuum, donde te hundirás hasta el fondo.

(Entran VERMANDERO, ALIBIO, ISABEL, TOMÁS, FRANCISCO y ANTONIO.)

VERMANDERO
¡Oh, Alsemero, tengo algo que os asombrará!

ALSEMERO
¡No, señor! Yo tengo algo que os asombrará.

VERMANDERO
Tengo sospechas que son casi pruebas del asesinato de Piraquo.

ALSEMERO
Señor, tengo pruebas más allá de toda sospecha del asesinato de Piraquo.

VERMANDERO
Os ruego que me escuchéis. Estos dos llevan disfrazados desde que el crimen se cometió.

ALSEMERO
Yo tengo otros dos aún más disfrazados de lo que puedan estar los vuestros desde que el crimen se cometió.

VERMANDERO
¡Escuchadme! Son mis propios criados.

ALSEMERO
¡Escuchadme! Dos más próximos a vos que vuestros criados les absolverán y probarán su inocencia.

FRANCISCO
Eso se podrá hacer fácilmente, señor.

TOMÁS
¡Cómo dais tantos rodeos a mi causa con vuestro retraso! La urgencia de mi sangre reclama rapidez. Dadme un hermano vivo o muerto. Si vivo, con una esposa para él. Si muerto, con una compensación por asesinato y adulterio.

BEATRIZ
(Desde dentro.) ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!

ALSEMERO
¡Oíd, va por vos!

DE FLORES
(Desde dentro.) Yo os acompañaré.

BEATRIZ
(Desde dentro.) ¡Ah! ¡Ah!

VERMANDERO
¿Qué horrendo sonido es ese?

ALSEMERO
¡Salid de ahí, gemelos del mal!

(Entra DE FLORES, que trae a BEATRIZ-JUANA herida.)

DE FLORES
Aquí estamos. Si tenéis más que decir, hablad deprisa. No os daré audiencia después. Aún me mantengo tan fuerte, creo, como esta costilla rota de la humanidad.

VERMANDERO
Ni una horda de enemigos que entrara en mi fortaleza me sorprendería tanto. ¡Juana! ¡Beatriz-Juana!

BEATRIZ
¡Oh! ¡No os acerquéis, señor, que os mancharé! Soy la sangre que os extrajeron para cuidar vuestra salud. No os lo penséis más, arrojadla al suelo sin consideración y que las vulgares cloacas la despojen de toda distinción. Bajo las estrellas, de este meteoro (alude a De Flores) colgó mi destino y otras cosas corrompibles. ¡No pude arrebatárselo! Mi odio profetizó lo que vendría a continuación, pero nadie lo creyó. Mi honor cayó con él, como ahora cae mi vida. Alsemero, soy extraña a tu cama engañada en la noche nupcial; por eso murió tu falsa cónyuge.

VERMANDERO
¡Diafanta!

DE FLORES
Sí, y mientras tanto, yo jugaba a las prendas con vuestra pareja hasta que la despojé de todas ellas camino del infierno.

VERMANDERO
¡Donde estamos ahora todos, pues hasta aquí llega!

DE FLORES
Yo amé a esta mujer pese a su corazón, y gané su amor asesinando a Piraquo.

TOMÁS
¡Ah! ¡El asesino de mi hermano!

DE FLORES
Sí, y el precio de su honor fue mi recompensa. Por nada le doy gracias a la vida salvo por esa delicia. Fue tan dulce para mí que me la bebí toda sin dejar ni una gota para brindar con nadie.

VERMANDERO
¡Horrendo villano! ¡Que quede vivo para poderle torturar!

DE FLORES
¡No! ¡Os detendré! ¡Aquí está aún mi navaja! ¡Sólo queda un hilo (se apuñala) y ya está cortado! ¡Date prisa, Juana, por la muestra que te he dado! No habrás olvidado, hace poco te lo dije, que no me iría dejándote atrás!

(Muere.)

BEATRIZ
¡Perdóname, Alsemero! ¡Todos, perdonadme! ¡Es hora de morir cuando da vergüenza vivir!

(Muere.)

VERMANDERO
¡Oh, la mano divina ha escrito mi nombre en un libro donde jamás se había leído hasta este fatal momento!

ALSEMERO
¡Que se borre! ¡Que se pierda en vuestro corazón! ¡Que nunca se os eche en cara ni se cuente una historia de deshonor a espaldas de vuestra vida! La justicia ha golpeado al culpable, y el inocente queda libre de sospecha por aclamación para ser feliz de nuevo. Señor, sed consciente de lo que ha hecho la verdad. Es el mejor consuelo que vuestro pesar puede encontrar.

TOMÁS
Señor, quedo satisfecho. Mis ofensas yacen muertas ante mí. Ya no puedo pedir más, salvo que mi alma flotara en el limbo y pudiera alcanzar a esos negros fugitivos que han huido de aquí para tomarme una segunda venganza. Pero en el más allá hay otros odios tan intensos como el mío que les llenarán de terror.

ALSEMERO
¡Que cuerpo más opaco tiene la luna que cambió sobre nosotros por última vez! Aquí se troca la belleza por la puta fealdad, la obediencia servil por el patrón de los pecados, el imperioso asesinato. Yo, un supuesto marido, troqué abrazos con la indecencia, pero ya he pagado por eso. (A Tomás.) Vuestro trueque también ha llegado, odio ignorante por sabia amistad. ¿Hay alguno más?

ANTONIO
Sí, señor. Yo he trocado también el pequeño burro que era por el gran tonto que soy. Y me podrían haber cambiado la cabeza de sitio en el patíbulo, pero sabéis que mi inocencia me disculpa.

FRANCISCO
Yo troqué un poco de sensatez por la locura absoluta, casi por los mismos motivos.

ISABEL
(A Alibio.) A ti aún te queda por cambiar, y deberías hacerlo. ¡Eres un petimetre celoso a cargo de una escuela de locos que enseña a sus alumnos a que le pongan los cuernos!

ALIBIO
Ya lo veo todo claro, esposa, y cambiaré para ser un marido mejor y para no tener alumnos que sean más listos que yo.

ALSEMERO
(A Vermandero.) Señor, todavía os queda el servicio de un hijo vivo. ¡Por favor aceptadlo! ¡Que el pesar que os sale por los ojos también salga de vuestro corazón!
Hombre y pesar, ante la tumba se han de separar.

E P Í L O G O

ALSEMERO
Solamente uno a otro podemos ya consolarnos
poniendo punto y final a esta tristeza entre hermanos.
35
Secar los ojos del padre con lloros sobre su hija
jamás será buen consuelo, pues siempre los multiplica.
Sólo con vuestras sonrisas nos haréis sentirnos vivos
a hermano que encuentra hermano, a padre que encuentra hijo.
Si brotan esas sonrisas, la tristeza ha concluido .

T E L Ó N